Última actualización 22/10/2009@08:08:02 GMT+1
Por Enrique de Vicente
La película 2012 viene a avivar el fuego del interés popular por lo que pueda ocurrir a finales de ese año, cuando finaliza abruptamente el calendario maya.
Antes de que comenzase a hablarse del mismo, el antropólogo Terence McKenna ya había apuntado a esa fecha como punto culminante de un proceso evolutivo que nos conduciría hacia un despertar cósmico.
Tanto sus transformadoras experiencias con sustancias «lucidógenas» en la Amazonía, como sus estudios sobre las tablas temporales, le convencieron hace dos décadas de que la civilización humana ha venido atravesando varios ciclos evolutivos, que se aceleran progresivamente. El primero, de unos 4.300 años, desde el inicio de las primeras ciudades hasta el comienzo de la civilización moderna. Otro de 384 años, hasta el alba de la era atómica. Un tercero, de 67 años, que ahora está finalizando. Y nos quedaría un ciclo de 384 días, que tendrá lugar en algún momento entre 2011 y 2012.
Según su hipótesis Onda de Tiempo Cero, en los últimos 6 días de ese período final se producirán más mutaciones o cambios que en el conjunto de la historia humana. Durante los últimos 135 minutos del mismo, algunos humanos cruzarán 18 grandes barreras, comparables al logro de la inmortalidad física. Está convencido de que 13 de esas barreras las atravesaremos en los 13 postreros segundos de esas prodigiosas últimas dos horas en la evolución humana… Pero, ¿qué ocurrirá después?
A esta pregunta contesta Peter Russell, quien ha detallado la aceleración exponencial de los más diversos procesos sobre este planeta. Piensa que ésta nos conducirá, en breve plazo, a una situación insostenible, enfrentándonos a cambios dramáticos. Si bien éstos podrían desembocar en situaciones involutivas o destructivas, él está convencido de que nos encamina hacia el acceso a un estado superior de conciencia por parte de una minoría suficiente de personas. Estaríamos, pues, a las puertas de un gran salto evolutivo, sólo comparable a la aparición de la vida sobre este planeta. Y en este proceso podrían estar jugando un importante papel las circunstancias cósmicas excepcionales a las que estaría siendo sometido el sistema solar, según diversos investigadores.
Esto puede parecernos una fantasía utópica, pero es preferible a dejarnos llevar por las circunstancias y por el alarmismo catastrofista, pues implica la necesidad de pensar, sentir y actuar de forma positiva a favor del cambio interior y exterior.