Cuando los dioses se comunican con los humanos
Última actualización 24/11/2010@09:17:32 GMT+1
José Antonio IniestaAlgunos linajes de la tradición del antiguo México se han perpetuado en la sombra, revelando sus milenarios conocimientos de padres a hijos. Otros lo consiguieron mediante ritos iniciáticos, visiones o descifrando los mensajes de las sagradas profecías. Uno de sus secretos mejor guardados, la capacidad de contactar con los espíritus de sus antepasados a través del fuego, constituye la base de una ancestral celebración a la que AÑO/CERO ha conseguido acceder en exclusiva.
Antes de que los españoles llegaran a las tierras de México, se celebraba el Chickaban, una importante fiesta en la que sus antiguos pobladores establecían un puente de comunicación con los dioses, en un punto intermedio entre la tierra y el cielo. El fuego era fundamental en dicho acto. Considerado un elemento purificador, símbolo de la fuerza de la luz, del Sol y del amanecer, ha sido utilizado desde épocas remotas como método de adivinación. La contemplación de sus llamas provoca un estado de relajación, de profunda introspección, que hace posible que se abra la puerta que comunica con el yo interior y con otras dimensiones, pues genera estados alterados de conciencia.
Los cronistas españoles reflejaron algunos datos sobre esta masiva celebración, que se extendía por multitud de ciudades. Gracias a éstos sabemos que se celebraba en el mes xul o xuul –noviembre–, en el que se honraba a Kukulcán. Los mayas llevaban al jefe supremo de los guerreros, el nacom, hasta el templo, donde quemaban copal, el incienso sagrado. Allí tenía lugar un baile de guerreros llamado Holkanakot, se sacrificaba un perro y se rompían recipientes con bebida, dando por terminada la fiesta y llevando al nacom a su casa. Esta ceremonia se practicó en territorio maya hasta la destrucción de la ciudad de Mayapán. Después, únicamente se celebró en Maní, tierra de los tutul xiúes. Los señores se reunían, llevando cinco banderas decoradas con plumas, y se dirigían al templo de Kukulcán, en el que oraban durante cinco días, al final de los cuales pedían que se les manifestara su dios, el cual descendía de lo alto para recibir las ofrendas… (Continúa en AÑO/CERO 244).