Análisis de ADN ponen en tela de juicio la versión oficial
Última actualización 11/12/2009@13:10:07 GMT+1
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| ¿HUYÓ HITLER DEL BÚNKER? |
José Lesta El análisis genético del fragmento de calavera atribuido a Hitler ha deparado una enorme sorpresa: no pertenece al dictador alemán, sino a una mujer. Este dato y otros surgidos en los últimos tiempos atentan contra la verdad oficial, según la cual el Führer se habría suicidado en su búnker y, poco después, militares soviéticos habrían hallado su cuerpo.
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Casi sesenta mil cañones y lanzacohetes comandados por el general soviético Zhukov disparaban fuego sobre Berlín la mañana del 22 de abril de 1945. La ciudad se consumía entre las llamas. Cuando una semana más tarde se produjo el desenlace final, habían perecido más de medio millón de berlineses. Los ciudadanos que decidieron colgar sábanas blancas en señal de rendición fueron asesinados por los SS.
A escasos metros de la puerta de Brandeburgo y del Arco de la Victoria, en pleno corazón berlinés, se encontraba el búnker de la Cancillería. En su interior, más de un centenar de personas acompañaban a Hitler en sus momentos finales. Enterrados en vida, a más de dieciséis metros de profundidad y repartidos en dos amplios pisos con multitud de habitaciones y estancias, disponían no sólo de aire, agua y suministro eléctrico autónomo, sino de un quirófano abarrotado de medicinas y de lujos superfluos, como licores, chocolates y víveres importados de distintos países.
EL GRAN ENIGMA
En una sala, Hitler se reunió con Jodl, Keitel y Bormann, tres importantes jerarcas nazis. El Führer dijo: «Veo que todo está perdido. Permaneceré en Berlín. Caeré aquí, en la Cancillería. De esta manera puedo servir mejor al pueblo alemán. Sería insensato proseguir la lucha». Todos esperaban que Hitler les informase de que había tomado la decisión de partir hacia el sur, al «reducto nacional» situado entre las montañas de Baviera y Austria, donde podría resistir durante meses. Pero no fue así. Sus compañeros intentaron convencerlo de que tenían que luchar «hasta que quedase un palmo de terreno». Sin embargo, Hitler insistió: «Fuera, fuera, váyanse al sur de Alemania. Yo me quedaré aquí».