Los sorprendentes orígenes de la «solución final»
Última actualización 27/04/2011@08:02:49 GMT+1
Óscar HerradónUna de las mayores obsesiones de algunos jerarcas nazis, principalmente de Himmler, el líder de las temidas SS, fue hallar pruebas de la existencia de un continente o isla perdida, para corroborar la delirante teoría de que la raza aria tenía una procedencia divina que la convertía en superior al resto de los mortales. Óscar Herradón sigue la pista de esa búsqueda incesante, que recoge en su libro «La Orden Negra. El ejército pagano del Tercer Reich» (EDAF, 2011), del que ofrecemos el siguiente extracto.
1de julio de 1935. Cinco eruditos se reúnen con Heinrich Himmler –el líder de las temidas SS, también conocidas como Orden Negra– en el cuartel general de dicha organización. Representan a Walter Darré, dirigente de la Oficina de Raza y Reasentamiento (RuSHA) y Ministro de Alimentación y Agricultura del Reich, cuyas ideas paganistas tenían en el líder de dicha orden a un auténtico devoto.
Himmler ya había levantado en la localidad alemana de Wewelsburg el centro místico de sus SS. Pero ahora pretendía crear un instituto de investigación que recuperase las huellas del pasado «glorioso» de Alemania. Darré compartía su entusiasmo en la creación de dicho centro. A esa secreta reunión también había sido invitado Herman Wirth, uno de los historiadores más populares de Alemania, cuyas heterodoxas teorías comulgaban con las extravagantes ideas de Himmler.
Tras horas de apasionado debate, aquellos hombres decidieron fundar la Ahnenerbe (Herencia Ancestral Alemana). Wirth sería su presidente y Himmler asumiría el control del Consejo de Administración. Su objetivo aparente era «fomentar la ciencia de la antigua historia intelectual». El verdadero: crear mitos que apoyasen los postulados del nacionalsocialismo y posterior exterminio, en pos del fortalecimiento y expansión de la «nación aria».
Himmler convirtió al instituto en parte integrante de su Orden Negra, y a finales del otoño la Ahnenerbe ya poseía su propia sede y sus oficinas en dos lujosos edificios de Berlín. Pronto el Instituto tendría sus bibliotecas, talleres y grotescos museos. Además, Himmler lo dotaría de amplios fondos para la investigación en el extranjero.
Sabemos que llevaba tiempo buscando un sistema de creencias que ocupara el lugar del cristianismo en el Tercer Reich. Para potenciar una nueva religión de tintes paganos, los investigadores de la Ahnenerbe debían descubrir todos los vestigios que pudieran sobre las tribus germánicas y sus antepasados arios. Las tribus de Germania apenas habían dejado constancia escrita de sus ancestrales creencias y prácticas sagradas. Por otro lado, la obra de Tácito sobre este pueblo dejaba mucho que desear, pues el autor no tuvo un contacto directo con aquellos «bárbaros». Las ideas de personajes como List, Liebenfels o Sebottendorff, de los que Himmler era admirador, influyeron poderosamente en los miembros de la Ahnenerbe… (Continua en AÑO/CERO 250).