La práctica de la nigromancia se remonta al origen de la humanidad
Última actualización 22/03/2010@10:09:43 GMT+1
Javier García BlancoDesde tiempos remotos, el hombre ha buscado los más diversos métodos para dominar a las fuerzas sobrenaturales en su propio beneficio. Dioses, demonios y espíritus de los muertos estaban entre los poderes del otro mundo que, con frecuencia, eran requeridos para perjudicar a un enemigo en Grecia, Roma o el Egipto de la época helenística. Así actuaban los magos negros del mundo antiguo.
Las palabras “magia” y “brujería” evocan en nuestra imaginación escenas del medievo, de brujas y magos encerrados en sus cubículos oscuros, rodeados de multitud de artilugios y repugnantes ingredientes, mientras recitan hechizos al calor de sus calderos humeantes. Sin embargo, la práctica de la magia se remonta al amanecer de la civilización, y todas las culturas antiguas contaron con un amplio abanico de aplicaciones relacionadas con el mundo sobrenatural: adivinación, maldiciones, fabricación de «muñecos vudú» e incluso el contacto con los muertos, la nigromancia.
No es de extrañar, por tanto, que ante la proliferación de estas prácticas, el hombre del mundo antiguo tuviera la percepción de que cualquier mal podía tener su origen en la “magia negra” practicada por sus enemigos. Aunque la existencia de tales creencias era conocida desde hace tiempo a través de textos como la Odisea y obras de autores clásicos como Heródoto o Platón, ha sido en las últimas décadas cuando el estudio de la magia negra en la antigüedad ha recibido una atención especial por parte del ámbito académico, de forma paralela al hallazgo de numerosas piezas arqueológicas que han ido apareciendo en excavaciones de todo el mundo grecorromano… (Continúa en AÑO/CERO 236)