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Hemeroteca :: Edición del 01/12/2010 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 24/11/2010@09:16:38 GMT+1
Han pasado muchos años desde que un equipo de esta revista, comandado por el recordado doctor Jiménez del Oso, partimos hacia el norte de Pakistán para visitar uno de los lugares más sorprendentes del planeta: el Valle de Hunza, un espejismo salido de las Mil y una noches rodeado de cordilleras que superan los 8.000 metros. Y es allí donde, como reflejaba en un interesante reportaje nuestro colaborador Alberto Borrás, ocurría algo inaudito. Así se desarrolló aquella investigación…
A principios de siglo –XX–, el general de división sir Robert Mc Carrison, cabeza de la Agencia de Investigación de Nutrición del Gobierno Imperial de la India y luego médico de Jorge V, estuvo destacado durante su juventud en el departamento de Gilgit, el puesto más cercano al Valle de Hunza. Mc Carrison sentía gran curiosidad por la excepcional salud y longevidad que sus habitantes –los hunzakut– mostraban en comparación con otros pueblos montañeses similares. Años más tarde, ya en Bombay, estuvo alimentando ratas con las dietas usuales de los distintos pueblos de la India. Las ratas nutridas a base de las dietas Sikhs y Pathan crecían más sanas que las bengalíes, las mahrathis o las kannareses, pero las ratas de Hunza no sólo eran las mejores, sino también las que alcanzaban mayor edad.

Mc Carrison creyó haber hallado el secreto de la longevidad que se alcanzaba en esta región. Pero aún hay un punto adicional a considerar. Ciertamente esta dieta era muy sana, pero como estaba confeccionada con alimentos adquiridos en los mercados de Bombay, los resultados sólo reflejaban parte del enigma. Tenía que haber otros factores, pues otros pueblos vecinos –cuyas dietas debían de ser, lógicamente, similares–, no estaban tan sanos como los hunzakut. Mc Carrison descubrió y divulgó esta peculiaridad de Hunza, y fue a partir de la publicación de sus trabajos cuando los investigadores se empezaron a interesar por este pueblo tan sano. Hasta hace unas décadas, el dificilísimo acceso a esta región, que requería un penoso viaje entre montañas atravesando impresionantes puentes colgantes hechos con cuerdas de pelo de cabra, convertía cada viaje en una arriesgada aventura.

Los extraordinarios Hunzakut

Se dice que son descendientes de soldados griegos o macedonios y sus mujeres persas, que se establecieron allí trescientos años antes de Cristo. Es posible que el relato de Kipling El rey de Kafiristán, que ha sido llevado al cine en la genial película de Houston El hombre que quiso reinar se inspirase en Hunza. Los pueblos vecinos, como afganos y patanes, son de origen ario, en ocasiones con unas gotas de sangre mongola o turcomana. Sin embargo, el aspecto físico de los hunzakut, descartando en algunos ese toque turcomano, es típicamente mediterráneo como los campesinos de cualquier pueblo de Castilla o de la costa mediterránea. Los habitantes de Hunza son ismaelitas –el único pueblo ismaelita de aquellos contornos– la rama más progresista del Islam, sobre todo en lo referente a la mujer, siendo su jefe espiritual el Aga Khan. Su lengua es el burushaski, de raíces desconocidas, ni arias, ni turcomanas.
(Continúa la información en revista ENIGMAS 180).
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