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Hemeroteca :: Edición del 01/02/2012 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 23/01/2012@09:26:54 GMT+1
ENIGMAS


La literatura y el cine, hasta los musicales, han sido muy propicios a la hora de dotar a los gatos con características ajenas a su naturaleza. Que si muchos caminan como los humanos, a dos patas, otros, más coquetos, llegan a ponerse botas, que si –como en el musical Cats– llegan a realizar acrobacias circenses… Literatura, leyenda. Pero la realidad ha dejado testimonios gráficos de auténticos felinos que poseen nada menos que alas… Y algunos, incluso, dicen que pueden volar.
Comprenderán que al comenzar a leer e investigar en relación a este extravagante tema, a los gatos con alas, a los felinos que vuelan, fuese escéptico, brutalmente escéptico. Y más que nada, por motivos personales, por experiencias, llamémoslas, indirectas. Cierta persona de la que no daré el nombre para que no se le acuse de pésimo cuidador de animales domésticos –lo que es absolutamente falso– sufrió en sus propias carnes un episodio que habría sido mucho menos trágico en el caso de que su mascota hubiese estado dotada de alas. Por supuesto, la mascota en cuestión era un gato. Resulta, y se lo cuento brevemente, que la casa en la que residía el felino era lo que se puede llamar un hogar feliz. Padres, hijos y mascota convivían en amor y armonía… Hasta que alguien más se sumó a la familia. No recuerdo si fue un hamster, un perro, un colibrí, una serpiente o un mamut. Solo que se convirtió en el nuevo protagonista, en el centro del núcleo familiar. Y el gato sin alas comenzó a sentirse marginado, los más pequeños dejaron de tirarle del bigote y los padres de acariciar su lomo. Nadie respondía a su ronroneo. Y la soledad le llevó a la depresión. Y cierto caluroso día de verano encontró la ventana abierta. Nadie pensaba que iba a hacer aquello. Simplemente iría a tomar el fresco. Y lo hizo… pero sin apoyar sus pezuñas en nada. Si aquella familia hubiese sabido que los gatos podían volar no le habría dado más importancia. Pero no lo sabían. Y el gatito se lanzó al vacío… Y no le salieron alas de ningún tipo… Y fue perdiendo sus siete vidas en cada uno de los siete pisos de altura desde los que se lanzó.

Así que, como les decía, comprenderán que nunca he creído demasiado aquello de los gatos con alas. Si no a buen seguro nuestro amigo habría decidido echar a volar en busca de otra familia sin mascota. Pero no crean, a veces uno se lleva sorpresas con solo abrir un par de páginas de Internet, un libro o una revista. No se pueden ni imaginar la de historias relacionadas con gatos con alas que existen, y no todas son ­fruto de la literatura infantil, la chanza zoológica o los delirios psicotrópicos. El caso es que las imágenes que se pueden hallar con gatos con prolongaciones aladas en su cuerpo no son pocas.
(Continúa la información en ENIGMAS 194).

Javier Martín
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