Última actualización 17/03/2011@12:40:24 GMT+1
En septiembre se publicará el libro 100 Enigmas del Mundo (Ed. Cúpula), de Bruno Cardeñosa. Ofrecemos un adelanto editorial de esta nueva obra en la que se explican los diferentes hallazgos relativos a un asunto que ha vuelto a estar de actualidad: el Arca de Noé… ¿Se encuentra en el monte Ararat de Turquía?
Un equipo de expedicionarios ha descubierto restos en el monte Ararat que atribuyen al Arca de Noé. Se trata de un artefacto con siete grandes compartimentos de madera que, según los análisis efectuados, tienen 4.800 años de antigüedad. El descubrimiento y las fotografías que se han dado a conocer han despertado todo tipo de recelos… justificados. La ausencia de pruebas y el hecho de que la expedición que ha encontrado los restos haya sido patrocinada por un grupo religioso rigorista alimentan las sospechas, pero no impiden que recordemos cómo en el Monte Ararat se han producido numerosos hallazgos y descubrimientos sospechosos… Dice la tradición bíblica que los Elohim –la palabra que utiliza el Antiguo Testamento cuando se refiere a Dios, que en realidad es un vocablo hebreo plural que significa “dioses”– bajaron del cielo y se mezclaron con las mujeres de la Tierra. De estas uniones nacieron los gigantes, que condujeron al hombre por el camino equivocado. Ante el comportamiento de la especie humana, un encolerizado Yahvé provocó una catástrofe inundando todo el planeta. Sólo un hombre fue elegido para salvarse y preservar las especies animales: Noé. Yahvé, que le escogió entre todos los hombres, le indicó cómo debía ser el arca que tenía que construir. Para confeccionarla debería emplear maderas resinosas. Le especificó las medidas, cómo debían ser los compartimentos y qué procesos debía seguir para cumplimentarla. A bordo subieron su mujer, sus hijos y sus nietos. Y, por supuesto, parejas de cada una de las especies animales de la Tierra, según rezan las Escrituras. Luego las aguas comenzaron a cubrirlo todo. Llovió torrencialmente durante 40 días y la nave acabó varada cuando las aguas comenzaron a bajar de nivel. Y lo hizo, al parecer, a la altura del monte Ararat, en la actual Turquía. Son muchas las culturas que recuerdan en sus mitos y tradiciones un brutal diluvio. Quizá, como tal, no existió. La ciencia, sin embargo, ha encontrado pruebas geológicas que demuestran que una grandiosa inundación afectó a todo el entorno geográfico –Oriente Medio y Asia Central– en el que se supone que se desenvolvió el pueblo que adoraba a Yahvé. Al parecer, hace algo más de 7.000 años, el Mediterráneo se desbordó, inundando con sus aguas saladas lo que hoy es el Mar Negro. Bajo la superficie del mayor lago del planeta se han encontrado restos de ciudades que un día –hace también siete milenios, según los estudiosos que han efectuado los hallazgos– estuvieron habitadas. También se han identificado registros estratigráficos que certifican que dicho mar se formó en la fecha señalada a consecuencia de una poderosa inundación, razón por la cual este enorme lago tendría agua salada. Dejando al margen los elementos míticos, si de la realidad histórica del Diluvio apenas quedan dudas, a propósito de Noé y su Arca, éstas son más acusadas. Pero sin olvidar esta perspectiva, la búsqueda de los restos del Arca es un reto para el cual se están llevando a cabo esfuerzos más que considerables. Ya Flavio Josefo y Marco Polo aseguraron que de acuerdo a las descripciones de los armenios, el Arca estaba enterrada bajo la nieve congelada del Ararat, en el interior de un inmenso glaciar de 50 metros de grosor. Los relatos de ambos recobraron de nuevo actualidad cuando poco tiempo antes de la Segunda Guerra Mundial varios aviadores aseguraron haber divisado algo extraño cerca de la cumbre del monte. Decían que visto desde el aire, parecía el armazón de un arca congelada. Muchos más pilotos parecen haber visto algo parecido. Uno de ellos fue Gregor Schinjammer, aviador turco de la Base Aérea de Adana, que sobrevoló el monte en varias misiones de reconocimiento durante los años cincuenta a los mandos de un F-100, sobre el que dijo haber visto algo parecido a un enorme vagón o barcaza triangular. Parte del artefacto estaba enterrado y otra, en función de las condiciones climáticas, emergía de vez en cuando. Al igual que él, fueron varios los pilotos que corroboraron la presencia de un extraño objeto descansando sobre las nieves. (Continúa la información en ENIGMAS 176). Bruno Cardeñosa