best web analytics
cabecera
Hemeroteca :: Edición del 01/01/2007 | Salir de la hemeroteca
2/30
Última actualización 01/01/2007@00:00:00 GMT+1
Estamos ante un acontecimiento histórico que ha traído felicidad a nuestro ejército y a nuestro pueblo». Así se refería el gobierno norcoreano a la prueba nuclear que sus militares llevaron a cabo el pasado lunes 9 de octubre en una instalación secreta y subterránea
A pesar de que China, Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea mostraron su sorpresa y preocupación por este hecho, los servicios secretos occidentales sabían meses antes lo que se avecinaba. Tras la guerra de Iraq y la inclusión de Corea del Norte entre los países integrantes del «eje del mal», el máximo dirigente del país, Kim Jong Il –al que los medios de comunicación, documentos oficiales y libros de texto norcoreanos se refieren con apelativos como «amado líder» o «sol naciente»–, se trazó la meta de dotarse con armamento nuclear. Si los Estados Unidos y Gran Bretaña acabaron con el dictador Sadam Husein tras acusarlo de poseer armas de destrucción masiva, cuando saltaba a la vista que era una mera excusa para invadir el país, el mensaje para cualquier enemigo del gobierno norteamericano es claro: hay que poseer armas de destrucción masiva para evitar un «ataque preventivo» de la nación del Tío Sam.

Conspiración nuclear

En el año 1994 los líderes norcoreanos llegaron a un acuerdo con la entonces administración de Bill Clinton para poner freno a su programa nuclear, a cambio de ayuda económica y energética. Pero la llegada a la presidencia de Bush dio al traste con la «luna de miel». Entre el año 2003 y el 2005 tuvieron lugar una serie de conversaciones patrocinadas por China, en las que los actores principales eran Corea del Norte y Estados Unidos. Sin embargo, no llegaron a buen puerto y en 2005 Kim Jong Il anunció que se sentía en libertad para continuar con sus planes nucleares.

De aquel barro, estos lodos. Pero, como suele suceder, en la política internacional nada es lo que parece. Las agencias de inteligencia de medio mundo –incluida la CIA– saben que Kim Jong Il trata de «agrandar» el potencial atómico de Corea del Norte. La explosión fue equivalente a unas 500 toneladas de TNT, es decir, extremadamente baja. Por ejemplo, las detonaciones nucleares llevadas a cabo en su momento por India y Pakistán fueron unas 50 veces mayores. Sin embargo, los estrategas de la administración Bush optaron por exagerar la amenaza norcoreana, aludiendo incluso a la posibilidad de que los misiles de Jong Il pudieran alcanzar territorio estadounidense. Con esto pretendían dos metas: por un lado, conseguir que la ONU impusiera sanciones económicas, algo que ya han conseguido, y, por otro, reservarse en un futuro una excusa para el uso de la fuerza militar contra Corea del Norte. En cuanto a China y Rusia, principales aliados del «amado líder», en el fondo les interesa una Corea del Norte fuerte, con capacidad para oponerse a una eventual intervención militar estadounidense, la cual podría contar con el apoyo de su aliada Corea del Sur. También algunos líderes de la derecha japonesa utilizaron de excusa las pruebas atómicas norcoreanas para reivindicar el inicio de un programa nuclear propio.

En esta escalada de acusaciones y amenazas, el gobierno del «amado líder» declaró que las sanciones de la ONU instigadas por EE UU suponían «una declaración de guerra» y que las Fuerzas Armadas de Kim Jong Il castigarían «sin piedad» a aquellas naciones que las apliquen. En este sentido, llaman la atención las declaraciones de Alejandro Cao de Benós (ver entrevista), un español amigo de Kim Jong Il, que ocupa el cargo de Delegado Especial del Comité de Relaciones Culturales con el Extranjero de Corea del Norte. Cao de Benós afirmó: «La CIA y el ejército americano saben que disponemos de misiles que a día de hoy pueden golpear las ciudades americanas, además de nueve millones de soldados listos para defender el país con su vida». Ciertamente, el suyo es el cuarto ejército del mundo en efectivos.

