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Hemeroteca :: 01/11/2009
12/27
Geografía mágica

Sorprendentes hallazgos en el conjunto megalítico de esta localidad malagueña

Última actualización 20/11/2009@09:32:29 GMT+1
Paco González
Nadie duda de que Menga, Viera y El Romeral forman uno de los conjuntos mejor valorados de la cultura del megalitismo. Pero pocos afirmarían que su relevancia es comparable a la de, por ejemplo, Stonehenge. Sin embargo, los interrogantes que despierta este enclave malagueño son tanto o más fascinantes. Es ahora cuando comenzamos a atisbar que sus misteriosos constructores disponían de una tecnología sorprendente, y que sus ojos, además de a la fértil tierra que les rodeaba, miraban hacia las estrellas, buscando, quizá, a la Diosa Madre que sembró las semillas de su civilización.
Centro de la comarca que lleva su nombre, la localidad malagueña de Antequera está situada en un enclave de enorme importancia estratégica, ya que en ella confluyen las principales vías de comunicación entre las capitales andaluzas. Con algo más de 45.000 habitantes, dispone de un espléndido patrimonio artístico y cultural que, lamentablemente, se ha visto oscurecido por la mayor atracción turística que ejercen ciudades próximas como Granada, Córdoba, Sevilla y Málaga. Sin embargo, hasta el visitante más exigente verá colmadas sus expectativas si emplea parte de su tiempo en recorrer esta localidad y sus bellos y misteriosos alrededores.
CIUDAD DE IGLESIAS BLANCAS
Lo primero que llama la atención, una vez hemos emprendido el camino entre sus calles, es comprobar por qué, popularmente, se asegura que Antequera tiene más iglesias que ninguna otra ciudad de España, impresión que probablemente compartiera el célebre escritor Gerardo Diego, al referirse acertadamente ella como «ciudad de iglesias blancas y gongorinas». Y es que, en dirección siempre ascendente hacia el conjunto amurallado de la medina islámica, a izquierda y derecha, sorprende la insólita profusión de templos cristianos. La razón quizá estriba en la condición fronteriza que esta ciudad tuvo con los dominios árabes, que movió a las órdenes religiosas de entonces a establecerse en ella, resultado de lo cual se erigieron más de una treintena de templos.
Dejados éstos atrás, poco antes de atravesar el Arco de los Gigantes –construido en 1585 como anexo a la muralla árabe– que conduce a la magnífica Alcazaba, no está de más refrescarse en la llamativa Fuente del Toro, quizá puesta allí para divertimento del fantasma de Washington Irving (¿Está el tesoro enfrente del toro?) y para sorpresa del visitante, quien leerá la siguiente inscripción sobre la misma: «Que nos salga el sol por Antequera»… ¡Y que sea lo que Dios quiera!, podemos añadir nosotros, dando por cierta la autoría de la célebre frase, que habría pronunciado el regente Don Fernando cuando se disponía al asalto definitivo a la ciudad, allá por 1410.
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