Todas las claves del hallazgo de un valioso archivo secreto de magia y heterodoxia
Última actualización 17/07/2012@09:16:35 GMT+1
Juan José Sánchez-Oro
Algunas viviendas de los siglos XVI y XVII, repartidas por toda la geografía española, ocultan textos mágicos y esotéricos. Sus propietarios, temerosos de la Inquisición, escondieron en paredes, techos o suelos aquellas obras y papeles más comprometedoras para sus vidas. Algunos de estos «tesoros» han salido a la luz, pero otros todavía no se han encontrado. En Barcarrota (Badajoz) tuvo lugar uno de los descubrimientos más importantes de este tipo…
Año 1557. Villanueva de Barcarrota (Badajoz), junto a la Iglesia de Nuestra Señora del Soterraño. Un hombre de unos setenta años se encuentra en el segundo piso de su casa, practicando un agujero en la pared. Se muestra intranquilo, desconfiado. A su lado, diez volúmenes impresos de diferentes tamaños, un manuscrito de sesenta folios y un diminuto pliego suelto con una extraña ilustración en su anverso: varios círculos concéntricos, una estrella de cinco puntas, diversas invocaciones a potestades espirituales y, presidiendo su centro, el nombre divino por antonomasia, el todopoderoso y esotérico Tetragrammaton.
El hombre tiene prisa. Se afana por introducir cada escrito dentro de la cavidad. Después, tapia el escondite. Lo enluce adecuadamente para que nadie pueda encontrar rastro de su obra y parte con urgencia hacia Portugal. Apenas un puñado de kilómetros lo separan de su destino. Piensa que allí estará a salvo durante algún tiempo, hasta que pueda regresar a su hogar y recuperar el «tesoro». Sin embargo, se equivoca. No volverá jamás. Pero, ¿qué contenían aquellos textos tan primorosamente camuflados tras un muro? Tendremos que esperar casi cuatro siglos y medio para hallar la respuesta.
Año 1992. Antonia Ascensión Saavedra se va a casar y decide reformar por completo la casa de sus padres. Es una vivienda antigua con una segunda planta que antaño era empleada como almacén doméstico. Antonia quiere construir allí varias habitaciones y un baño. Para ello contrata al albañil Antonio Pérez. Durante la obra, éste pica la pared una vez y otra y, cuando consigue atravesar el muro, observa con extrañeza que la punta de su pico ha quedado atrapada en el tabique, resistiéndose a salir. Se acerca y descubre que la herramienta ha traspasado la cubierta y varias páginas de un viejo libro. Con sumo cuidado, extrae de la pared un conjunto de textos, ocultados con esmero más de cuatrocientos años atrás.
En un principio, ni el albañil ni la dueña otorgaron gran importancia al hallazgo. Los volúmenes fueron amontonados junto a otros escombros y, finalmente, terminaron en el interior de una caja de zapatos. Pasado algún tiempo, Antonia quiso conocer el valor de sus vetustos libros, de modo que visitó a varios libreros y anticuarios de la provincia. En Mérida, uno de ellos mostró su desprecio por el «tesoro», sin embargo ofreció 6.000 euros por el mismo. Para carecer de interés, la cantidad resultaba sospechosamente importante… (Continúa en AÑO/CERO 264).