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Hemeroteca :: Edición del 01/03/2012 | Salir de la hemeroteca
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Soberbia… soberbia

Última actualización 22/02/2012@07:19:44 GMT+1
ENIGMAS

Aquella catástrofe fue el preludio de lo que se avecinaba; y es aplicable a nuestro propio tiempo, a esa bonanza sin control que hemos vivido antes de que el destino negro en forma de crisis brutal se haya acomodado entre nosotros, y esté haciendo estragos en esta sociedad a la que todavía hay quien se empeña en llamar “del bienestar”. El Titanic supuso, junto a sus hermanos Olimpic y Britannic, el inicio de la decadencia; marcó aún más las diferencias entre las clases pudientes y el resto de mortales. Pero a la hora de la verdad, a la hora de mirar directamente a los ojos de la muerte, a esta le importa bien poco si tienes o no tienes, porque su voluntad posiblemente sea la única cosa en toda la existencia que no se puede comprar. Ese lujo desmedido, esa pompa y ese boato perfectamente podríamos trasladarlo a nuestra época; época de grandes edificios de diseño; época de aeropuertos para todos, aunque en estos no aterricen ni las gallinas; época en suma en la que hasta los que deberían dar ejemplo, ejemplifican la idea de “si me puedo llevar cien para que me voy a conformar con diez”. Y quizás, como una paradoja que se repite cada cierto tiempo, nuestra condena es hundirnos, como le ocurrió al obstentoso buque de la White Star Line. En fin, voy a dejar a un lado esta reflexión inicial, pero antes quisiera agradecerles el que, incluso en estos tiempos tan difíciles, sigan confiando en nuestra/su publicación. Así al menos lo reflejan los datos del año 2011; año en el que son muchos los medios de comunicación que se han visto obligados a echar el cerrojo, muchos de ellos con compañeros queridos que se han visto arrastrados por esta marea de miseria para la que de momento nuestros ínclitos políticos no parecen hallar remedio.

Y ahora, al tema que nos ocupa.

No les voy a negar, y quienes me conocen así lo saben, que el hundimiento del legendario Titanic, y todas las “curiosidades” que hubo entorno al mismo, es uno de los temas que desde muy pequeño más me han llamado la atención. Y en estos días en los que otro gran buque, el Costa Concordia, ha naufragado, me resulta ciertamente difícil pensar en el capitán Edward Smith comportándose como el pérfido Schettino, capaz de saltar a los botes de salvamento, dejando a su suerte a miles de pasajeros que, pese a todo, dieron un ejemplo de cordura y organización, minimizando así la catástrofe. Porque el capitán de un barco siempre ha ejemplificado los valores más nobles de la especie humana; por el mero hecho, y creo que es suficiente, de ser el último en abandonar el barco, con todo lo que ello significa. En el caso de Edward Smith aún fue más dramático, ya que la compañía dueña del Titanic premió sus 25 años atravesando los mares capitaneando sus barcos sin apenas sufrir percances de importancia. Tras esta travesía, se jubilaba. Así de irónica puede llegar a ser la vida…
Llegados a este punto estoy seguro de que ustedes han oído hablar de extrañas premoniciones, de obras literarias que con años de antelación describieron un hundimiento parecido, de supuestas conspiraciones en torno al hundimiento… Bueno, pues la historia del Titanic está sembrada de aspectos como estos, y mucho más. Porque en este caso la leyenda urbana está sustentada en datos, en testimonios, y en inminentes desclasificaciones de documentos secretos. Secretos que hasta ahora han descansado en los fondos oceánicos, a casi cuatro kilómetros de profundidad…

Lorenzo Fernández Bueno
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