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Hemeroteca :: Edición del 01/09/2010 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 26/08/2010@12:28:56 GMT+1
Enrique de Vicente

Este mes intentamos desentrañar uno de los mayores enigmas de nuestro tiempo: ¿cómo ese hombrecillo histriónico fue capaz de seducir al pueblo alemán, lanzándolo a la conquista de un imperio milenario que debería ser gobernado por una raza de superhombres?
En opinión de muy diversos autores, la clave del misterio reside en que actuó como un médium, capaz de canalizar fuerzas tan oscuras como poderosas, que unos identifican con entidades diabólicas y otros con arquetipos propios del inconsciente colectivo germano, que habían sido despertados por el brote de ocultismo pagano que precedió a su llegada.

Tras la derrota sufrida en la primera Gran Guerra, su pueblo anhelaba la llegada de un mesías que le devolviera la dignidad, vengase la afronta sufrida e instaurase un nuevo Reich imperial. Hitler encarnó el arquetipo de un Führer que además de guiarles políticamente, se convirtió en su dirigente espiritual. Pero su mística fue radicalmente contraria a la del cristianismo y de cualquier otra visión espiritual. Mientras Jesús encarnó al Cristo, dándonos el mandato del amor e identificándose con el cordero, símbolo universal de pureza e inocencia, y como tal se inmola en sacrificio, expiando los pecados del mundo y dándole la paz, Hitler actúa –como en todo– en sentido inverso, convirtiéndose en un verdadero anticristo. Veremos que, desde sus inicios, se identifica a sí mismo con la voraz figura del lobo; por un lado, este animal es sinónimo del salvajismo diabólico y la sed de sangre, en él creen transformarse los chamanes y los brujos que acuden al aquelarre y sus fauces simbolizan la puerta a los infiernos; también tiene un simbolismo solar, considerándosele ancestro de Gengis Khan o nodriza de Rómulo y Remo, padres de imperios forjados mediante el dominio violento de otros pueblos.

Jung vio a Hitler como encarnación del arquetipo de Odín-Wotan, dios imprevisible de la guerra, la tempestad, los sacrificios humanos, la brujería y la posesión salvaje (Wut). Como un lobo furioso, se lanzó a la violenta conquista del mundo e, incapaz de devorarlo, intentó destruir a su propio pueblo, pues la meta del espíritu maligno que a través de él se manifestaba no era otra que la destrucción del orden judeo-cristiano y la instauración de otro nuevo y tenebroso, basado en el dominio despiadado de su jauría. Dios quiera que esa historia no vuelva a repetirse.
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  • HITLER Y JESÚS: LOBO Y CORDERO

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    4465 | Sofista - 15/09/2010 @ 12:02:01 (GMT+1)
    VICTIMAS Y VICTIMARIOS NO ES UN BUEN ARGUMENTO PARA LA HUMANIDAD.
    4462 | José Antonio - 10/09/2010 @ 19:52:05 (GMT+1)
    Estimado Enrique:
    Muy buena síntesis del significado del Führer. Fíjate que el hecho mismo de que se vuelva a la figura de Hitler nos muestra que ese arquetipo está activo aún.
    Un saludo
    José A. Delgado
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