Asombrosas profecías más allá de 2012
Última actualización 17/03/2011@12:33:07 GMT+1
Jesús Callejo Hay profetas clásicos como san Malaquías, Nostradamus, Edgar Cayce o Parravicini cuyas predicciones se han divulgado en muchos medios y cuyos pronósticos llegaron, como máximo, hasta el año 2012. Pero hay otros más que vaticinan acontecimientos más allá de esa fecha. Son los «nuevos Nostradamus», videntes y mesías del siglo XXI, muchos de ellos casi desconocidos, como Jucelino Nóbrega da Luz, Madrecita Laura Antonia, Krishna Takur, Gordon Scallion, Baba Vanga, Alois Irlmaier, Song Ha, Dolores Cannon y tantos otros que han venido pronosticando terribles desastres, guerras nucleares y hasta apocalipsis…
El venerable Holzhauser, la sibila Michalda y tantos otros profetas de Europa y del mundo entero, entre los siglos XVII y XVIII, anunciaron que el XX debería de ser el más raro y peor de todos, donde la soberbia de los hombres traería guerras aún más horribles de las que se habían visto. Y acertaron. Aquel benedictino de la abadía de María Laach (ubicada en Renania) lo tenía claro: «Este siglo será el más extraño, ya que todos los hombres estarán locos por sí mismos y se destruirán unos a otros». Pero el velo rasgado del tiempo al que pudieron acceder casi todos estos videntes no llegó hasta el siglo XXI. ¿O sí? Dejando de lado la fecha del 2012, que bastantes artículos ya ha generado al respecto, me voy a referir a los «otros Nostradamus» y a los demás años que están señalados en el calendario gregoriano con un asterisco rojo, muestra de un eventual peligro que puede sobrevenir a la humanidad o al planeta entero. Por lo general, en casi todos los pronósticos apocalípticos que se hacen sobre lo que nos espera en este siglo, dentro de un futuro más bien próximo, se mencionan desde cuerpos celestes que chocarán contra nuestro planeta (los nombres varían de Hercólubus, Marduk, Ajenjo, Nibiru, Ersis…) hasta la inversión de los polos magnéticos y geográficos de la Tierra, pero dos son los temas que suelen ser más recurrentes, morbosos e inquietantes: la tercera guerra mundial y los tres días de oscuridad. El filósofo Oswald Spengler, fallecido en 1936 y autor de La decadencia de Occidente, sostenía que el final de toda civilización importante está marcado por tres grandes guerras. Es lo que se ha denominado la «Conjetura de Spengler». Para nuestra civilización, la primera de éstas habría sido la de 1914-1918. «Como la misma generación no puede emprender dos guerras sucesivas, y como son necesarios veinticinco años para formar una generación, la segunda guerra mundial comenzará en 1939. Esto no aportará ninguna solución definitiva, y ello es natural, porque debe esperarse a la tercera guerra. Solamente entonces habrá solución. Esta guerra la preveo para 1964». Spengler se equivocó en la fecha, pero al menos utilizó su raciocinio y su deducción para intuir lo que podría pasar. Otros han usado su clarividencia para lo mismo. Eso sí, casi nunca se ponen de acuerdo en los países que van a intervenir, ni en las fechas ni el número de víctimas, aunque sí en las consecuencias catastróficas que se derivarían… (Continúa en AÑO/CERO 244).