Última actualización 17/03/2011@12:37:05 GMT+1
Enrique de Vicente El Tibetano (izqda.) es un maestro espiritual que se presenta como miembro de una supuesta Jerarquía espiritual o Hermandad de seres iluminados que habría impulsado la evolución humana, teniendo como centro a la mítica Shambala. En sus escritos –que dictó a Alice Bailey, dieron lugar a la Escuela Arcana y tuvieron una influencia política– explica que la ascensión del nazismo fue dirigida por la Logia Negra y propiciada por financieros y otros personajes afines a ésta. Valiéndose de artes mágicas –explican F. y G. Varetto– y ayudados por monjes tibetanos pertenecientes a la secta de los gorros negros o Bon-Po, cuyo símbolo es la esvástica, estas Fuerzas Oscuras tomaron control de siete personalidades cuyo objetivo era la conquista del mundo: Hitler, Hess, Goebbels, Goering, Von Ribbentrop, Himmler y Streicher. Ejercieron un análogo e ilimitado poder sobre los dirigentes japoneses, convenciendo a estos dos pueblos de que tenían “la gran misión espiritual de dominar el mundo”.
Según el Tibetano, Hitler actuó como un médium, obsesionado por Fuerzas Cósmicas del Mal muy poderosas. Asegura que si la guerra hubiese sido similar a otras anteriores, la Jerarquía se habría mantenido fuera del conflicto, pero esta vez estaba en juego el destino del planeta, porque si las Fuerzas Involutivas triunfaban habrían paralizado irreparablemente la evolución humana durante mucho tiempo. Por ello se tomaron medidas para ayudar a las Fuerzas de la Luz, en el plano físico y en otros más sutiles, respondiendo a los anhelos espirituales manifestados por la gente de buena voluntad. Cuando los nazis ocuparon Europa, Londres –que, con Ginebra, serían los centros energéticos a través de los cuales operaba la Jerarquía en ese continente– se convirtió en el baluarte del mundo libre. Churchill, cuya determinación de resistir a toda costa fue decisiva, comentó públicamente su sensación de que alguna fuerza le guiaba y custodiaba, añadiendo que “si fallamos ahora el mundo entero se hundirá en los abismos de una nueva era de las tinieblas”. Pese a la oposición inicial del pueblo americano a intervenir, Churchill siempre contó con el apoyo de Roosevelt, que creía en Shambala y en la dimensión metafísica de ese conflicto (ver AÑO/CERO, 220). Según el Tibetano, 1942 fue un momento crucial a nivel cíclico, donde la humanidad debía decidir su futuro y el rumbo negativo de las batallas terrestres –que eran el reflejo de la que se libraba en planos sutiles– aconsejó a la Jerarquía tomar medidas para retirarse del contacto humano por un periodo imprevisible, si los nazis triunfaban. Pero estos preparativos fueron suspendidos a fines de 1942, después de que las oraciones humanas les permitieran intervenir, confundiendo las mentes de científicos alemanes implicados en el desarrollo de armas terribles que les habrían dado la victoria final, y los soviéticos pasaran a la ofensiva. (Continúa en AÑO/CERO 242)