Expediente Santiuste
Última actualización 17/03/2011@12:34:27 GMT+1
Es una historia diferente. Fue la primera vez que un grupo de periodistas del misterio –y a la sazón de la historia de la parapsicología española– se encontró cara a cara con aquello que tantas veces habían buscado y contado a través de las ondas. ENIGMAS, transcurridos treinta años, reunió por última vez al equipo del mítico programa radiofónico Medianoche para revivir la madrugada en que contactaron con otra realidad…
Es un episodio distinto a cualquier otro relacionado con lo paranormal. Una de esas experiencias –denostadas por la ortodoxia científica que desprestigia aquello para lo que no tiene explicación– que parece mostrarnos la existencia de un lado ignorado de nuestra realidad, que en determinadas ocasiones, sin saber cómo, con qué fin o con qué intenciones, se manifiesta alterando nuestras coordenadas espacio-temporales y resquebrajando la lógica. No se trata de un caso de impregnación –teoría que promulgó el miembro de la Society for Psychical Research, Fred W. H. Myers– en la que la energía emocional de un hecho quedaría atrapada en un lugar, permaneciendo condenada a repetirse una y otra vez como si de una memoria dinámica se tratase. Tampoco estamos ante la acción psíquica inconsciente del ser humano, lo que se conoce como poltergeist –la etiquetada como psicokinesis espontánea recurrente por el ilustre Germán de Argumosa, que postulaban los primeros investigadores psíquicos del siglo XX– en la que un testigo es generador de fenómenos irracionales en un momento de tensión emocional. Ocurrió hace treinta años. Una fría madrugada de febrero de 1981. Y sus protagonistas –a quienes reunió ENIGMAS por última vez– no han podido olvidar lo que vivieron y a lo que se enfrentaron en un viejo castillo de los campos castellanos. Antonio José Ales, Isabel García, Almudena Velda, Chema Fernández, Mariano Revilla, Tony Chao, Juan Poseu, José Antonio González –el célebre equipo de periodistas que componía el programa radiofónico Medianoche– acudió hasta el Castillo de Riba de Santiuste, en el término municipal de Sigüenza, en Guadalajara, con la idea de llevar a cabo un nuevo proyecto para la pequeña pantalla. A Antonio José Ales le habían ofrecido dirigir y presentar una serie de televisión para los países iberoamericanos y la idea no era otra que realizar el programa piloto en la vetusta fortaleza. Poseía todos los requisitos necesarios. Erigido sobre un cerro rocoso casi inexpugnable, su majestuosa y solemne presencia no sólo trasmitía la inquietud visual necesaria para un rodaje de este género sino que además –y según habían informado los propios oyentes del programa– era el escenario de apariciones espectrales relacionadas con la leyenda de una doncella musulmana que vagaba por sus salones y pasillos tras haber sido asesinada. (Continúa la información en ENIGMAS 179). Francisco Contreras Gil