De qué forma el gobierno norcoreano obtuvo los conocimientos y la tecnología necesaria para desarrollar armamento nuclear es digno de la mejor película de espías. Los servicios secretos de Corea del Norte consiguieron que el científico Abdul Qadeer Khan, padre de la bomba atómica pakistaní, vendiera al régimen de Kim Jong Il sus secretos y una docena de centrifugadoras para enriquecer uranio. En 1998 fallece en extrañas circunstancias Kang Thae Yun, consejero de asuntos económicos de la embajada de Corea del Norte en Pakistán. El espionaje norcoreano utilizó el ataúd en el que viajaba el cuerpo del diplomático hacia su país para ocultar los últimos planos y componentes que necesitaban los científicos nucleares del «amado líder». Los servicios secretos occidentales están convencidos de que Thae Yun en realidad fue asesinado con el fin de llevar a cabo esa operación.

Recientemente, Hwang Jang–yop, un ex–alto cargo del partido único norcoreano –en la actualidad exiliado en Corea del Sur–, afirmó que los gobiernos de Corea del Norte y Pakistán firmaron en 1996 un acuerdo para la transferencia de tecnología nuclear a cambio de misiles. El actual presidente pakistaní, Musharraf, negó las acusaciones, pero aseguró que, en cuanto accedió al poder, se dio cuenta del doble juego del científico A. Q. Khan. ¿Vendió Pakistán, uno de los principales aliados de los Estados Unidos en Oriente Medio, sus secretos nucleares a Kim Jong Il, o estamos simplemente ante una iniciativa individual de A. Q. Khan? Es dudoso que un personaje con tantos secretos en su poder, pueda vender alegremente conocimientos y tecnología a otra nación sin que se enteren los poderosos servicios de inteligencia pakistaníes.

El mesías de Corea del Norte

El fundador de la República Popular Democrática de Corea fue Kim Il Sung, padre del actual mandatario. Nació en 1912 en el seno de una familia contraria a la ocupación japonesa de Corea. Desde muy joven participó en las escaramuzas antijaponesas, enrolado en una guerrilla controlada por el Partido Comunista Chino. Con el tiempo se convertiría en dirigente del recién creado Partido Comunista de Corea y, en 1948, con el apoyo de la URSS, en primer ministro de Corea del Norte, pues tras de la II Guerra Mundial, Corea quedó dividida en dos naciones, una controlada por la Unión Soviética y otra por los Estados Unidos. Desde el primer momento, Kim Il Sung intentó aparecer ante las masas como un ser sobrehumano, dotado de capacidades especiales.

Hoy en día, los estudiantes norcoreanos memorizan las andanzas del fundador de la nación, pues aunque falleció en 1994 y su hijo ocupa ahora su lugar, la propaganda del partido único lo considera como el «presidente eterno», el mesías que desde su espectacular mausoleo todavía dirige los destinos de Corea del Norte. Los libros de texto escolares presentan una versión mesiánica del nacimiento del fundador, al que igualan a un enviado de los cielos de cualquier religión. Kim Il Sung no es un ser humano normal, sino alguien a quien desde su nacimiento el destino le tenía encomendada la misión de fundar Corea del Norte y llevar la felicidad a las masas.

Una religión que se precie debe fundamentarse en un «enviado de los cielos» y éste debe recibir una revelación del mismo Dios en algún lugar de cierta significación. El caso del «presidente eterno» no iba a ser menos. La versión oficial del régimen norcoreano afirma que Kim Il Sung recibió la inspiración para redactar las bases de la nueva filosofía de gobierno –conocida como Juche– en uno de los montes más sagrados de la tradición coreana, el Paektu. ¿No recuerda este hecho al pasaje bíblico en el que Moisés recibe de Dios las Tablas de la Ley en el monte Sinaí? En la página oficial de Internet de Corea del Norte leemos: «Hoy, numerosas personas del país y extranjeros visitan la casa natal de Kim Il Sung (…) en el monte Paektu, cuna de la revolución que creó el porvenir de Corea y la patria espiritual del pueblo y la revolución».

