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Hemeroteca :: Edición del 01/07/2010 | Salir de la hemeroteca
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Pruebas de una fascinante hipótesis

Última actualización 17/03/2011@12:42:47 GMT+1
Miguel Pedrero En el presente reportaje ofrecemos las pruebas existentes en los cinco continentes sobre el posible contacto entre nuestros ancestros y seres de otros planetas. Petroglifos, antiquísimas tradiciones y creencias, los textos sagrados de las primeras religiones del planeta, utensilios fuera de su tiempo o algunos restos fósiles y arqueológicos apuntan a esta atrayente posibilidad: en un pasado remoto los dioses instructores venidos de las estrellas transmitieron a los humanos una serie de conocimientos, gracias a los cuales nacieron las primeras civilizaciones.
Para los nativos de Kimberley, al noroeste de Australia, las pinturas rupestres visibles en una cordillera de este territorio son las únicas que no fueron realizadas por sus ancestros, sino por unos dioses que llegaron de los cielos en extraños aparatos voladores en un pasado remoto. Eran los wandjinas, quienes se representaron a si mismos en las rocas. Se trata de pinturas que llegan a medir unos seis metros de altura y presentan rostros blancos desprovistos de boca. Sus cabezas están rodeadas por uno o dos semicírculos que forman una herradura. Según la tradición, los nativos deben resaltar los trazos de los wandjinas antes de la estación de los monzones. En caso contrario, tendrán lugar toda clase de desastres. A miles de kilómetros de distancia, en la meseta argelina de Tassili, son visibles otras pinturas todavía más desconcertantes: seres con cascos espaciales, guantes, botas y antenas. A su lado, individuos humanos de menor tamaño. Una de las figuras más llamativas, de unos seis metros de altura, es conocida por los arqueólogos con el descriptivo nombre de «el gran dios marciano», debido a su parecido con un moderno astronauta. Otro retrato muestra a un ser ataviado con lo que semeja un traje espacial de una sola pieza, con botas y escafandra. En otras pinturas se distinguen humanoides con cascos y antenas moviéndose por los aires o extraños objetos de forma ovoide. Desde luego, ha generado agrias polémicas otro «dibujo» que para muchos aficionados a los OVNIs constituiría la prueba definitiva de la presencia extraterrestre en la antigüedad. Se trata de un aparato circular del que surgen llamaradas. Unido al mismo por una especie de cordón, un ser que parece llevar un casco y un bulto a la espalda –de igual modo que van ataviados los actuales cosmonautas– está raptando a cuatro mujeres… (Continúa en AÑO/CERO 240).
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