De hijos de Caín a protectores de María Magdalena
Última actualización 26/01/2011@10:48:39 GMT+1
Jaime BarrientosLas expulsiones de centenares de gitanos –recientemente en Francia y antes en Italia, entre otros países– ha colocado en un triste primer plano de actualidad a esta etnia vilipendiada, temida y, probablemente por ello, esclavizada y masacrada a lo largo de los siglos. Relacionados desde antaño con la magia y las ciencias ocultas, los gitanos se han movido en un mundo de sombras, que afecta incluso a su propio origen, incierto como su futuro. Egipto, India… Su cuna se ha asociado también con la raza de Caín o se les presupuso descendientes de Cam –uno de los tres hijos de Noé– y hasta de Tubal, Señor del Fuego, de la forja y los metales.
Desde que me inicié en la profesión periodística de la mano de la revista de sucesos El Caso, han sido muchas las ocasiones en las que he escrito reportajes sobre la raza gitana y he llegado a convivir con algunos de sus miembros tanto en España como en Portugal y, más recientemente, debido a mi colaboración con una ONG, con los provenientes de Rumanía y Bulgaria. En todos los casos, salvo en aquellos en los que se avergonzaban de sus orígenes, he podido comprobar su orgullo de ser quienes son y su amor por el pasado y las tradiciones, pero también un sano desprecio por el futuro personal y un deseo de vivir sólo el presente. Conectados de una manera mágica con la Tierra y los Elementos, como ya sólo ocurre entre los pueblos indígenas de América, del Africa profunda y con los aborígenes australianos, no me asombró el comentario hecho hace unos años por varios educadores de lo que entonces era el centro de Acogida de Menores de la Santa Faz, en Alicante: «Cuando vemos especialmente nerviosos a los niños gitanos, miramos la posición de la Luna. Y no falla: está Llena…».
Casualidad o causalidad, no es de extrañar entonces su predilección por los personajes míticos femeninos, como Sara Kali o las Saintes Maries de la Mer, íntimamente conectadas con el satélite terrestre, la Gran Madre y la fertilidad… (Continúa en AÑO/CERO 246).