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Última actualización 21/12/2009@09:51:32 GMT+1
Los sanadores del siglo XXI
La palabra curandero va pasando a la historia. Ahora se utilizan mucho más los términos de sanador y de terapeuta porque se ve la enfermedad como un todo. Al lado de la imposición de manos, de los emplastos o de las hierbas medicinales, se poseen medios y tecnologías que nada tienen que ver con la de nuestros abuelos. El presente reportaje es una muestra de ello…
Hoy se sabe que en la pérdida de salud no sólo influyen valores físicos sino también psíquicos, emocionales, espirituales y relacionales. Mu-chas de las enfermedades sufren un proceso integral: vamos al médico o al sanador cuando se manifiestan en lo físico sin darnos cuenta de que antes han tenido su embrión en lo emocional o en lo mental. La Organización Mundial de la Salud –OMS– ya dio su definición clarificadora para la salud en 1947: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad o dolencias”.

Y ese es el objetivo para este siglo XXI en el que ya estamos viviendo. Los intentos que se han hecho para alcanzar una vida eterna se han quedado en eso, en intentos. El hombre está abocado a la enfermedad y a la muerte y, a nivel estadístico, sabemos que la causa de la mayoría de las muertes en el futuro que nos espera serán cardiovasculares. La OMS anticipó cuáles serán los males que afectarán la vida de todo el planeta sobre el año 2030: las tres principales causas de enfermedad serán el VIH/Sida, la depresión y las enfermedades cardíacas, sin olvidarnos del cáncer que seguirá en aumento o de alguna pandemia de las previstas por los médicos –o incluso de las no previstas–, que arrase a gran parte de la humanidad. Pero una es la que va a causar auténticos estragos: la que nuestros abuelos llamaban “dolencia del alma” o “epidemia silenciosa”. En el año 2030 la depresión se convertirá en la enfermedad que más padecerán los seres humanos, superando al cáncer y los trastornos cardiovasculares. Y, sin embargo, agrega la OMS, la mayoría de los países en desarrollo actualmente gastan menos del 2% de sus presupuestos nacionales en servicios de salud mental. La advertencia fue hecha durante la I Cumbre Global de Salud Mental que se llevó a cabo en Atenas en agosto de 2009.

Los próximos 50 años no serán aburridos en cuanto a remedios terapéuticos se refiere. La prestigiosa revista de divulgación científica New Scientist, celebró en noviembre de 2006 su 50 cumpleaños y lo hizo con un repaso a los avances para el próximo medio siglo. Y para ello recabó el testimonio de 70 científicos de prestigio internacional, muchos de ellos ganadores de Premios Nobel. En el informe se afirma que para 2056 la población del planeta vivirá más de 100 años de promedio, podrán recrearse órganos y partes humanas con células madre y se construirán robots con inteligencia similar a la de las personas. Se crearán brazos que crecen espontáneamente del cuerpo de los amputados y hasta se incorporará un sensor capaz de percibir las emociones y los pensamientos de los animales. En el campo de la salud los avances rozan la ciencia ficción. Las intervenciones quirúrgicas actuales parecerán carnicerías comparadas con las técnicas del futuro. Por ejemplo, los trasplantes de órganos entre humanos pasarán a la historia: los cirujanos podrán “cultivar” órganos en cerdos con el perfil inmunológico de los pacientes, lo que evitará rechazos. La medicina regenerativa con células de humanos está a “la vuelta de la esquina”.

Por otra parte, en 2050 los científicos japoneses habrán fabricado nanomáquinas del tamaño de un virus que se insertarían en el interior de un cuerpo humano para reparar las células dañadas. De momento, en septiembre de 2009 se dio a conocer la noticia de que investigadores del Laboratorio de Robótica del Instituto de Alta Tecnología Technion de Haifa (Israel) han creado una mosca robot en miniatura –mide cerca de un milímetro–, capaz de moverse por las venas y arterias, con el objetivo de diagnosticar y tratar algunos bloqueos arteriales, problemas circulatorios, cardiovasculares, colesterol y cáncer.

En otro campo de la sanidad, el austriaco Carl Djerassi, uno de los inventores de la píldora anticonceptiva, vaticinó que para el año 2050, las jóvenes occidentales convertirán en una “práctica común” la de guardar congelados sus óvulos y tejidos ováricos para tener hijos “en el momento que elijan” y sin la necesidad de contar con una pareja. Pronto nada detendrá a una mujer que quiera congelar sus óvulos cuando se encuentre en la plenitud de su salud y usarlos más tarde en su vida. Djerassi asegura que al margen de las consideraciones morales o sociales que conllevaría esta nueva práctica, la posibilidad de congelar óvulos “podría traer grandes beneficios a la humanidad”.
(Continúa la información en ENIGMAS 159)

Jesús Callejo
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