El observatorio astronómico más antiguo y otros sorprendentes hallazgos conectan sus orígenes con el despertar de la humanidad
Última actualización 19/06/2012@09:09:13 GMT+1
Paco González
No hay duda de que hablar de Metsamor y Carahunge no es lo mismo que hacerlo de Stonehenge y Carnac. Sin embargo, los primeros son dos de los sitios arqueológicos más extraordinarios y antiguos del planeta. El problema es que su ubicación geográfica –ambos están en Armenia– dificultó y mucho su estudio hasta bien entrado el siglo XX. Pero este bello país, maltratado por la historia y olvidado durante décadas, está atrayendo actualmente las miradas de la comunidad científica internacional, que ha movilizado importantes expediciones para intentar desvelar su más que misterioso pasado.
Si existe un país en el mundo cuya situación geográfica haya determinado tan profundamente su devenir histórico, ése es Armenia. Localizada en la Transcaucasia, entre los mares Negro y Caspio, la actual República de Armenia limita al norte con Georgia, al este con Azerbaiyán, al suroeste con la región autónoma de Najicheván, al sur con Irán y al oeste con Turquía. Aunque culturalmente se la asocie con Occidente, se trata de una nación transcontinental, puente imaginario entre Europa y Asia. Por si fuera poco, sus orígenes y primeros reinados se ubican alrededor del lago Van y el monte Ararat –actualmente, ambos en Turquía–, y de la mencionada Najicheván, hoy una república independiente ferozmente enemistada con Armenia, al igual que Turquía.
Porque tanto Ararat –Masis, en armenio– como Najicheván –o Nakh-ijevan, «el lugar de la primera descendencia», también en armenio–, hacen referencia al episodio fundacional de Armenia: la legendaria llegada de Noé, a bordo del Arca y tras el Diluvio Universal, al citado monte. De ahí que los armenios no sólo se consideren a sí mismos descendientes del patriarca bíblico, sino que se arrogan estar conectados con el origen mismo de la civilización. Muchos pensarán que estas llamativas pretensiones son producto de un nacionalismo extremo, sostenido por relatos míticos. Sin embargo, diversos hallazgos arqueológicos –auspiciados por instituciones libres de sospecha– están poniendo en evidencia que el pasado de los armenios tuvo mucho que ver con el despertar de la cultura. Repasemos seguidamente algunos de los más notables.
A unos 35 km al sur de Ereván, muy cerca de la frontera con Turquía y a la sombra del monte Ararat, se encuentra la localidad de Metsamor, en cuyas estribaciones se construyó, a mediados de los años 70 del pasado siglo, una todavía polémica central nuclear, que afea el bello paisaje de la meseta armenia. Curiosamente, apenas una década antes, varios equipos de arqueólogos peinaban una zona particularmente interesante, repleta de ruinas de templos, estructuras megalíticas y miles de artefactos, algunos datados alrededor del año 5.000 a. C.
Sin embargo, en tanto que muchos investigadores se enfrascaban en el estudio y catalogación de las piezas y hallazgos más evidentes, Elma S. Parsamian, una astrofísica del Observatorio de Byurakan, detenía su atención en unos petroglifos aparentemente indescifrables, grabados en varias de las numerosas rocas volcánicas que salpican esta región… (Continúa en AÑO/CERO 263).