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Última actualización 01/01/2007@00:00:00 GMT+1
El investigador Vicente-Juan Ballester Olmos ha sido entrevistado para aclarar si realmente es un “topo” del Ejército del Aire con objeto de desprestigiar el fenómeno OVNI. Lo niega, pero…
Vicente-Juan Ballester Olmos aseguró en Onda Cero que la desclasificación de expedientes OVNI fue mérito suyo. Según reveló en el programa “La rosa de los vientos” de Onda Cero, en 1991 empezó a realizar una serie de gestiones en instancias oficiales. Al parecer, el Ejército del Aire se había fijado en él como representante de la ufología “por mi enfoque riguroso y serio” y, en las altas esferas, sus trabajos escépticos sobre OVNIs “eran libros de cabecera para los militares”. Así las cosas, según su relato, a comienzos de los noventa existía en el Ministerio de Defensa predisposición para levantar el velo del secreto gracias al trabajo que él realizaba.

Sin embargo –siempre según la versión de Ballester Olmos, el ufólogo a quien se ha acusado de colaborar bajo contrato con las autoridades para desprestigiar el enigma OVNI– existía un precedente que resultaba incómodo para las autoridades. Y es que en 1976, el Ejército del Aire había decidido entregar a la opinión pública 12 informes confidenciales sobre otros tantos episodios investigados oficialmente. Para aquella “primera desclasificación” se eligió al periodista Juan José Benítez como depositario de los mismos, cuyo contenido fue publicado en forma de reportajes en el periódico La gaceta del Norte y, posteriormente, en su libro OVNIs: documentos oficiales del gobierno español.

Materia reservada, ¿por qué?

A este respecto, Ballester Olmos fue rotundo: “Me encontré que existía un profundo desagrado con aquel periodista, que no cumplió con los acuerdos firmados para divulgar aquellos expedientes de forma sensacionalista”. Según Ballester Olmos, el modo en el que se habían dado a conocer los documentos provocó que en 1979 la Junta de Jefes del Estado Mayor clasificara como “materia reservada” todo lo que tenía que ver con los OVNIs. ¿Decía la verdad? ¿Era sólo su opinión o acaso sus palabras respondían a la auténtica postura del gobierno respecto a los “no identificados”? ¿Tenía pruebas de sus afirmaciones? ¿Es posible que los responsables de dar a conocer los expedientes efectuaran una maniobra para que Ballester Olmos transmitiera esa idea? A fin de cuentas, él habría sido el elegido para la desclasificación, entre otras cosas, por sostener posturas como ésta.

Veamos lo que a este respecto aseguró Ballester Olmos en la histórica entrevista que mantuvimos con él en “La rosa de los vientos” de Onda Cero:
–La desclasificación fue consecuencia de mi labor, pero el Ejército venía de la decepción que supuso la divulgación del pequeño dossier que se entregó a un periodista, que dio a conocer aquella información de una forma distinta a como estaba previsto. Ese enfado y ese disgusto está documentado por escrito en un documento del jefe del Estado Mayor del Aire en donde se habla de tratamiento comercial e indiscriminado que se dio a esos documentos.
–Pero ese documento no se conoce, seguiría todavía clasificado –le cuestioné, a tenor de que Ballester Olmos jamás ha mostrado dicho escrito, pese a que su presunto contenido ha sido citado por este estudioso en numerosas ocasiones, creado a nivel mundial una imagen distorsionada del primer proceso de desclasificación.
–Bueno, todos podemos tener acceso a ciertos documentos –respondió el investigador, a quien le ofrecí a continuación pruebas en contra de su versión.
–Hablando de documentos. Usted dice que esa primera desclasificación no se hizo como el Ejército deseaba. Pero aquí tengo un documento que está escrito por el general Jaime Ostos, jefe de la División de Operación del Estado Mayor del Aire, en respuesta a una carta mía en la que le solicitaba información sobre los documentos oficiales respecto a los no identificados. En esa carta, Ostos me decía, y leo literalmente, que “respecto a informes anteriores existe alguna información, habiéndose recogido lo más importante de ella en un libro publicado por Juan José Benítez, a quien se le autorizó para que publicase los datos existentes en este cuartel, y al cual le remito”.
–Pero yo le aseguro que existe ese documento oficial que demuestra el malestar del Ejército del Aire al respecto –insistió… sin mostrar el informe.
¿Es cierto lo que afirmó Ballester Olmos respecto al efecto de aquella “primera desclasificación”? Las pruebas indican que no. Durante la entrevista, como ha comprobado el lector, ya expuse la existencia de algunos documentos que certifican que el Ejército del Aire permitió y aceptó la divulgación de aquellos expedientes oficiales en contra de lo que Ballester Olmos viene afirmando –declaraciones que pese a las pruebas ratificó en “La rosa de los vientos”– desde hace años. Pero no se trata del único texto que lo confirma. Muchos de ellos los ha publicado el propio Juan José Benítez en su página web –planetabenitez.com–, en la cual expone, entre otros informes, una carta que el general Felipe Garlarza dirigió al periodista: “Recibí la serie de reportajes que ha publicado su periódico con base en la documentación que le proporcionamos. Me ha parecido muy bien. El tema está tratado con la seriedad que esta información requiere”. Rotundamente claro. Ballester no decía la verdad.

