Última actualización 01/01/2007@00:00:00 GMT+1
Pocas veces se ha reconocido su uso, pero el ocultismo, el mundo del misterio y la creencia en lo paranormal han servido como herramientas para que diferentes servicios secretos ejecutasen misiones arriesgadas. La efectividad conseguida ha provocado la publicación de manuales recomendando su uso e incluso la incorporación de psíquicos al organigrama de importantes agencias de espionaje. Pero hay más…
En 1919 los militares de la antigua Checoslovaquia llevaron a cabo un revolucionario experimento para la época. Influenciados por el ambiente esotérico que impregnaba Europa a comienzos de siglo, decidieron reclutar a personas con supuestas facultades extrasensoriales para descubrir la ubicación de minas en los campos de batalla, la situación del enemigo, el establecimiento de cañones… La tarea recayó sobre el servicio secreto checo y dio resultados tan optimistas que se publicó un manual titulado Clarividencia, hipnotismo y magnetismo al servicio de los militares.
Aunque los egipcios, los griegos o los romanos siglos antes ya hubieran incorporado sacerdotes y pitonisas a sus “equipos de gobierno” como asesores en los momentos clave, lo ocurrido en 1919 supuso el primer intento conocido de conjugar ocultismo y servicios secretos. Desde entonces han sido múltiples los episodios en los que las agencias de espionaje se han servido del ámbito de lo paranormal para llevar a cabo misiones espectaculares.
El propio Dalai Lama debe su vida a la trampa que le tendió la CIA para conseguir su salida del Tíbet.
En marzo de 1959 la situación de Tenzin Giatso, el Dalai Lama, era crítica. Las tropas chinas cercaban su palacio en el monasterio de Norbulingka. Hasta el momento había conseguido salvarse porque más de 50.000 personas, entre monjes y civiles, impedían con sus cuerpos que los soldados entrasen en el palacio y acabasen con el símbolo espiritual del Tíbet. Aún así, la situación empeoraba por momentos y parecía inevitable el derramamiento de sangre.
El Dalai Lama desoía los consejos de la CIA para abandonar el país y en esos instantes se encontraba entre el dilema de escapar, poniendo en peligro a sus seguidores, o entregarse, convirtiéndose en prisionero de China.
Como en otras ocasiones, decidió consultar el oráculo de Nechung. La respuesta que obtuviera sería la correcta. Y ante la pregunta de, “debo irme o quedarme”, el monje que ponía voz al oráculo contestó: “¡Vete, vete!”.
Inmediatamente el Dalai Lama organizó su huida y en la noche del 17 de marzo burló el cerco chino saliendo del país gracias a un grupo de guerrilleros.
Lo que Tenzin Giatso no supo hasta muchos años después es que aquel monje, llamado Lobsang Jigme, no habló por designio del oráculo, sino por consejo de la CIA. Sabedores de que el Dalai Lama optaría por esa vía, le convencieron para que diese una respuesta que posibilitara la escapada del máximo representante espiritual del país. Y así lo hizo.
Milagro en La Habana
Y es que los servicios secretos han convertido la religión en un arma poderosa con la que proteger gobiernos, como el tibetano, y también para intentar derrocarlos, como fue el caso del régimen cubano de Castro.
Tras el triunfo de la revolución en 1959, Cuba pasó a convertirse en el peor enemigo norteamericano, y su líder, en la representación del diablo. Bajo el mandato de Eisenhower se aprobó el uso de medidas clandestinas para cambiar el régimen de Castro por otro fiel a los Estados Unidos. Táctica que cobró más intensidad con Kennedy en el poder y la aprobación del “Plan Mangosta” ideado para conseguir la muerte de Castro y la sublevación del pueblo cubano. Nuevamente la religión cobró protagonismo porque entre los planes ideados por la CIA, al Pentágono y al Departamento de Estado, se encontraba el de proyectar una imagen holográfica de la Virgen María en la Bahía de la Habana. De esa forma, pensaba la inteligencia norteamericana, los habitantes de la isla creerían que se trataba de un mensaje divino abogando por el fin de Castro y el regreso del pueblo al catolicismo.
Nunca se sabrá si el plan hubiera surtido el efecto deseado porque, como tantos otros, fue desechado en el último momento, quizá porque el cristianismo en la isla no tenía el suficiente arraigo como para posibilitar su éxito. De hecho, la verdadera “religión” de los cubanos es aquella basada en la santería y en el poder de los orishas, los auténticos guías espirituales autóctonos.
