Fenómenos inexplicables en un mítico enclave malagueño
Última actualización 21/12/2010@08:48:18 GMT+1
Mado MartínezA mitad de camino entre la leyenda y la crónica de sucesos, lo ocurrido en esta finca andaluza extiende su fama a través del tiempo, sin permitir que su atormentado recuerdo caiga en el olvido. Hacía varios años que la periodista Cristina Candela no regresaba a este lugar; no se atrevía. Sin embargo, recientemente, varios amigos y aficionados –como ella– a la búsqueda del misterio, la convencieron para participar en una investigación que le hizo recordar por qué no había querido volver a aventurarse entre las siniestras paredes de aquel cortijo…
Noche cerrada de noviembre. Un grupo de investigadores, liderados por la periodista Cristina Candela, recorre las estancias ruinosas del Cortijo Jurado sorteando escombros. La acompañan Claudio Díaz y David Mulé, entre otros. El vaho que sale de sus bocas viaja brevemente por el aire hasta disipar su figura fugaz.
Durante la exploración rutinaria del lugar, Candela dispara su Nikon D–90 hacia una de las ventanas desde el interior de una de las estancias superiores. Ella y una amiga observan en el display que una especie de éter verde surge en la fotografía. Les parece raro. Cristina vuelve a disparar y de nuevo aparece el éter, esta vez desplazado. ¿Se ha movido algo ahí? Sea lo que sea, ellas no ven nada en la ventana, sólo a través del display de la fotografía. Deciden ir a la planta de abajo para colocar los equipos de investigación y proceder a la recogida de posibles pruebas de actividad paranormal. Analizarán el material fotográfico más adelante, con la ayuda de expertos como Guillermo Núñez. Sin embargo, antes de bajar las escaleras, ocurre lo inesperado: «Creo que me está vibrando el móvil o algo en la mochila». Lo dice su amiga. Lleva a la espalda una mochila rígida de tirantes gruesos. David Mulé observa la escena detrás de ellas, atónito. La vibración que está notando su compañera en la espalda no es debida a ningún móvil, sino al ruido de las gruesas cremalleras de la mochila que se han abierto solas.
«¡Se te ha abierto la mochila!», exclama Mulé, mientras en un gesto instintivo se aventura a cerrarlas nuevamente… (Continúa en AÑO/CERO 245).