Reflexiones y testimonios sobre las experiencias de muerte compartidas
Última actualización 21/09/2011@09:27:22 GMT+1
AÑO/CERORaymond Moody y Paul PerrySi Vida después de la vida marcó un hito en relación a la investigación de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), «Destellos de eternidad» (Ed. Edaf) va mucho más allá al narrar las experiencias sobrenaturales de personas que acompañaron a familiares o amigos en sus últimos momentos, lo que Raymond Moody –conjuntamente con Paul Perry– define como experiencias de muerte compartidas. A continuación, les ofrecemos un breve extracto de este impactante libro, que seguro habrá de convertirse en un nuevo referente en los estudios futuros de este misterioso fenómeno.
La doctora Jamieson era una profesora muy respetada, hasta tal punto que a mí me dio algo de apuro que me hubiera encontrado leyendo un artículo sobre lucha libre en una revista para hombres. Intenté ocultar la revista, pero la verdad del caso era que a la doctora Jamieson no le importaba. Me dijo que su madre había muerto hacía poco y que, durante su muerte, había sucedido una cosa que ella no había visto en mis investigaciones ni había oído contar a nadie más…
Me pidió con amable insistencia que la acompañara a su despacho para poder contarme en privado lo sucedido. Cuando estuvimos a solas, me relató un caso como ningún otro que hubiera oído. «Para empezar, he de decirte que no me crié en una familia religiosa –me dijo–. Esto no quiere decir que mis padres estuvieran en contra de la religión; sólo que no tenían opiniones al respecto. A consecuencia de ello, yo no pensé nunca en la otra vida, pues no era un tema del que se hablara en nuestra casa».
«En todo caso, hace cosa de dos años, mi madre sufrió un paro cardíaco. Fue inesperado y le sucedió estando en casa. Yo estaba de visita, casualmente, y tuve que practicarle la reanimación. ¿Te imaginas lo que es hacer la reanimación con el boca a boca a tu propia madre? Ya resulta bastante difícil de por sí con un desconocido, pero me resultaba casi inconcebible hacérselo a mi propia madre».
«Seguí trabajando con ella mucho tiempo, media hora quizá, hasta que comprendí que todo esfuerzo era inútil y que estaba muerta. Entonces, lo dejé y recobré el aliento. Estaba agotada, y puedo decir con sinceridad que todavía no había asumido que me había quedado huérfana».
De pronto, Jamieson sintió que ascendía, saliendo de su cuerpo. Advirtió que estaba por encima de su propio cuerpo y del de su madre muerta, contemplando la escena desde arriba, como desde un balcón. «Estar fuera de mi cuerpo me desconcertó –añadió–. Mientras intentaba orientarme, me di cuenta de pronto de que mi madre flotaba conmigo, en forma de espíritu. ¡Estaba a mi lado!».
La doctora Jamieson se despidió tranquilamente de su madre, que sonreía y parecía muy contenta, en contraste con su cadáver, que estaba en el suelo. Entonces, Jamieson vio otra cosa que la sorprendió: «Miré hacia el rincón de la habitación y advertí que había una grieta en el universo de la que manaba luz a borbotones, como el agua que sale de una cañería rota. De aquella luz salían personas que yo conocía de años atrás, amigos de mi madre difuntos. Pero también había otras personas a las que yo no reconocí, aunque supongo que eran amigos de mi madre a los que yo no había conocido»… (Continúa en AÑO/CERO 254).