“Fui yo quien proporcionó la explicaciones”

Sirva señalar que Galarza –entonces jefe del Estado Mayor del Aire– fue el alto mando militar que entregó personalmente a Benítez los 12 documentos oficiales que conformaban aquella “primera desclasificación”. De sus palabras no puede deducirse –más bien todo lo contrario– que la divulgación de aquellos expedientes sentara mal en la cúpula militar y fuera la causa de que, apenas tres años después, el asunto quedara sometido al impenetrable secreto militar con la denominación de “materia reservada”. Sin embargo, el sector escéptico de la ufología española ha mantenido durante años que los mandos militares renegaron de la publicación de aquellos informes. No es así, pero casualmente, el líder de ese sector es el que en 1991 estableció un contrato para colaborar con los militares en la declasificación OVNI, en un proceso que intentó dañar y minar la credibilidad del fenómeno de cara a la opinión pública, mediante la inclusión de una serie de informes previos a cada expediente en donde se explicaban los sucesos OVNI de forma convencional. Respecto a este asunto versó parte de la reveladora entrevista que mantuvimos en Onda Cero con Ballester Olmos:
–¿Eres tú quien proporcionaba esas explicaciones a los militares?
–Yo he coordinado un equipo de quince, veinte personas, con físicos, meteorólogos, ingenieros, entre ellos un norteamericano como el físico Willy Smith… –ver recuadro–.
–Todo esto que dices, ¿significa que fuiste tú quien proporcionó esas explicaciones?
–¡Por supuesto que sí! Todos los casos los hemos estado analizando, hemos enviado al MOA –Mando Operativo Aéreo– toda la información complementaria y los informes de los mejores estudiosos disponibles. El MOA, en algunas ocasiones en los que la información que disponía era bastante confusa, ha incorporado, efectivamente, alguna de esas informaciones porque a su juicio han entendido que clarificaban las cosas.

Estas afirmaciones “esconden” algunos elementos de gran interés, puesto que certifican que el MOA, el organismo de Defensa encargado del tema OVNI, enviaba los expedientes al equipo de trabajo de Ballester Olmos cuando los informes sobre OVNIs todavía eran “materia reservada”. Tal cosa se hacía con objeto de que los casos fueran evaluados en busca de una explicación. Y sólo cuando el sector escéptico de la ufología proporcionaba la explicación –Venus, la Luna, errores ópticos…– se procedía a desclasificar los informes incluyendo esas valoraciones. Si ciertamente ocurrió así, se trataría, sin duda, de una irregularidad de calado que, lógicamente, nunca fue admitida por el Ejército del Aire porque este procedimiento debería haber sido notificado públicamente de acuerdo a las normas que rigen el proceso de desclasificación de cualquier documento secreto. Un problema que alcanzaba rango mayor puesto que dichas explicaciones no siempre se ajustaban a la realidad. Y es que en no pocas ocasiones se eliminaron informaciones que las invalidaban o bien se “insertaron” documentos apócrifos para sostenerlas.

