Nuevos descubrimientos sobre sus orígenes ocultos
Última actualización 25/11/2009@09:35:59 GMT+1
Tir na nÓg (Isla de la Eterna Juventud), el paraíso de los pueblos deltas, era una isla situada en medio del océano, en la cual los fallecidos continuaban viviendo eternamente con un cuerpo físico joven y vigoroso; no existían enfermedades ni guerras y siempre había comida en abundancia, bellos hombres y mujeres y una naturaleza exuberante. Las almas de los muertos viajaban a dicho «edén» en forma de estrellas fugaces, siguiendo el «camino de la Vía Láctea» –de ahí la tradición de pedir un deseo cuando contemplamos uno de estos ‘luceros móviles’– hasta las zonas más occidentales de la tierra conocida: es decir, hacia el noroeste de la península Ibérica, en las costas de la actual Galicia, donde el astro rey se ocultaba todas las tardes, dando paso a la oscuridad de la noche. Allí esperaba, paciente, la deidad encargada de transportar en su barca mágica a los espíritus de los celtas fallecidos hacia la Isla de la Eterna Juventud. En realidad, las últimas investigaciones, como las desarrolladas por el especialista Ramón Sainero, profesor de literatura celta e irlandesa de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia), apuntan a que los celtas no fueron los creadores de dicho mito, sino que lo tomaron de pueblos anteriores, por lo que su origen se perdería en la noche de los tiempos.
HÉRCULES Y LA VÍA LÁCTEA
De hecho, los autores clásicos suelen hacer mención al mismo en sus obras. Por ejemplo, Aristóteles escribió en Noticias maravillosas sobre la existencia de una senda que discurre de Italia a la península Ibérica, por la que transitaban peregrinos que eran protegidos en su periplo por las gentes que habitaban en sus márgenes. Lo denomina «camino Heracleo» en recuerdo de la mítica ruta por la que transitó Hércules desde Italia a Iberia (la península Ibérica), y de ahí hacia una isla en medio del Atlántico (clara alusión al paraíso celta). Así aparece recogido en la Teogonía de Hesíodo a finales del siglo VIII o comienzos del VII a. C. Hércules se dirigió hacia Iberia en su «décimo trabajo» (penitencias que tuvo que realizar esta deidad, según la tradición griega), y en el territorio ocupado en la actualidad por la ciudad de A Coruña, el héroe griego se enfrentó al gigante Gerión, rey de la zona, derrotándolo y enterrando su cabeza donde se erige la espectacular Torre de Hércules, el faro romano más antiguo de Europa que todavía continúa en funcionamiento. En su viaje, Hércules siguió la senda estelar trazada por la Vía Láctea, también el camino del Sol de Oriente a Occidente en el curso del año.