Última actualización 17/03/2011@12:46:38 GMT+1
Pocas veces en tiempos de paz un país había tenido que enfrentarse a una alarma aérea tan espectacular como la acontecida en Brasil la noche del 19 de mayo de 1986. Diversos radares civiles y militares se vieron saturados durante varias horas por la presencia de más de una veintena de OVNIs, estableciéndose contacto visual y provocando el despegue de cinco aviones de combate. La magnitud del incidente motivó el pronunciamiento de la cúpula militar del país, que reconoció públicamente su incapacidad para explicar lo acontecido.
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Y 23 años después, refrendando el ejemplar proceso de desclasificación que está llevando a cabo el gobierno carioca desde 2007, las cerca de 200 páginas que integran el expediente elaborado sobre el caso por la Fuerza Aérea Brasileña han sido liberadas y puestas a disposición de investigadores y curiosos. El informe desclasificado hace escasas semanas incluye una detallada cronología de los acontecimientos y las declaraciones de pilotos, radaristas y demás personal militar y civil que aquella noche se vio implicado en una auténtica invasión del espacio aéreo brasileño. Los informes técnicos y la correspondencia interna comparten espacio con las abundantes reseñas realizadas por la prensa, que de manera inédita hasta la fecha y con la colaboración del Ministerio de Aeronáutica, pudo acceder de manera directa a los protagonistas del incidente. La emergencia de la situación y la incapacidad para contenerla motivó que el entonces presidente de la República, José Sarney, fuese puntualmente informado ante la eventual necesidad de que tuviese que autorizar el derribo de aquellos OVNIs que tenían en jaque a la defensa aérea de su país. Por suerte no se llegó a ese extremo; por un lado las maniobras de aquellos objetos que fueron descritos como esféricos y de comportamiento inteligente no supusieron riesgo alguno para el tráfico civil o militar; por el otro, la superioridad tecnológica que demostraron aparentemente los situaba fuera del alcance de cualquier intento de derribo, y de hecho, en un momento determinado la situación se invirtió convirtiendo a los perseguidos en “cazadores”. El ministro de Aeronaútica Octavio Moreira Lima lo dejaría claro pocas horas después de los acontecimientos: “El radar solamente detecta las superficies sólidas, los objetos metálicos y las masas nubosas pesadas. No había nubes ni aviones convencionales en la región. El cielo estaba limpio. El radar no tiene ilusiones ópticas”.
Un coronel tras los primeros OVNIs
Es difícil precisar el punto de arranque de los fenómenos, puesto que en los días posteriores se fueron recopilando en diferentes estados brasileños testimonios civiles que pasaron a engrosar el expediente de aquella larga jornada, pero si hemos de ceñirnos al ámbito oficial es poco antes de las ocho de la tarde cuando desde la torre de control del aeropuerto de Sao José dos Campos, el radar detecta la presencia de varios objetos no identificados ubicados a unos 15 km del lugar y a 2.000 metros de altura. De inmediato, mediante prismáticos y a ojo desnudo, llegaría la confirmación visual, para minutos más tarde ser las torres del Comando Aéreo de Sao Paulo y sus homólogas de Brasilia quienes detectaron a los intrusos. “Los focos parecían del tamaño de cabezas de palitos de fósforo, predominaba el color rojizo, pero mudaba al amarillo, verde y naranja. Estaban parados”, escribiría en su informe ahora desclasificado el controlador de San José, Sergio Mota da Silva.
(Continúa la información en ENIGMAS 172).
José Gregorio González