Última actualización 23/06/2010@09:42:30 GMT+1
Entrar en un castillo es revolucionar nuestra imaginación… ¿O no? Tal vez no sean sólo ilusiones sobre historias heroicas, sino más bien de aquellas en las que almas en pena han quedado impregnadas entre sus paredes y su caminar nos alertará por las noches. Todo esto puede parecer un mito, de no ser por las variadas historias que nos hemos encontrado en Italia…
Desde hace ya muchos años, muchos castillos han cambiado su interior para convertirse en alojamiento, pero alguno de ellos lo han hecho casi para disfrutar de una experiencia paranormal. Hablamos de todas las fortalezas en las que sus dueños aseguran que conviven con un fantasma entre sus muros. Quizá los más famosos sean los que se encuentran en el Reino Unido: castillos medievales en los que damas locas asesinadas han quedado impregnadas en sus ladrillos, caballeros muertos defendiendo sus posesiones, o simple cuento para que el turista crea que duerme… acompañado.
Como es imaginable, no sólo en el país anglosajón se pueden encontrar esos lugares con entes de otros planos. Y no hablo de los de carne y hueso, sino propiedades medievales y renacentistas en los que los dueños de esos lugares, aseguran que entre sus paredes se alojan algo más que huéspedes…
La capilla encantada
Nuestra primera parada fue en una hacienda agrícola llamada Castello di Montecavalo, situada en las proximidades de Biella. Esta finca de cerca de 50 hectáreas produce unos excelentes vinos. La finca está presidida por un castillo de estilo neogótico que fue erigido en 1830 por Filiberto Montecavallo Avogadro, descendiente de una conocida familia aristocrática –los Avogadro–, que estuvo en lucha constante con los Saboya para ver quiénes hacían más y mejores cosas en la región. La historia familiar en este enclave, sin embargo, es mucho más antigua. Hay constancia, por ejemplo, de que en 1279 el nebbiolo –la variedad de uva– ya se cultivaba en estas tierras. En 1710, Giovanni Battista Carlo Avogadro Montecavallo, que fue prior del Hospital, transfirió a esta Orden monástica todos sus bienes por odio a una rama colateral: los Viglia. Cien años más tarde regresó a manos de sus primitivos dueños y actualmente es Maria Chiara Reda su propietaria. Ella fue quien nos mostró la propiedad, incluyendo una pequeña capilla privada –algo tétrica– aneja a la construcción y dedicada a san Filippo Neri. En su interior pudimos admirar una Pietà en mármol esculpida por Cacciatori, un maestro de Carrara. Todo parecía de lo más normal hasta que le preguntamos si vivía sola en el castillo; “Claro –respondió–, con mi perro… y bueno, un monje”.
Fruncimos el ceño y ella sonrió.
Después, con absoluta naturalidad, nos explicaría que uno de los monjes de la época en la que la finca perteneció al Hospital de Biella, decidió “quedarse a vivir” en el castillo para la eternidad.
Chiara nos confesó que nunca ha llegado a verlo, si bien lo ha escuchado por las noches, encima de su habitación, o se ha encontrado las luces de la casa encendidas en plena noche. Nos dijo, además, que algunos trabajadores sí han llegado a ver una sombra o presencia fantasmal en la planta alta, junto al torreón.
Después de narrarnos esta fantástica historia, Chiara se despidió con toda tranquilidad dibujando una sonrisa en los labios porque, a pesar de las remodelaciones que se estaban llevando a cabo en la construcción, y la soledad en la que vivía, nos dijo que dormía a pierna suelta. Nosotros no podríamos hacerlo…
(Continúa la información en revista ENIGMAS 175)
Josep Guijarro y Patricia Hervías