El caso de Bardenas Reales

Es por ello que, en ese momento de la conversación, decidí citar una caso concreto ocurrido el 2 de enero de 1975 en el Polígono de tiro de las Bardenas Reales (Navarra), cuando varios soldados observaron un objeto en forma de “taza” que rodeó la torre de control de la base. A los pocos días, el fenómeno volvió a repetirse. En esa ocasión, el “no identificado” tomó tierra dentro de las instalaciones y dejó un círculo quemado en el terreno. El expediente de dicho caso formó parte de la “primera desclasificación” de 1976 y, desde entonces, el equipo de Ballester Olmos sostuvo que se trató de un error de percepción, ya que el halo de la Luna habría provocado el incidente. Y esta explicación es la que el sector escéptico de la ufología española habría remitido al Ejército del Aire, que cuando dio a conocer el expediente en 1994 hizo suya la versión de la Luna. Respecto a este caso, le formulé la siguiente cuestión:
  • El autor de la investigación oficial, con quien pude conversar y que fue quien entrevistó a los testigos, firmó en su expediente que aquello que vieron los soldados de Bardenas Reales era un artefacto desconocido. Sin embargo, tú propones al Ejército que aquello se trataba de la Luna –explicación ofrecida por el MOA al revelar el documento oficial–.
  • No, hombre, no. No me imaginaba de ti un lapsus de esa categoría.

“Explícame el lapsus”, respondí tras las palabras de Ballester, en una maniobra destinada al desconcierto, puesto que publicó dicha teoría en Enciclopedia de encuentros cercanos con OVNIs (Plaza & Janes, 1988).
  • El lapsus consiste en que yo no solamente no he propuesto lo de la Luna, que lo propuso un militar absolutamente equivocado, sino que éste es uno de los casos que a mí más me gusta y que yo mantengo que puede ser un OVNI.

Según explicó Ballester Olmos durante la entrevista, cuando en la desclasificación de los años noventa se dio a conocer el expediente, descubre que “de Luna, nada”. Según señaló en Onda Cero, con la información oficial a la que se había tenido acceso hasta ese momento la conclusión era que el fenómeno había sido provocado por la Luna. Sólo cuando aparecieron “los testimonios completos de los observadores” decidió echarse atrás. Sin embargo, el investigador valenciano ocultó a los oyentes parte de la verdad, porque el expediente de este caso, dado a conocer en 1976, incluía los mismos documentos que el liberado en 1994, a excepción de un informe elaborado días después del suceso por el general jefe de la III Región Aérea, Franco Iribarne Garay, en el cual atribuye a la Luna el suceso. ¿A qué nuevas informaciones se refería Ballester cuando éstas no existían? ¿Cuál es, por tanto, la verdadera causa de la rectificación de este colaborador del Ejército del Aire? ¿Por qué ahora admite que sí fue un OVNI?
Lo cierto es que desde 1996, servidor ha publicado una serie de informaciones astronómicas en las cuales se invalidaba la tesis oficial y datos que apuntan a que ese documento firmado por Franco Iribarne Garay fue en realidad elaborado muchos años después de la fecha en la que aparece firmado y cuando este militar ya había fallecido –así lo demostraba el análisis de la tipografía del documento, elaborado con una tecnología que no existía en 1975– e introducido en el expediente original para sustentar la tesis de la Luna. ¿Fue la gravedad de este descubrimiento la causa de la rectificación de Ballester Olmos?
Han pasado diez años desde que el Ejército del Aire dio por concluido el proceso de desclasificación. Desde entonces, el silencio de las autoridades sobre los nuevos expedientes que se custodian como secreto es absoluto. Y no sólo eso, sino que los indicios apuntan a que fue el propio Ejército del Aire quien eligió a Ballester Olmos para convertirse en el enlace entre las autoridades y la sociedad con objeto de dar al proceso una orientación determinada.
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