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Hemeroteca :: Edición del 01/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Miguel Blanco nos narra su anunciada experiencia al borde de la muerte

Miguel Blanco

Última actualización 23/08/2011@08:42:50 GMT+1
AÑO/CERO

Prácticamente no existe país de la Tierra que no haya pisado Miguel Blanco, conocido por su faceta de director y presentador del programa radiofónico “Espacio en Blanco” (Radio Nacional de España). En su nueva obra, “Otros Mundos” (Palmyra, 2011), de la que extractamos el siguiente reportaje, relata sus aventuras por medio planeta en busca de pistas y restos de civilizaciones desaparecidas, cuyos dioses, según diversas tradiciones, provenían de las estrellas. En esta ocasión, una experiencia de «casi muerte» lo lleva a descubrir una de las zonas más misteriosas de la nación inca…
Guelín me había recibido y, como era su costumbre, me llevó a comer a su barucho preferido. Pidió la cena, que estaba tan espantosa como siempre, y desapareció durante una hora. En su ausencia, mal comí, me inflé de refrescos para matar el calor sofocante de la noche haitiana y esperé a que llegara mi anfitrión. Cuando volvió, y tras un buen rato preguntándole sobre los motivos de su ausencia, conseguí que me contara que aquello era un puticlub haitiano y que me había abandonado para dar rienda a sus pasiones con aquellas muchachas huidas de la miseria. A mí no se me acercaron. No sé si sería por mi cara de blanco o porque notaron que yo no tenía costumbre de visitar esos lugares y no querían perder el tiempo.

Guelín era todo un personaje en Haití. La gente le respetaba, no sé si por el dinero que manejaba –el que me sacaba cada vez que visitaba el país– o por su cargo. Era un brujo, un houngan de la religión haitiana; el segundo con más poder de la isla, según me habían dicho. Junto a él había vivido intensas aventuras. Desde estar a punto de morir a causa de las balas de un asustado militar (cuando una noche, sin darme cuenta, me salté uno de los controles de seguridad), hasta mi visita al famoso diablo de Haití. Desde esos lejanos años se había convertido en mi amigo y compañero de aventuras en aquella nación.

Me había desplazado hasta Haití tratando de localizar de nuevo al diablo que había tenido la oportunidad de contemplar tiempo atrás. Y esperaba que Guelín pudiera ayudarme a conseguirlo. De aquel episodio hacía más o menos seis años. Entonces, era la primera vez que visitaba el país, y ese diablo apareció en mitad de una ceremonia de invocación y adivinó hechos de mi vida pasada y de mi futuro.

Me impresionó tanto la experiencia, la exactitud de sus vaticinios, que durante muchos, muchos años, cada vez que cerraba los ojos volvía a ver la sala oscura y la caja de la que surgió aquel ser deforme y enano. Con una voz gangosa me dijo lo siguiente: «Cuídate, cuídate mucho, vas a tener una enfermedad muy grave en los pulmones que va a estar a punto de llevarte a la muerte; perderás tu casa y tu trabajo y llegarás a sentir lo que es la desesperación. Nadie podrá ayudarte ni evitarlo, te esperan tiempos duros y sufrimiento, mucho sufrimiento». Eso fue lo que me vaticinó entonces. Nunca olvidaré aquellas palabras proféticas… (Continúa en AÑO/CERO 253).

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