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Hemeroteca :: Edición del 01/08/2012 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 16/07/2012@11:20:58 GMT+1
Hay lugares que, no sabemos muy bien por qué, nos repelen, provocan en nosotros una sensación de desasosiego tal, que nos vemos obligados a marchar, acelerando a cada paso, no pudiendo evitar echar ese último vistazo atrás… Nos sentimos vigilados, acompañados; o más bien perseguidos por una incertidumbre que no tiene forma física, que forma parte de nuestra propia sugestión, pero que por unos instantes nos puede llevar de la tranquilidad absoluta al terror más irracional. ¿A qué se debe? ¿Qué mecanismos sublimes se mueven para que un entorno de ensueño transmute en pesadilla? No lo sabemos, pero es cierto que determinados enclaves parecen tener vida propia, y en ocasiones se revuelven contra quienes pretenden profanar su silencio. Años atrás tuve la oportunidad de ver una película que desde este instante les recomiendo; se titulaba Red Rose, y en ella se hacía una definición magistral de por qué, llegado el caso, un sitio se vuelve en contra de quienes lo habitan. “Las casas, están vivas. Es algo que todos sabemos. Nos lo dicen nuestras terminaciones nerviosas. Si guardamos silencio, si escuchamos, podemos oír cómo las casas respiran. A veces, en la oscuridad de la noche, las oímos gemir, parece que tuvieran pesadillas. Una casa buena nos mece y nos consuela. Pero si es mala, nos llena de un desasosiego instintivo. Las casas malas nos detestan, y nos atraen con engaños. A ese odio ciego hacia nosotros es al que nos referimos cuando hablamos de una casa encantada. Una casa es un cobijo, un cuerpo con el que cubrimos nuestro ser. Del mismo modo que nuestros cuerpos envejecen, envejecen nuestras casas; del mismo modo que nuestros cuerpos, las casas también contraen enfermedades. ¿Y la locura? Si en su interior viven personas que han perdido el juicio, ¿no se impregnan de esa locura sus habitaciones, sus pasillos, su propia estructura? ¿No tenemos todos las sensación de que a veces la locura nos tiende sus brazos? ¿No nos referimos a eso cuando decimos que una casa está plagada de espíritus? Decimos que es una casa encantada, pero lo que realmente queremos decir, es que ha perdido el juicio”.

Algunos de los protagonistas de nuestro tema de portada perdieron el juicio al habitar lugares que jamás debieran haber sido construidos, porque el eco de algo maligno continúa resonando entre sus –a veces etereas– paredes. Y si no que se lo pregunten a Luis II de Baviera, el rey “loco”, al que no quedó más remedio que sumergirse lentamente en una laguna, simplemente porque llegado a ese punto de su vida tenía miedo hasta de su propia sombra. Esta es nuestra propuesta ya que entramos en fechas muy viajeras: diez enclaves que por sus especiales características no aparecen en las guías convencionales pero que poseen todos los alicientes para que, al menos por unas horas –no más– les prestemos la atención que se merecen. Eso sí, no se dejen engatusar por su encanto inicial, porque ese es un camino… de no retorno.

Lorenzo Fernández Bueno


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