Última actualización 21/12/2010@08:47:54 GMT+1
Es muy posible que mientras escribo estas líneas se esté produciendo un nuevo descubrimiento arqueológico sensacional. Sólo hay que consultar Internet a diario para comprobarlo. Y eso sin tener en cuenta las excavaciones clandestinas que todas las noches realizan los huaqueros en Latinoamérica y los ladrones de tumbas en el resto del mundo.
Tan viejo como el hombre es su preocupación por encontrar un lugar donde sus restos mortuorios puedan descansar en paz y para siempre, sin que su cuerpo ni sus pertenencias sean profanados. Pocos lo consiguen. A veces el destino juega una mala pasada a sus momias y a sus huesos y se pierden en algún ignoto lugar de la geografía donde las únicas pistas que tenemos son las leyendas.
Da vértigo pensar todo lo que nos queda por descubrir en materia de tumbas arqueológicas o lo que nunca llegaremos a saber ni a sospechar sencillamente porque ya han sido destruidas o están en zonas demasiado ocultas. Pero, aún así, cada vez tenemos más datos que nos hacen pensar en cantidad de cámaras funerarias que están por ver la luz y que, de alguna manera, ya están localizadas geográficamente esperando el momento justo para dar a conocer su contenido fabuloso.
Las grandes tumbas perdidas del mundo egipcio
Siempre habrá retos míticos para un historiador y un arqueólogo como es encontrar algún día la tumba de Alejandro Magno, la de Gengis Khan o la de Almanzor, por poner tan sólo tres ejemplos. Si nos vamos a Egipto hay incluso un catálogo de tumbas de grandes personajes —no todos son faraones– que aún no se han encontrado, tanto en el Valle de los Reyes como en el Valle de las Reinas o en alguna necrópolis vecina. Por no hablar del fastuoso laberinto de Hawara, descrito por Estrabón y Heródoto, situado en el lago Moeris, cercano al oasis de El-Fayum, que contendría las tumbas de los doce primeros reyes de la primera dinastía. Encontrar una sola de esas 12 tumbas sería un pasaporte para la posteridad. No son las únicas. En total hay unas 20 tumbas reales o sepulcros por localizar que actualmente están en algún lugar desconocido del Valle de los Reyes, como ocurre con las de Amosis, Amenofis I y Tutmosis II. Y todavía no ha aparecido ninguna de las tumbas de las reinas de la XVIII dinastía. Como ven, son muchas las que están en su turno de espera, siendo algunas de las más destacadas las siguientes:
n La tumba perdida de Amen-Hotep I, (1400 a.C.), hijo de Hapu y mano derecha de Amenofis III.
n La tumba perdida del sacerdote Hery-Hor –muerto en el 1070 a.C.–.
n La tumba de Ramsés VIII, la única de la Dinastía XX que no se ha localizado. Según unas declaraciones de Zahi Hawass, será el próximo descubrimiento verdaderamente importante en el Valle.
n La que está a punto de encontrarse –dicen– es la tumba de Cleopatra y de Marco Antonio en el templo de Abusiris, cerca de Alejandría, después de cinco años de excavaciones por parte de la arqueóloga dominicana Kathleen Martínez.
Aunque el santo grial de las tumbas egipcias sería el hallazgo de la tumba de Imhotep, el arquitecto, médico y visir del faraón Zoser, de la III Dinastía. En 2008 la misión Saqqara Geophysical Survey Project, dirigida por el arqueólogo escocés Ian Mathieson, halló dos tumbas de grandes proporciones en la pirámide escalonada de Zoser, pero no ha trascendido nada más. Se habla de que en su tumba podría encontrase de todo, incluso un gran libro de papiros que sirvió a Imhotep para adquirir todos sus vastos conocimientos. El misterio que rodea al hallazgo de su tumba ha sido llevado a la literatura por el eslovaco Philipp Vandenberg en la novela El complot de los faraones.
El misterioso túnel de Seti I
Al final de la tumba de Seti I –la tumba KV17, la más decorada de todas del Valle de los Reyes–, existe un misterioso pasadizo descendente cuyo final ha mantenido en jaque ha investigadores durante dos siglos. Es un túnel profundo, peligroso y claustrofóbico. En 1817, fue Belzoni el primero en tratar de desentrañar el enigma. Retirando toneladas de escombros, el italiano logró avanzar 90 metros, pero se vio obligado a desistir ante el riesgo que entrañaba la empresa.
En la década de los 60, fue el jeque Alí Abd el Rassul quien tomó el relevo. Ayudado por decenas de trabajadores, consiguió avanzar hasta los 137 metros, pero el pasillo no parecía tener fin. Zahi Hawass, director del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, se empeñó en acabar con el enigma y decidió continuar con el desafío en el año 2007. Tras casi tres años, en junio de 2010 dieron por terminada su tarea. Recorrieron un total de 174,5 metros de dicho túnel excavado en la roca. ¿Qué había al final? Unas teorías hablaban de que el pasadizo llevaría hasta una cámara secreta con tesoros del faraón o su verdadero enterramiento, pues hasta el momento no se han encontrado objetos del ajuar funerario, a excepción del bellísimo sarcófago y también el cuerpo del rey, descubierto en excelente estado –para ser una momia– en Deir el Bahari en 1881.
Los resultados finales han sido un poco decepcionantes. Tras alcanzar el final del tramo excavado, los arqueólogos egipcios se han encontrado con otro pasadizo descendente de unos 25 metros de longitud, de apenas dos metros y medio de ancho, así como una escalinata compuesta por 54 escalones. Al parecer, según ha explicado Hawass, este pasadizo cuenta con una falsa puerta en la que puede leerse un texto en hierático que dice: “Subir la jamba de la puerta y hacer el pasaje más ancho”. El experto ha explicado que el túnel termina de forma abrupta en ese punto y su explicación oficial es que la muerte de Seti I debió interrumpir los trabajos en la tumba por lo que no se pudo dar una funcionalidad completa al túnel. ¿Es el final de un misterio que ha durado casi 200 años? Lo extraño es semejante esfuerzo constructivo para nada…
(Continúa la información en ENIGMAS 181).
Jesús Callejo