El mítico continente se correspondería con un edén primigenio asiático
Última actualización 17/03/2011@12:35:50 GMT+1
José Luis Espejo En su luminoso ensayo «Los hijos del edén» (Ediciones B), el escritor barcelonés José Luis Espejo esboza una fascinante hipótesis sobre la Atlántida, convencido de que en este continente tantas veces idealizado se encuentran las claves que explicarían algunos de nuestros «mitos del origen», como el Paraíso Perdido, el Diluvio, el Éxodo, Babel… Entre las pruebas que sostendrían su teoría, aporta la universalidad de ciertos símbolos y topónimos, repetidos a lo largo y ancho del planeta, y las similitudes semánticas que parecen conducir a una protolengua global común.
La tesis que defiendo es sin duda aventurada: el Edén mítico se hallaba en lo que hoy día es Indonesia. «Edén» puede derivar de un término sumerio (edin) que significa literalmente «estepa». Los sumerios la situaban en las proximidades de Uruk, pero su segunda denominación (Arali) nos hace pensar en otra estepa más al norte: la que rodea el actual mar de Aral (en regresión), entre los actuales Kazajastán y Uzbekistán. Como es bien sabido, en la estepa residían los escitas (los griegos etiquetaban de este modo a todos los «bárbaros» que vivían en ellas; los persas los denominaban saka). Existe la posibilidad de que la cultura sumeria –de la que derivaría la cultura hebrea, según indicaría la partida de Abraham desde Ur– tuviese origen en las estepas de más allá del Cáucaso y del mar Caspio… ¿Existe alguna evidencia que pueda ligar la cultura sumeria con la cultura escita, y ésta con la actual Indonesia? Creo que sí. Herodoto nos puede dar una pista. En el libro cuarto, pasaje octavo, de su célebre Historia, Herodoto explica lo siguiente: «Cuentan (los griegos que moran en el mar Negro) que Heracles, arreando los bueyes de Gerión, llegó a esa tierra que estaba desierta y que ahora ocupan los escitas. Cuentan que Gerión moraba más allá del Ponto, en una isla que los griegos llaman Eritrea, cerca de Gadira, sobre el Océano, más allá de las columnas de Heracles. El Océano empieza desde Levante y corre alrededor de toda la tierra, según dicen por decirlo, pero sin demostrarlo con hechos. Desde allá llegó Heracles a la región llamada ahora Escitia y, como le cogiese un frío temporal, se cubrió con su piel de león y se echó a dormir. Las yeguas de su carro, que pacían sueltas, desaparecieron entre tanto por divino azar… … Levantado Heracles de su sueño, según cuentan, buscó sus yeguas y, habiendo recorrido toda la región, llegó por fin a la que llaman Tierra Boscosa; allí encontró en una cueva a un ser de dos naturalezas, medio doncella y medio serpiente… (Con ella tuvo tres hijos, uno de los cuales, llamado Escita, fue el antecesor de este pueblo)»… (Continúa en AÑO/CERO 242).