Al servicio de la investigación criminal
Última actualización 21/09/2011@09:24:11 GMT+1
ENIGMASNo son pocas las ocasiones en las que nuestros cuerpos de seguridad han acudido a las “percepciones” que determinados individuos aseguran tener, para resolver casos que permanecen pendientes de solución; esos para los que no parece haber una salida, salvo cuando en escena aparecen personajes como los que ahora nos ocupan y que se recogen en el libro Expedientes del Misterio (Libros Cúpula, 2009), de Bruno Cardeñosa.
Greta Alexander, de profesión detective… psíquico.
Diciembre de 1982. Alton, Ilinois (Estados Unidos). La joven Mary Lou Cousett desaparece sin dejar rastro. Se rumorea que la relación entre ella y su novio atravesaba serios problemas. Este hecho y una serie de contradicciones en el testimonio del muchacho obligan a la policía a actuar contra Stanley Holliday, el compañero sentimental de la desaparecida. Como medida de prevención es detenido. Sin embargo, pasan los días, pasan las semanas…
Stanley, finalmente, quedó en libertad sin cargos. Aparentemete, el caso entraba, en ese momento, en un callejón sin salida. Sin embargo, la investigación iba a dar un sorprendente giro.
Abril de 1983. Mary Lou llevaba 150 días desaparecida. Su familia, convencida de la culpabilidad del novio, intentó acudir a una técnica poco ortodoxa.
El agente Robert Dubois se convertiría a la vez en investigador psíquico. Y es que en ese momento aparece en escena una vidente que responde al nombre de Greta Alexander. Ella vive en el mismo Estado de Illinois y ha participado en decenas de casos policiales. Al parecer, con éxito. Sin embargo, hasta ese instante no se había hecho una investigación en condiciones de esta mujer, misión que finalmente recaerá en la figura de Dubois. En primera instancia, su objetivo era, por supuesto, encontrar a la desaparecida. Pero, en segundo término, debía establecer mediante técnicas científicas si Alexander era una verdadera detective psíquico.
Greta viajó entonces hasta Alton, donde efectuó su trabajo según un procedimiento habitual en ella: tomar prendas de la joven y analizarlas. Además, también se hizo con objetos personales de la muchacha. Es como si quisiera impregnarse de la energía que desprenden, como si esos objetos le revelaran los secretos íntimos de quien fue su dueña, un fenómeno conocido por el nombre de telemetría.
Utilizando sus presuntos poderes psíquicos intentó aclarar el caso. Al tiempo, Dubois llevó un registro meticuloso de todos los pasos de Greta. Y es que la vidente ofreció un total de 24 indicios que, según ella, conducirían a la policía hasta el cuerpo, sin vida, de Mary Lou Cousset.
Y es que lo primero que dijo es que estaba muerta. Acto seguido, con su particular técnica, Greta intentó localizar a la víctima, para lo cual solicitó un mapa de la zona. Con la yema de sus dedos lo analizó durante horas, tocando toda la superficie, como esperando que cada cuadrante le dijera algo, pero no lo miraba ni observaba. En realidad, es como si quisiera que el mapa le hablara. En un momento determinado, sus dedos se pararon en un punto del plano y se quedaron allí, como clavados.
Actuó como un zahorí. Y lo hizo con extrema seguridad. A continuación, con un bolígrafo señaló el lugar en el mapa. Dubois, el policía e investigador, dudó, dudó como es lógico y también con cierto fundamento. No le faltaban razones: la zona que la vidente ha señalado es Tezewell County, una comarca que ya ha sido peinada por los agentes en busca del cuerpo de la joven.
A Dubois le costó un enorme trabajo convencer a los agentes para repetir la búsqueda en un lugar que ya había sido estudiado. Pero él, al igual que la vidente, comenzó a confiar en los poderes psíquicos de Greta Alexander.
Ella, además, ofreció más datos y señaló que el cádaver se encontraba en una intersección de caminos y describió la posición en la que sería hallado. Advirtió, además, que se encontraba decapitado. Incluso dijo asistir en su mente a una especie de película del futuro en la cual describía cómo sería el agente de policía que localizaría a Mary Lou. En el colmo del detalle, dijo que tenía una mano lisiada y herida.
Finalmente, la zona fue de nuevo inspeccionada por un equipo de agentes de policía que siguieron, al pie de la letra, todas las pistas que ofreció la detective psíquica. Los agentes se situaron en un cruce de tres caminos y, al mirar al suelo, unos de ellos, Steve Trew, encontró un hueso. El policía pidió ayuda para cavar, ya que él no podía hacerlo porque tenía la mano deformada por un accidente que había sufrido con una taladradora tres semanas antes… ¡La vidente había acertado! Y no solo en eso, ya que cuando el cadáver de la desaparecida emergió de la tierra, se descubrió que la joven había sido decapitada.
Según el agente Dubois, la vidente acertó en 22 de las 24 predicciones efectuadas. Es decir, en más del 90 por ciento de sus percepciones. Para él, aquello no tenía explicación.
No quedaría ahí la cosa: la psíquica explicaría cómo se produjo el asesinato. Y dio también el nombre del asesino, que acabaría confesando. Se trataba del novio de la víctima. Volvió a prisión, pero esta vez ya no saldría.
En su expediente, Robert Dubois señala que, sin el más mínimo género de duda, la participación de la vidente fue determinante y definitiva para resolver el caso.
(Continúa la información en la revista ENIGMAS 190).
Bruno Cardeñosa