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Hemeroteca :: Edición del 01/08/2012 | Salir de la hemeroteca
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Reminiscencias paganas y huellas cátaras en la comarca del Solsonès

Última actualización 17/07/2012@09:14:31 GMT+1
Jesús Ávila Granados

Profundos valles, estrechas corrientes de agua y montañas de vértigo, caracterizan al pre-Pirineo de Lleida, paso obligado de peregrinos y otrora vía natural de huida de los cátaros. El Solsonès es, sin duda, el territorio hispano con mayor tradición de Vírgenes negras, a las que se les rinde culto en la catedral de Solsona, la iglesia parroquial de Sant Llorenç de Morunys y el santuario del Lord. Cada una de estas figuras está envuelta en sobrecogedoras leyendas, con un nexo de unión entre todas ellas: su fama de milagreras y el peso de una profunda y misteriosa espiritualidad.
Las Vírgenes Negras constituyen la esencia de la espiritualidad cristiana, cimentada en ancestrales cultos paganos relacionados con la Madre Tierra, fecundadora de vida. Recordemos también que en el panteón de las divinidades del Egipto faraónico, Isis, esposa de Osiris y madre de Horus, representaba el centro del universo. Sin embargo, debemos a los templarios la recuperación de María, como la fuerza generadora de vida, amor y esperanza, y su renovación en los altares cristianos, tarea llevada a cabo aprovechando las grandes calzadas de peregrinaje.

Aunque las primeras referencias que se tienen de estas vírgenes, llegadas a la península Ibérica, se remonten a la Alta Edad Media, estas singulares y esotéricas imágenes no comienzan a institucionalizarse hasta el siglo XII, gracias a los templarios, alcanzando una mayor dimensión al pasar a formar parte de los ritos y tradiciones de los lugares más sagrados de nuestra geografía. Porque hay un dato que está del todo confirmado, el hecho de que la gran mayoría de estas tallas se encuentran localizadas en zonas de marcada presencia templaria, bien dentro de los territorios de una encomienda, de un castillo controlador de transitados pasos de peregrinos, o de las tierras de un influyente convento o monasterio benedictino.

El color negro, además, conlleva una relación con la tierra fértil –el humus–, fecundadora de vida. Por ello, la Virgen debía ser de color negro, y no por el humo de los cirios, como siempre nos han dicho desde los estamentos eclesiásticos oficiales.

En una crónica del año 1255, leemos que Luis IX –San Luis–, a su regreso a Francia al final de la Sexta Cruzada (1254), dejó en el campo de Forez (Aveyron) varias imágenes de Nuestra Señora, talladas en madera de color negro, extraídas de un árbol alcanzado por el impacto de un rayo; las había traído de Levante, es decir, de Tierra Santa.

La Mare de Déu del Claustre, en Solsona, la Mare de Déu dels Colls, en Sant Llorenç de Morunys, y la Mare de Déu de Lord, en el homónimo santuario, conforman Vírgenes Negras del Solsonès… (Continúa en AÑO/CERO 264).

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