La tragedia del convoy 8017
Última actualización 22/10/2010@09:26:31 GMT+1
Una lluviosa y fría noche, la del 2 de mayo de 1944, se produjo uno de los mayores desastres ferroviarios conocidos hasta la fecha. No hubo pérdidas materiales pero sí un innumerable y trágico balance de pérdidas humanas.
El tren número 8017 salía de la estación de Salerno (Italia) con la única carga de mercancías para la que estaba destinado, sin embargo, en un país de grandes necesidades y en crisis por la Segunda Guerra Mundial, eran muchos los que se aventuraban en viajar clandestina e ilegalmente como polizones en cualquier transporte que pudiera llevarlos allá donde creían que tenían opción para comenzar una vida mejor. El mercado negro y el hambre eran un buen motivo como para tratar de intentarlo, y aún más con una Italia liberada por los norteamericanos, en la sureña ciudad de Nápoles.
La zona de Potenza, a casi un centenar de kilómetros de Palermo, era rica en este tipo de aventureros dispuestos a casi todo; además, viajar de polizones en trenes era el único medio de desplazarse de un lado a otro en una localidad en la que casi todos los transportes habían sido confiscados como vehículos militares. La policía militar solía hacer revisiones y vaciar los vagones de polizones, existiendo un punto en el que se sabía que especialmente se realizaban estos controles: era el cruce de Baattiplagia. Pero había otros muchos puntos de subida clandestina y de esta forma el tren de la muerte llevaba ya, pasado ese punto negro, a varios cientos de “pasajeros”. En Éboli subió otro centenar más, eran las 19.10 horas y cada vez que se aminoraba la marcha o se realizaba una parada, el 8017 se cargaba más y más, contabilizándose al final casi 700 almas furtivas en el mismo. Aquello parece que se hacía con el beneplácito de los maquinistas, que a veces eran “untados” por hacer la vista gorda. Sobre las 23.40 horas salió el tren de esta localidad montañosa para detenerse seis kilómetros más adelante en un solitario apeadero…
Por delante del 8017 y en la misma vía se detuvo un tren por una avería, los maquinistas tuvieron que liberar presión de las calderas. Sobre las 00.15 horas, se dio vía libre para proseguir el viaje al segundo convoy y el jefe de estación de Balvano dio la señal de continuar hasta la próxima parada, distante ocho kilómetros de aquel lugar. Pero el tren jamás llegó.
(Continúa la información en ENIGMAS 179).
José Manuel García Bautista