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Hemeroteca :: Edición del 01/12/2009 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 18/11/2009@10:07:41 GMT+1
Enrique de Vicente

Esa es la primera palabra que me viene a la cabeza cuando oigo hablar de ouija. Porque, con mucha mayor intensidad que las psicofonías u otras prácticas similares, el juego del vaso que se desplaza sobre un abecedario componiendo mensajes puede llevar a muchas personas hasta el borde de un abismo tan insondable como alarmante. Aunque no hay duda de que representan una realidad mucho más vasta, se han hecho públicos algunos casos en los que estos mensajes indujeron a sus receptores masculinos al suicidio o a convertirse en asesinos, y otros que hicieron estallar brotes histéricos o psicosis colectivas a algunas niñas de los colegios donde se practicaba. A simple vista, podemos pensar que la agresividad manifiesta en los primeros es una característica eminentemente masculina, como lo son femeninas las últimas que hemos comentado. Por tanto, tentados a ser reduccionistas, podríamos concluir que se trata de manifestaciones propias de las zonas más oscuras de nuestro psiquismo. Pero de esas mismas zonas emergen las peores amenazas que han afligido a la humanidad: expresiones individualistas como los asesinos en serie o posesiones en masa como la psicosis brujeril y su represión irracional, la locura nazi y las limpiezas étnicas contemporáneas.

Durante los muchos años que he dedicado al estudio de estos temas he conocido casos sorprendentes en los cuales se han producido fenómenos asombrosos durante este tipo de sesiones. No tengo duda de que se trata de manifestaciones paranormales, teniendo en cuenta –tan sólo– aquellos protagonizados por personas que son hoy consolidados profesionales, dotados de una sensatez por encima de lo común, y contando con otros testigos que ahora se muestran escépticos con cualquier idea extraña, pero que no pueden negar ni encontrar una explicación racional para aquello que vivieron.

Para dar la voz de alarma, poco importa si la explicación de estos fenómenos se encuentra tan sólo en las insondables capacidades psíquicas de nuestro desconocido inconsciente, o intervienen fuerzas ajenas a nosotros que somos incapaces de interpretar. En todas las épocas y culturas encontramos una enorme variedad de prácticas que han tenido un mismo objetivo: conectar con otras realidades. Las motivaciones fueron de lo más diversas: pedir ayuda, curación, conocimiento, poder… Hoy se busca en ello una distracción, sensaciones fuertes o no importa qué. ¡Todo un signo de los tiempos que vivimos! Realmente, hay puertas que es mejor no abrir. Al menos, no de esta manera y sin estar suficientemente preparados. Pero, ¿quién puede tener certeza de que lo está?
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