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Hemeroteca :: Edición del 01/03/2012 | Salir de la hemeroteca

Milenarias técnicas budistas para «navegar» por universos paralelos

EL SECRETO TIBETANO DE LOS SUEÑOS LÚCIDOS

EL SECRETO TIBETANO DE LOS SUEÑOS LÚCIDOS
AÑO/CERO

Miguel Pedrero

Algunos de los conocimientos más fascinantes del budismo son una serie de prácticas para que cualquiera pueda convertirse en un soñador lúcido. Una vez dominados estos ejercicios, el neófito podrá explorar otras dimensiones de la existencia, conociendo realidades ocultas a nuestros ojos. En el presente reportaje desvelamos algunas de dichas técnicas –accesibles a todo el mundo y hasta ahora secretas–, gracias a un médico tibetano especializado en el estudio del mundo onírico.
El Dr. Nida Chenagtsang sonrió ante mi pregunta –«¿En un sueño lúcido es posible salir de nuestro cuerpo y viajar a otras dimensiones?», solté a bocajarro–, y se dispuso a responder: «La cuestión es más complicada. En mis sueños tengo experiencias de volver atrás millones de años. Por lo tanto, es posible burlar el tiempo. Sin embargo, en la tradición tibetana no hablamos de salir del cuerpo porque consideramos que los universos o las dimensiones infinitas forman parte de nosotros mismos, de nuestra propia mente. En otras palabras, simplemente se trata de vernos a nosotros mismos desde una perspectiva diferente. De hecho, nuestra propia dimensión es esa dimensión infinita».

En realidad, dicho pensamiento no se aleja demasiado de lo que postula la moderna física cuántica, la ciencia que estudia el comportamiento y propiedades de las partículas subatómicas. Según la base fundamental de la misma, la materia estaría constituida, en última instancia, por una especie de «cuerdas vibrantes» –se trata de un sencillo símil para vislumbrar una realidad harto compleja– que estarían conectadas con otras dimensiones espacio-temporales. Cada uno de dichos cordeles, al igual que la cuerda de una guitarra, puede vibrar de formas infinitas, generando también infinitos tonos. En realidad, eso es precisamente lo que estarían captando nuestros más modernos aparatos de laboratorio: los diferentes tonos de esos cordeles vibrantes, que interpretaríamos erróneamente como distintas partículas subatómicas. Por tanto, no existirían tales partículas. Pero hay más, pues lo anterior también supondría que absolutamente toda la materia –incluidos nosotros mismos– estaría constantemente conectada con esas otras dimensiones. Quizá, sólo quizá, ciertas técnicas meditativas e introspectivas, entre las que se encontrarían los sueños lúcidos, podrían constituir la puerta de acceso a esas «realidades no visibles»… (Continúa en AÑO/CERO 259).
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