Última actualización 01/04/2007@00:00:00 GMT+1
Son muchos los lugares con fama de encantados en la Comunidad de Madrid. En las siguientes líneas me referiré a dos de esos enclaves, que pude investigar personalmente hace algunos años.
El primero de ellos es un antiguo colegio de El Viso, una zona residencial de la capital. El 2 de junio de 1990, Fernando Vázquez, Enrique Muro y quien esto escribe nos decidimos a pasar una noche entre los muros de aquel colegio con la intención de saber si, realmente, se producían fenómenos paranormales en su interior.
Mientras nos acomodábamos y nos disponíamos a descansar unos minutos, unos violentos golpes surgieron de la primera planta. Decidimos entonces establecer con la «causa paranormal» un código mediante raps o golpes. Ante nuestro asombro, quien produjera aquellos sonidos respondía inteligentemente a nuestras preguntas. Un golpe sí, dos golpes no. Efectuamos múltiples preguntas y siempre obtuvimos una respuesta coherente, algunas de las cuales se cumplirían meses más tarde. Algo o alguien invisible nos escuchaba y respondía.
Recuerdo algunos de los testimonios de los vecinos. Una señora, ya mayor, me narró cómo una noche, presa del insomnio, se asomó a la ventana de su habitación y vio, en una de las ventanas del colegio, a un niño que le saludaba con la mano para, segundos después, desaparecer. Hubo más testimonios que reforzaban el origen paranormal de los fenómenos. Varios vecinos aseguraban haber escuchado, de madrugada, risas y llantos de niños que procedían del patio del colegio. Incluso un testigo me relató cómo, caminando frente al colegio, vio una pelota de goma que salía despedida a través de una de las ventanas, rompiendo en mil pedazos el cristal.
Nuestra investigación psicofónica no pudo ser más fructífera. Dejamos un micrófono en una de las estancias de la planta baja. Grabamos en total silencio por espacio de unos minutos. Al escuchar lo grabado, nos quedamos sorprendidos y sobrecogidos. Lo más importante es una secuencia de unos 30 segundos de duración. Cuando nos estábamos aproximando para cortar la grabación, surge una voz femenina que dice: «Vienen, vienen». A continuación se me oye decir: «Vamos a entrar», y al instante se escucha una voz infantil clara, que comenta: «Están entrando ahora». Entonces se nos escucha abrir la puerta y, entremezclada con nuestros pasos, se introduce una voz de niña, clarísima, que exclama: «Empezamos por ahí…» Aquellas voces procedían de «alguien» que nos observaba y que conocía nuestros movimientos. Ahí están las grabaciones como muestra de ello. En su día las analizó Germán de Argumosa, y en su opinión se trataba de una sucesión de psicofonías interesantísimas.
Aquella madrugada salimos del colegio impresionados. Los violentos golpes en la primera planta, las psicofonías, los testimonios de los vecinos… Todo coincidía con lo que en parapsicología se denomina un «lugar encantado».
Fenómenos en el hospital
Otro caso que pudimos investigar es el del hospital Hispano, en la sierra de Madrid. Acompañado de nuevo por Enrique Muro y Fernando Vázquez nos adentramos en este edificio abandonado, con un largo historial sobre sucesos paranormales. El recinto fue un hospital para el tratamiento de la tuberculosis y eran muchos los testimonios que reflejaban cierta actividad anómala en el lugar: llantos y gemidos, destellos de luces, gritos, apariciones espectrales –sobre todo de una monja–, figuras que se asomaban a las ventanas, golpes… Era un escenario perfecto para nuestra investigación. Tras varias entrevistas con los testigos, comprobé que los fenómenos eran muy frecuentes.
Nosotros fuimos, sobre todo, para obtener psicofonías. Pero nos sorprendió el hallazgo, en la antigua capilla del hospital, de restos de rituales satánicos. Un grupo organizado realizaba este tipo de ceremonias de forma periódica en aquel lugar.
Cuando entramos al hospital escuchamos lo que parecían ser risas y murmullos, aunque el edificio estaba vacío. En la planta superior se escucharon pasos acelerados y violentos golpes que parecían amenazar con derrumbar el techo. Pero allí no había nadie. ¿Quién producía aquellos fenómenos? Desde luego, ninguna persona viva. Los hechos se repitieron en una segunda visita. No me cabe la menor duda de que «el Hispano» es un lugar encantado. La leyenda del pueblo habla de una terrible matanza en plena guerra civil. Quizás este hecho justificaría los fenómenos que tantos testigos y nosotros mismos pudimos presenciar. Obtuvimos psicofonías como «Ave Satán», «Se puede caer» (en alusión a una pared) o «Gente» (avisándonos de que acudía un grupo al lugar).
En mis intervenciones en radio y televisión plasmé resumidamente que «el Hispano» es un lugar que encierra muchos misterios… ¿Quién sabe lo que sucedió entre sus muros? Lo cierto es que tanto los testimonios de los lugareños como los resultados de nuestras investigaciones se agolpan, uno tras otro, conformando un mosaico perfecto que dibuja con cristalina claridad la palabra «Lugar encantado».