El tesoro del lago Toplitz
Última actualización 17/03/2011@12:32:53 GMT+1
En el año 1945 varios testigos aseguraron participar en una escaramuza junto a varios soldados de las SS, con la finalidad de llevar unas enormes cajas a las orillas del lago Toplitz. Pero al día siguiente ya no estaban allí; ni los soldados, ni las cajas…
No es muy profundo, apenas sobrepasa los 100 metros. Pero sus aguas heladas y oscuras, así como su fondo cenagoso, lo hacen casi impenetrable. La leyenda asegura que los nazis escogieron el lago Toplitz, a 98 km de Salzburgo, en plenos Alpes austríacos, para depositar en su fondo todo el oro que habían atesorado como botín de guerra. Otros aseguran que contiene documentos que demuestran que los activos confiscados a las víctimas judías se encuentran escondidos en cuentas de bancos suizos. Tales rumores han atraído a unos cuantos “cazatesoros”, pero desde que en 1963 un aventurero llamado Adolf Egner muriera ahogado en sus aguas, las autoridades austríacas prohibieron bucear en ellas. En 2002 se autorizó a dragar el fondo del lago y se extrajeron toneladas de lodo. No obstante, más de medio siglo después, el enigma todavía perdura. Toplitz no es un lago de vastas proporciones, pero sus aguas parecen inexpugnables. A tan sólo diez metros de profundidad, la luz del Sol desaparece; por debajo de los 30 m el agua está casi en estado de congelación y a los 110 m el fondo cenagoso comienza a ser visible. La vida allí no existe, pues sus aguas apenas tienen oxígeno. La ausencia de aire provoca que los objetos no se corrompan ni oxiden. Adolf Hitler escogió un reducto inexpugnable en los Alpes austríacos para enviar a sus colaboradores y buena parte de sus tesoros saqueados por toda Europa tras el imparable asedio ruso durante la II Guerra Mundial, que presagiaba una probable derrota germana. Uno de esos lugares era la residencia del Führer en Obersalzberg, a unos 120 km al sureste de la ciudad de Berchtesgaden. Se trataba de una poderosa casa mirador con paredes de un metro de espesor construida sobre una montaña a más de 1.800 m de altura y a la que sólo se podía acceder mediante un elevador. Esta fortaleza era la última esperanza de las fuerzas del Tercer Reich por sobrevivir. Ya a finales de la contienda bélica, el asalto de la unidad paracaidista 101 americana descubrió en aquel búnker decenas de obras de arte de incalculable valor, entre las que se rumorea que estaba la famosa cámara de ámbar del palacio de Catalina en Rusia, así como el lugar exacto donde fue enterrado por los alrededores un botín mucho más importante: cientos de lingotes dorados pertenecientes al oro nazi. Una carta escrita en 1972 por un ex soldado de las SS y localizada por el investigador Hans Fricke, hace referencia a que el preciado metal fue arrojado en una parte del lago donde poco después los alemanes hicieron explotar una gran parte de la pared de roca que sepultaría aquel tesoro. “Donde está el oro habrá solo una profundidad de 94 m y no de 107 como tiene todo el lago”, se señala en el documento. (Resto del artículo en ENIGMAS Nº 180). Javier Ramos