Las sorprendentes recetas sanadoras de los druidas y magos europeos
Última actualización 20/12/2011@09:29:38 GMT+1
AÑO/CEROJesús Ávila GranadosEl druida, máxima dignidad sacerdotal de la cultura celta, era el responsable de la vida de todos los miembros de su tribu. Estos magos, que conocían como nadie los secretos de la ciencia natural, tenían la responsabilidad de curar a los enfermos, predecir eclipses, profetizar un desastre o decidir entre ir a la guerra o permanecer en paz. Gracias a recientes excavaciones, hemos podido aproximarnos a las formas de curación de estos grandes sabios de la antigüedad.
Pocos pueblos de la antigüedad occidental han estado tan vinculados con el medio natural circundante como fueron los celtas. Gracias a recientes descubrimientos arqueológicos, nos ha sido posible realizar hoy un retrato más fiel de aquella civilización que, iniciada a orillas del lago de Hallstatt, en los Alpes austríacos, hace 3.500 años, puso las bases del concepto europeo.
Detrás de una imagen de gente sanguinaria y cruel que transmitieron los cronistas y geógrafos griegos y romanos –quienes, asimismo, no dudaron en calificarlos despectivamente como «hiperbóreos» o gentes llegadas de más allá de la Aurora Boreal–, además de valientes guerreros, en sus corazones y mentes latía una profunda sensibilidad y apego por cuanto les rodeaba: eran expertos agricultores, hábiles comerciantes, creadores de las cañadas de trashumancia, la doma de caballos salvajes… Además, mostraban gran respeto hacia las personas mayores y la mujer, e impulsaron la educación obligatoria y gratuita para los niños en edad de escolarización. Maestros en la ciencia médica, poseían un sentido de la libertad desconocido hasta entonces… Sin embargo, pese a esta impresionante riqueza, hay que reconstruir los cimientos de esta cultura a través de las tradiciones y restos arquitectónicos y escultóricos conservados –música, fiestas, gastronomía, etc.–, pues no dejaron ningún texto escrito… Para ellos, la letra constreñía a las personas.
Durante muchos siglos, el corazón geográfico de Europa fue celta. Desde los más profundos valles alpinos, esta nueva civilización, que nació con la explotación de las minas de sal de Salzburgo, no tardó en colonizar y gobernar territorios tan alejados como Anatolia, Irlanda, las Galias, el Piamonte italiano y la península Ibérica. Y, a medida que estas tribus fueron expandiéndose, los cultos al sol, la luna, las estrellas, la Madre Tierra y el conocimiento de los elementos, no tardarían en establecerse como formas de vida… (Continúa en AÑO/CERO 257).