El hallazgo del papiro que cambió la historia de la egiptología
Última actualización 17/03/2011@12:48:21 GMT+1
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| LA BIBLIA DEL NILO |
Paco González Hace cuatro milenios, un escriba de Tebas encargó un papiro que le garantizaría cumplir la tentadora promesa de la inmortalidad. Como otros muchos egipcios de su tiempo, sabía que sólo con la ayuda del Libro de los Muertos –probablemente el documento religioso más antiguo de la civilización occidental– sortearía las amenazas que aguardaban a su espíritu en el tránsito hacia el más allá. En 1887, un arqueólogo británico recuperó aquel papiro y, con él, gran parte de los secretos de los rituales funerarios –llenos de conjuros– que marcaron la vida de aquella sociedad durante el Imperio Nuevo.
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En cierto sentido, el Egipto del siglo XIX no dista mucho del que se encuentran los visitantes en la actualidad. La masiva afluencia de turistas se hace notar y mucho en las calles y en la economía del país. Es un negocio muy rentable y tanto los foráneos como los nativos sacan tajada del mismo. Los primeros porque se llevarán de vuelta a sus países de origen un poco de la inagotable magia de estas tierras del Nilo. Los segundos porque el turismo representa una fuente necesaria para llenar las arcas del estado.
Hoy, el zoco de El Cairo ofrece al viajero una amplia gama de souvenirs, de mejor o peor factura. Pero éste difícilmente encontrará algo ni remotamente parecido a lo que ofrecían los tratantes locales a finales de la década de 1880. Por aquel entonces, representantes de museos y otras instituciones culturales occidentales mantenían una pugna feroz con sus homólogos para embarcar de vuelta con el mayor número de antigüedades posible, costaran éstas lo que costasen y habiéndose servido de los medios que fueran necesarios, legales o no. Cuando en el otoño de 1887, el Museo Británico envió a Ernest Wallis Budge, un apasionado del ocultismo egipcio, a recoger piezas arqueológicas a El Cairo, éste era un país arruinado y en manos de las potencias europeas, concretamente de Gran Bretaña y Francia… (Continúa en AÑO/CERO 236)