Última actualización 23/08/2011@08:31:41 GMT+1
ENIGMAS
Este mes iniciamos un largo viaje por algunos de los lugares más fascinantes de la Tierra, allí donde una humanidad ignota dejó parte de su conocimiento adherido a la piedra, usando para ello técnicas constructivas que se nos escapan. Porque hoy día atendemos al pasado con evidente soberbia, sin apreciar que entonces, y solo entonces el hombre manejó unos saberes imposibles cuyas evidencias todavía podemos atisbar…
Todavía hoy nos maravillamos ante las construcciones de la antigüedad, iconos del pasado que seguimos evocando cientos y miles de años después. Unas construcciones que fascinan y humillan al más soberbio. Y continúan las eternas preguntas: ¿cómo realizaron aquellos portentos? Teorías e hipótesis, muchas; pero son eso, teorías e hipótesis sobre las que se cincelan argumentos. Porque el portento persiste y los ignorantes callamos.
No sé si algún día sabremos con toda seguridad quién y de qué modo realizó alguna de las obras que veremos en este reportaje, pero lo que sí hemos de hacer notar son las semejanzas arquitectónicas que se dan en monumentos dispersados por todo nuestro planeta, por algún motivo que se nos escapa.
Separadas miles de kilómetros se encuentran estas construcciones del pasado que más bien parecen del futuro. Son construcciones monstruosas, las más grandes de todo el planeta; las más grandes sí, y también las más perfectas. Estas construcciones, que son similares y que se encuentran alrededor de todo el globo, fueron elevadas con una técnica y acabado perfectos, y alrededor de las cuales siempre oía la misma afirmación: “No cabe una hoja de afeitar entre sus juntas”. Creo que es preceptivo mostrar de forma clara estos lugares y prestar atención al trabajo de cantería en ese pasado remoto. Aquellos antiguos constructores manejaron la roca de una forma singular. Para el arqueólogo quizás se trate de una coincidencia práctica; para el antropólogo quizás de un desarrollo mental similar en los constructores; pero para ingenieros o arquitectos no deja de ser un despropósito absurdo. Creo que no podemos pasar por alto este estilo constructivo tan peculiar y tan extendido donde los bloques son cortados de forma caótica y aleatoria, encajando perfectamente a modo de colosal puzle. A priori cortar un sillar de forma cúbica es lo más práctico. Imaginemos lo que supone cortar de forma dispar un bloque y hacer que los demás vayan encajando con los adyacentes de forma perfecta. La planificación y complejidad que supone eso es absurda y gratuita, tal y como muchos ingenieros sostienen.
En los últimos años he podido ver con mis propios ojos lugares que, como mostraremos a continuación, esconden en sus cimientos una construcción que no encaja con lo que encima se ha levantado. Y es que aquellos sitios que todavía desafían a la historia y a la razón, son aquellas obras que generan más dudas sobre su legítimo origen.
En este artículo las fotografías van a hablar por sí solas. Aun así, recorramos alguno de los enclaves más significativos de este planeta, en busca de esa conexión de piedra…
Egipto, ¿donde todo comienza?
Egipto es quizás el ejemplo más majestuoso del alcance constructivo en la antigüedad. Es toda una experiencia recorrer la meseta de Gizeh, o los alrededores de El Cairo, encontrándose con los mayores monumentos de la antigüedad. Quizás hoy día, tras el paso de los milenios, no seamos realmente conscientes de lo que ahí estamos viendo; los avatares de las épocas han derruido, erosionado o destruido en muchos casos estas obras faraónicas, pero con leve esfuerzo podremos remontarnos a tiempos pretéritos y ver dichas construcciones en todo su esplendor. Si hoy día enmudecemos ante esta civilización, no puedo casi ni atisbar cómo sería en todo su apogeo.
Siempre me detengo a observar esas muy notorias diferencias constructivas entre los diferentes monumentos de esta civilización, pues es ahí donde radica el misterio que tantos ríos de tinta ha hecho correr. Estas construcciones difieren a otras de forma muy evidente. Muchas veces, sin darle importancia, se menciona que simplemente se utilizaron diferentes materiales y que el fino acabado se debió a una época donde se contaba con más recursos. No se trata solo de bloques más grandes, sino de materiales mucho más duros. Y no solo eso, porque lo más importante es el acabado y encaje de ellos. Algunos ejemplos los podemos observar en el templo que hay junto a la Esfinge, en Gizeh; o el Osirión, bajo el templo de Seti I en Abydos; y sobre todo las cinco pirámides de la IV dinastía, atribuidas a los faraones Snefru, Keops, Kefrén y Micerinos. Cuántas discusiones han generado estos monumentos. Cientos de teorías han tratado de explicar el trabajo de los antiguos canteros, pero creo que el problema es que habitualmente, para tratar de explicar el procedimiento que se usó en estos portentos arquitectónicos, se utilizan argumentos, fotografías, técnicas, papiros, marcas de cantería, grabados e incluso maquetas, que se han encontrado pero que corresponden a épocas muy posteriores del Imperio Medio y Nuevo egipcio, periodos donde efectivamente quedaban perfectamente reflejadas todas las actividades diarias de esta cultura. Pero este extremo no se da en el Imperio Antiguo, donde los datos acerca de estos monumentos son escasos. No podemos tratar de esclarecer y hablar de técnicas de dicho periodo utilizando la información que dejaron constructores muchos siglos –e incluso milenios– después de la erección de estas maravillas.
Todavía recuerdo con asombro cuando me presenté ante la excepcional pirámide acodada en Dashur. Esta pirámide, más apartada de ese maravilloso mirador que es la meseta de Gizeh, es una de las que más me han impactado. Esta, para algunos, imperfecta pirámide, mantiene gran parte de su revestimiento original de caliza. Y todavía hoy podemos maravillarnos con la perfección de dicho revestimiento, increíblemente pulido y encajado, que sin ninguna duda hace milenios debía de ser un gran espejo que reflectaba la potente luz hacia los cielos. Esta pirámide es uno de los ejemplos más evidentes de fantástica técnica constructiva. Curiosamente junto a ella se erige un templete con una estela donde el faraón Snefru hace esa pirámide suya. Pero es que tal templete está hecho de pequeños ladrillos de adobe, que nada tienen que ver con los colosales bloques de caliza y granito de la pirámide. ¿Puede ser que el gran faraón que construyó ese portento hiciera su templo anexo de barro?
(Continúa la información en ENIGMAS 190).
Diego Cortijo Fernández