Última actualización 20/10/2011@09:53:25 GMT+1
Enrique de Vicente
Animados por los cambios vertiginosos que vivimos, seguimos informando sobre temas que pueden ayudarnos a entender cuanto sucede y pueden tener trascendental importancia para nuestro futuro inmediato. Y lo hacemos sin temor a desafiar a los parámetros establecidos sobre lo que se considera aceptable o adecuado. Por ello llevamos a nuestra portada dos amenazas potenciales.
Una, la relacionada con Elenin, ha caído en el más absoluto descrédito para la mayoría informada, gracias a un alud de disparates y a una posible campaña de desinformación. La motivación de esta última es incierta, pero seguramente está relacionada con algunos de los muchos enigmas que nos plantea este cometa. ¿Forman parte de ella las supuestas claves descubiertas en el nombre de Leonid Elenin o las coincidencias entre éste y la película Deep Impact? Como expliqué el mes pasado, si en lugar de ser códigos cifrados éstas obedecen a la simple casualidad resultarían aún más inquietantes. Porque, como ocurre con otras muchas coincidencias imposibles, podrían ser signos anunciadores de importantes hechos futuros, al igual que la traducción hebrea de El-enin: martillo de Dios.
Otra, constituida por las grandes tormentas solares que parecen esperarnos, es reconocida por todos los especialistas. Pero nos preguntamos si sus efectos potencialmente catastróficos podrían ser mucho más importantes de lo que habitualmente se supone. Porque, además de los que podrían tener sobre nuestra tecnología, forma de vida, salud, comportamiento, economía, revoluciones, guerras, terremotos o erupciones volcánicas, está su notable incidencia sobre el cambio climático. La aceleración progresiva de éste es una evidencia aplastante para cualquiera que reflexione mínimamente sobre los trastornos que venimos experimentando a nivel planetario: ¿Cuántos comienzos de otoño tan calurosos como éste recordamos en el hemisferio norte? ¿Desde cuándo no nevaba en Atacama, el desierto más seco del mundo, como lo hizo en el pasado otoño austral? ¿Qué precedentes hay de la secuencia imparable de inundaciones, huracanes y tornados que asolan las costas del Pacífico desde hace dos años, momento en que se reiniciaron las tormentas solares de este nuevo ciclo? ¿Estamos ciegos o es que no queremos ver lo evidente, por el alarmante shock que supondría hacerlo?