Estudiosos de la realidad coreana no dudan en calificar al régimen de «monarquía comunista o estalinista», regida por una religión única, la filosofía Juché, cuyo mesías–fundador es Kim Il Sung. Es más, la familia del «presidente eterno» representa la familia perfecta, la cual debe servir de ejemplo para el resto de los ciudadanos. En otras palabras, Kim Il Sung, su esposa e hijos son a la filosofía Juche lo que la familia de Jesucristo al cristianismo.

La versión mesiánica del régimen norcoreano también afirma que el actual dirigente, hijo de Kim Il Sung, nació en el sagrado monte Paektu, aunque otras versiones más objetivas apuntan a que en realidad vino al mundo en un campamento militar soviético en 1941. En cuanto a la fecha tampoco hay acuerdo. La propaganda norcoreana defiende que en realidad nació en 1942, obviamente con la intención de armonizar esta fecha con la de su padre, quien, recordemos, vio la luz por primera vez en 1912.

Pero la versión del régimen incluso alude a hechos más o menos sobrenaturales en el nacimiento de Kim Jong Il, el «amado líder». Al parecer, una brillante estrella fugaz sobrevoló el monte Paektu y un doble arco iris hizo acto de presencia en tan trascendental momento. «Su nacimiento fue una salida brillante del Sol, una gloria de Corea y una gran suerte del pueblo coreano, que prometía el perfeccionamiento de la causa revolucionaria Juche, iniciada por el presidente Kim Il Sung», leemos en la web oficial de Corea del Norte. Y continúa: «Del nacimiento de la Estrella Luz (Kim Jong Il) pasaron ya diez lustros y todos lo admiran por su formación literaria y militar (…). Y sus aclamaciones estremecen la Tierra y el cielo».

Una nueva «religión»

Los occidentales, herederos de la tradición cristiana, comenzamos nuestro calendario con el nacimiento de Jesucristo. En Corea del Norte su calendario empieza, cómo no, con el nacimiento del mesías Kim Il Sung, fundador de la patria y la de filosofia Juche. Por lo tanto, oficialmente en Corea del Norte viven en el año 94 de la era Juche. Estamos, pues, ante otro aspecto de fondo religioso del que nadie puede dudar. Pero esto no es todo, porque la filosofía que rige la forma de gobierno en Corea del Norte no es más que una especie de sincretismo extraño entre comunismo y toda una serie de corrientes espirituales que impregnan el territorio coreano, como el chamanismo, el budismo, el taoísmo, el confucionismo o la religión chondogyo.

Muy a grosso modo, la filosofía Juche plantea «las relaciones entre lo material y la conciencia, el ser y el pensamiento…», según escribe el «amado líder» Kim Jong Il. Desde este punto de vista, el hombre es el ser más poderoso del mundo. Pero en contra de lo propugnado por el marxismo, no está sólo conformado por materia, sino que por encima de todo es un ser social dotado de espíritu creador y conciencia. Eso sí, el hombre no habría podido convertirse en un individuo creador si no formara parte de un colectivo social con unas metas comunes, en el cual el bien de todos está por encima del individual. En definitiva, la filosofía Juche no es más que un modo de justificar un régimen represivo y piramidal, en el cual la obediencia al superior es la norma básica.

En el pensamiento Juche nos encontramos con uno de los elementos claves del confucionismo, como es la importancia de la solidaridad social y el fortalecimiento de la figura del Estado. Para Confucio el individuo no reviste importancia como tal, sino en tanto que se relaciona con los demás, sobre todo con su familia. Por tanto, la filosofía Juche habla del respeto y obediencia que se merece la gran familia, es decir, el Estado.

Si el pensamiento de Confucio ha influido en el texto fundamental que rige el gobierno norcoreano, probablemente la cosmovisión chamánica forme la base de la doctrina de Kim Il Sung. En la tradición coreana es sobre todo la «mujer sabia» (mudang) quien hace el papel de mediadora entre este mundo y el de los espíritus. Su misión es que los dioses sean propicios para lograr la armonía en la Tierra. Esto supone que, por tradición, los coreanos huyen de conflictos y poseen un carácter más bien conformista – para ellos los espíritus disponen lo que nos ocurre en la vida–, que los lleva a obedecer a la autoridad sin rechistar demasiado. De este rasgo esencial del carácter coreano se sirve la filosofía Juche para determinar que el «amado líder» siempre tiene razón y el Estado está por encima de opiniones personales.

