Última actualización 22/02/2011@09:39:20 GMT+1
Enrique de Vicente
Lo ocurrido en Egipto ha tenido un simbolismo trascendente y un impacto poderoso en el inconsciente colectivo. Por eso hemos seguido con tanto interés lo que allí sucedía, mientras que apenas despertaron expectación revueltas en otros países de similar importancia geoestratégica.
Egipto es la cuna de la tradición judeo-cristiana, a la que viajaron o de la que salieron Abraham, José, Moisés y Jesús. Allí encontramos las semillas de nuestros símbolos y creencias fundamentales, como la cruz ansata, el dios Osiris asesinado y resucitado, o Isis amantando a Horus como luego lo hará María con Jesús. Los grandes hombres de Grecia tuvieron maestros egipcios y de ellos tomaron la sabiduría con la cual parieron la civilización occidental. También están allí las raíces del esoterismo y la alquimia (término derivado del nombre demótico de Egipto, kmi). Y la bandera egipcia agitada por los manifestantes reúne los colores de la Gran Obra alquímica: oscuridad (nigredo), combate (rubedo) y triunfo (albedo). En su centro hay un halcón dorado –rememorando el vuelo del iniciado transmutado en oro–, símbolo de Horus, joven héroe guerrero e iniciado, que ha triunfado sobre Seth, el malévolo rey del caos. Como lo han hecho los jóvenes egipcios, comportándose como verdaderos héroes –frente a la villanía de sus rivales– y dando al mundo un ejemplo inesperado de revolución pacífica, valiente, apartidista y eficaz. En una simbólica Plaza de la Liberación, corazón de Al-Qahira, la Victoriosa, nombre que la ciudad tomó del Marte subyugador (planeta de Horus). Así, El Cairo se ha convertido en la capital del combate y la victoria, como reflejo en la Tierra de una batalla que se libraba en otros planos, conectados con la Gran Pirámide. Si en la construcción de El Cairo se utilizaron bloques de ésta, no fue obra de ignorantes, sino del mismo impulso que llevó a sus ancestros a construir los nuevos templos sobre los bloques y emplazamientos de los antiguos.
No ha sido una revolución política sino una revolución de las conciencias. Y tendrá repercusiones en el resto del mundo. Porque los textos herméticos señalan que «Egipto es una imagen del cielo, el templo del Cosmos en su conjunto», y añaden: «como es arriba es abajo, como es adentro es afuera».