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Hemeroteca :: Edición del 01/07/2010 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 23/06/2010@09:43:09 GMT+1
En el mes de agosto de 2010, la revista Año Cero regalará un magnífico libro: La cara oculta del Temple, en el que se ofrecen los más sorprendentes y sombríos datos sobre la historia de esta poderosa Orden medieval. El presente artículo, extracto de uno de los capítulos de la obra, profundiza en la biografía de una de las figuras más apasionantes del Temple, el controvertido Roger de Flor.
Aunque no hay unanimidad en el origen de la palabra “almogávar”, parece ser que deriva del árabe y su significado es “soldado que va de algarada” o” algara”. Sus orígenes se remontan al siglo X, pero es a finales del XIII y principios del XIV, en que se hacen famosos y temidos en todo el Mediterráneo, gracias a su valeroso y controvertido líder, Roger de Flor –¿1266?-1305–. Gran parte de los países mediterráneos los temen, y desde los turcos a los alanos –escitas mercenarios– caen bajo sus dardos y sus cortas pero temibles espadas. Solamente su nombre, ya hace temblar a pueblos enteros.

Sobre la vida de su gran caudillo hay grandes partes oscuras y, así, el historiador José María Gárate Córdoba nos dice: “Roger de Flor fue el nombre que su madre viuda dio a Richard Von Blum Novoli, para ocultar la degradación que había llevado su apellido, y el alemán de su esposo –se refiere a unos extraños sucesos aún no aclarados totalmente–”. Fuera como fuera, sabemos que era hijo de un auxiliar, posiblemente un halconero del rey Federico II, cuyo nombre parece ser que era Ritard o Richard, el cual murió luchando contra los soldados franceses en la batalla de Tagliacozzo; su madre era una bella mujer italiana, quizás incluso una dama, y sin duda una burguesa de Brindisi venida a menos, ya que algunos autores hablan de una ruina familiar ocurrida hacia el año 1268.

El ingreso en la Orden
Roger de Flor se crió junto a su hermano, un jovenzuelo ruidoso, valiente y travieso, en el puerto de Brindisi, lugar donde llegaban con cierta asiduidad naves templarias provenientes de Mesina y Apulia. Y también, en mayor cantidad, embarcaciones hospitalarias –según parece, la flota de la Orden del Hospital era más poderosa que la del Temple–. Una vez llegadas al puerto de Brindisi, las naves cargaban allí vino y otras mercancías, calafateaban sus naves o, en algunas ocasiones, simplemente hibernaban. Y era precisamente cerca de este puerto donde la madre de Roger de Flor tenía una popular taberna. Un día, teniendo él apenas diez años –se dice que, concretamente, tenía sólo ocho–, el muchacho conoce a un veterano y rudo marino, sargento mayor templario, de nombre Vasall, muy posiblemente marsellés, que tiene a su cargo una pequeña nave del Temple. El monje-soldado se fija en la agilidad, casi simiesca, según Muntaner, y la vitalidad del chico, y tras hacerle algunas pruebas de habilidad marinera y hablar con su madre, le ofrece llevárselo en su embarcación para enseñarle lo necesario e ingresar más tarde en la Orden. La madre, al parecer, acepta encantada.
(Continúa la información en ENIGMAS 175).

Miguel Aracil
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