Sin embargo, la filosofía Juche defiende que el hombre, a pesar de estar supeditado a un orden social, es ante todo un espíritu creador, con conciencia. Este concepto parte de una de las creencias con mayor ascendencia en Corea, la religión chondogyo, surgida a finales del siglo XIX y que propugna que el ser humano no ha sido creado por Dios, sino que la divinidad habita en cada uno. También el lema del Budismo Won, movimiento fundado al sur de Corea en 1916 por un iluminado, nos traslada a la esencia de la filosofía Juche y del régimen norcoreano: «Una verdad, un mundo, una familia, un lugar de trabajo».

Por otro lado, el régimen de Kim Jong Il controla con mano férrea las organizaciones religiosas, que no son más que instituciones gubernamentales. La finalidad es que ninguna creencia suponga un problema para la «religión» Juche o para el «mesías» Jong Il.

La nación del «Gran Hermano»

George Orwell supo retratar como nadie en su novela 1984 una sociedad totalmente controlada por un aparato central de poder, que determina lo que pueden leer, decir y pensar los ciudadanos. Una sociedad en la que no hay espacio para el individualismo y en la que nadie puede disentir de la «verdad» impuesta. Probablemente, hoy en día lo más parecido a lo que pretendía retratar Orwell es el régimen norcoreano.

También es cierto que debido a la opacidad del gobierno del «amado líder» es muy difícil obtener datos fiables sobre lo que sucede en el interior del país. Sólo algunas ONGs, como Acción contra el Hambre y Aministía Internacional, o instituciones no demasiado objetivas, como el Departamento de Estado norteamericano, filtran de cuando en vez algunas informaciones.

En Corea del Norte todos los medios de comunicación son propiedad del Estado y está prohibido acceder a fuentes extranjeras, por lo que los ciudadanos sólo saben aquello que le interesa al régimen y están continuamente recibiendo propaganda progubernamental. Tampoco existe libertad de movimiento, ni para salir del país ni para viajar a otras ciudades y regiones. Los extranjeros que viajan a Corea del Norte, generalmente miembros de ONGs, están continuamente acompañados por policías que determinan qué lugares pueden visitar y cuáles no. Según el Departamento de Estado norteamericano existen unos diez campos de internamiento de presos políticos, en los que se hacinan unos 250.000 individuos, algunos encarcelados simplemente por no mostrar el debido respeto al «amado líder». Siempre atendiendo a los datos proporcionados por el Departamento de Estado, los campos de concentración se dividen en dos grandes clases: los reeducativos, en donde se encuentran personas reinsertables en el régimen, y aquellos en los que permanecen prisioneros tan peligrosos para el «sistema» que no pueden regresar a la sociedad. Una comisión de Amnistía Internacional tuvo la oportunidad de visitar un «centro de rehabilitación» (es decir, una cárcel) en la que había confinados unos 240 presos por «actividades contra el Estado». Desde luego, el gobierno de Kim Jong Il niega la existencia de estos campos de concentración.

En los años 90 Corea del Norte sufrió una serie de catástrofes naturales, que unidas a las sanciones impuestas al régimen, la mala gestión económica y la interrupción de ayudas de la URSS, generaron una hambruna sin precedentes en la que perecieron unos dos millones de personas. Amnistía Internacional denunciaba en una nota de prensa que «el gobierno (norcoreano) no parece haber distribuido la comida (de la ayuda internacional) equitativamente, favoreciendo a los que son económicamente activos y políticamente leales».

En la actualidad, diferentes organizaciones denuncian la existencia de hambre y desnutrición en algunas zonas del país. De hecho, como consecuencia de la falta de medios sanitarios, el régimen está intentando que la población se trate con la medicina tradicional. Así, el 9 de septiembre de 2006 se celebró en la capital norcoreana, Pyongyang, un seminario sobre la «energía natural», bajo el auspicio de la Federación General de Ciencias y Técnica de Corea.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (1)   No(0)
2/30
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Akasico.com
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.