Última actualización 01/03/2007@00:00:00 GMT+1
La comunidad de los kallawaya –palabra que en el idioma nativo significa «tierra de la medicina»– se encuentra en el Departamento de La Paz. Desde el punto de vista antropológico y lingüístico, representa un fantástico mosaico de creencias, mitos, rituales, valores y expresiones artísticas que, en su conjunto, constituyen una original visión del mundo.
Los kallawaya son temidos y respetados por otros pueblos indígenas. Las gentes los acogen con los brazos abiertos, los obsequian con comida y bebida y, por supuesto, jamás se atreven a robarles nada de la sempiterna bolsa que siempre portan a la espalda. Se trata de la chuspa, una especie de saco que contiene diferentes hierbas medicinales.
Esta peculiar comunidad ya habitaba un territorio entre las montañas altas y bajas del altiplano andino mucho antes de que los incas dominaran dicha zona. Todavía hoy, los venerados curanderos kallawaya viven con sus familias en aldeas como Curva, Chajaya, Chari, Inka, Huata Huata y Pampablanca. Desde esta solitaria región andina del noroeste de Bolivia, los «hombres-medicina» han viajado durante siglos hasta zonas de Perú, Argentina, Chile, Ecuador y Panamá. Tras encomendarse a los dioses aymara de la época preincaica, recorrían los antiguos senderos incas, atravesando el árido altiplano y descendiendo hacia los llanos tropicales.
Según algunos estudios históricos, los médicos kallawaya fueron los primeros en hacer uso de la corteza seca del árbol de cinchona, fuente de la quinina, utilizada durante años para prevenir y controlar la malaria y otras enfermedades tropicales. El principal alcaloide de la coca era también utilizado por los kallawaya como anestésico. Siglos después sería adoptado por la medicina moderna para cumplir esa misma función farmacológica.
Plantas de poder
Si nos referimos a la medicina kallawaya, por fuerza debemos mencionar la compleja cosmovisión andina, fuente principal de inspiración para los chamanes en sus rituales y curaciones. La medicina de estos milenarios sanadores gira en torno a tres conceptos fundamentales: el cosmos, la tierra y la comunidad. El primero es entendido como una entidad con vida propia. Desde este punto de vista, la Pachamama –diosa que representa a la madre Tierra– simboliza a todos los elementos de este mundo: animales, plantas, hombres, piedras, fenómenos meteorológicos, etc. Así, el mundo y todo lo que en él vive están de alguna forma unidos por una especie de «lazos» invisibles. Del mismo modo, toda la materia del universo también se encuentra interconectada entre sí.
En cuanto a la tierra y a la comunidad, ambas poseen un origen común, pues en la visión kallawaya el paralelismo de los procesos humanos y sociales con los ecológicos es evidente. El objetivo principal del médico kallawaya es el de crear equilibrio entre la naturaleza y el hombre, porque este último forma parte de la primera. Por esta razón es necesario que los seres humanos mantengan una conducta honorable. De otro modo sería imposible obtener la normalidad de las fuerzas de la naturaleza, tan necesarias para el correcto desarrollo de la agricultura y, por tanto, de la economía campesina en la región andina.
Este escrupuloso respeto a los procesos de la naturaleza lleva a los hombres–medicina kallawaya a mostrar su reverencia y agradecimiento a la Pachamama siempre que, por ejemplo, arrancan una planta medicinal. Ésta o cualquier otra nunca debe ser recolectada sin una causa justificada. El chamán kallawaya tampoco debe dejar que la planta toque el suelo, ni esparcir sus restos, tras utilizarla, en lugares por donde las gentes suelen transitar.
Tradición oral
Este milenario pueblo ha conservado, por fortuna, gran parte de sus ancestrales conocimientos médicos, culturales y religiosos, gracias a su rica tradición oral. De este modo –mediante la transmisión de generación en generación– se ha conservado hasta nuestros días la identidad social y cultural de los kallawaya. Sus hombres–medicina todavía practican algunas de las técnicas curativas habituales en los antiguos pueblos prehispánicos.
Una de las investigadoras más destacadas en el estudio de esta comunidad, Carmen Beatriz Loza, nos explica en una entrevista que «los kallawaya son los grandes mediadores culturales del país, porque atienden a los enfermos sin exclusión étnica. Son consultados por las élites y también por los pobres y son un ejemplo paradigmático de la armonía y multiculturalidad de los Andes».
El 7 de noviembre del 2003 la UNESCO reconoció en París la cosmovisión de la cultura kallawaya como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad; es decir, el máximo galardón internacional al que puede optar la cultura de un país.
El patrimonio cultural del altiplano andino se relaciona en general con las etnias de los aymara y de los quechua, sin duda mucho más conocidas que los kallawaya. Sin embargo, éstos poseen una identidad bien diferenciada: su lengua secreta, sus rituales o su forma de vestir los hacen un pueblo diferente. De hecho, se les puede reconocer fácilmente por sus coloridos ponchos de fondo rojo intenso y por las bolsas tejidas donde cargan sus preciadas plantas medicinales (ver recuadro).
En la provincia de Bautista Saavedra, los kallawaya hablan cuatro idiomas: quechua, aymara, castellano (tan sólo un 3% de la población) y la lengua secreta de los incas, el puquina, que los propios kallawaya prefieren llamar machaq-juyay. La conversación en esta extraña lengua se desarrolla con palabras susurradas al oído; aspecto que también simboliza su carácter oculto e iniciático.
Mesas rituales
Los kallawaya llevan a cabo sus rituales, por encima de cualquier otro motivo, para pagar sus deudas con la Pachamama. Para ello emplean distintas mesas rituales de diferentes colores, cada uno con una significación diferente. Así, las negras tienen la función de sanar algunas desgracias, que, si han sido causadas por otra persona, les serán devueltas. Las blancas crean energía positiva para fortalecer la salud y las grises sirven para limpiar el alma.
La mejor época para cumplir con estos rituales es agosto, cuando el cielo y la tierra están «abiertos», situación que facilita la conexión con los espíritus. Cada elemento u objeto ofrecido a la Pachamama tiene un significado preciso. Por ejemplo, el algodón sirve para «limpiar» las enfermedades, las comidas y bebidas que se preparan como ofrendas representan los deseos y así un largo etcétera. Estos son sólo algunos apuntes sobre un pueblo de cultura milenaria que, por fortuna, se resiste a perecer.