Y también aquí se ha infiltrado el espionaje, en este caso el cubano. Muchos de los turistas que se acercan a la isla lo hacen atraídos por el exotismo de las ceremonias santeras. Las consultas de babalaos y santeros reciben diariamente a políticos, economistas, militares, empresarios… que aprovechan su estancia en Cuba para conocer algo sobre su futuro en el amor o en los negocios. Esta circunstancia fue aprovechada por el espionaje castrista para colocar en su nómina a varios santeros, ya que a través de las respuestas de los clientes se podían obtener datos muy importantes sobre las economías o los planes extranjeros para la isla.
Uno de los mejores profesores que tuvo Cuba en tácticas de espionaje fue el KGB soviético. Revolucionarios en muchas materias, principalmente se debe a los rusos el estudio de las facultades psíquicas para su posterior aplicación en el espionaje.
Recogieron el testigo de la Sociedad de Investigación Psíquica británica, que ya demostró a finales del siglo XIX la existencia de la percepción extrasensorial. Y es que ellos querían dar un paso más y los estudios comenzaron a desarrollarse en la década de los sesenta del pasado siglo, dentro de la Universidad de Moscú.
Se reunió a un grupo de psíquicos con los que se trabajó durante años para averiguar si serían capaces de observar instalaciones militares norteamericanas utilizando para ello el “poder” de sus propias mentes, si podrían influir telepáticamente en altos dirigentes políticos… Y los resultados fueron tan satisfactorios que en poco tiempo otras agencias como el MI5 o el Mossad inauguraron sus propios centros de investigación psíquica. Como anécdota puede decirse que muchos investigadores han incluido al paragnosta Uri Geller –como seguro sabrán– en la nómina del Mossad, el servicio secreto israelí.
El lado oscuro del espionaje
En Estados Unidos cobraron especial protagonismo los Laboratorios de Investigación Psicofísica en Nueva Jersey, inaugurados en 1971. Su máximo responsable se llamaba Charles Honorton, y antes de trasladarse a la Universidad de Edimburgo logró estimular el interés del gobierno norteamericano y de la CIA por su trabajo.
Lo que nadie sabía, a excepción de la CIA, es que ya desde 1953 varios científicos trabajaban en el campo de la mente con un único objetivo: controlar el comportamiento humano. El proyecto se llamaba MKUltra y estuvo operativo hasta 1963.
La idea partió del entonces director de la agencia, Allen Welsh Dulles. Conocedor de que los coreanos y soviéticos habían conseguido controlar la mente con el uso de drogas y técnicas de psiquiatría, vislumbró la posibilidad de crear el soldado o el espía perfecto: aquella persona que acatara una orden sin dilemas morales. Vamos, un robot.
Asesorado por un grupo de doctores dio luz verde al proyecto. Lo único que se necesitaba eran cobayas humanos y un equipo competente de médicos. El colectivo de profesionales se formó con antiguos nazis que ya habían realizado experimentos semejantes en campos como Dachau, y con doctores como Ewen Cameron, profesor en la McGill University de Montreal, y Sidney Gottlieb, director del Equipo de Servicios Técnicos de la CIA. El papel de cobaya le correspondió a los miles de soldados, que no supieron jamás el peligro al que estaban siendo expuestos.
A estos se les inyectaban drogas para averiguar su efecto en el cerebro, se les sometía a descargas continuas de electricidad y a técnicas de lavado de cerebro. Todo se acabó cuando el nuevo director de la CIA, John Earmen, tuvo conocimiento del proyecto y decidió cerrarlo. Fue entonces cuando se descubrió la verdadera naturaleza de MKUltra. Sus miembros también buscaban la creación de una máquina para leer el pensamiento, el empleo de implantes eléctricos en el cerebro para controlar a la persona…
Parece ser que estos experimentos lograron avances porque en 1967 se detuvo al puertorriqueño Luis Castillo en Filipinas. Se le acusaba de intentar matar al dictador Ferdinand Marcos y la Oficina Nacional de Investigación filipina le sometió a intensos exámenes médicos que certificaron el hecho de que a Castillo se le habían inducido hipnóticamente cuatro personalidades diferentes. La conexión con la CIA se vislumbraba claramente.
La pantalla OVNI
El carácter secreto de las operaciones de espionaje impide ver con claridad la participación en ellas de los servicios secretos. Tan sólo, quizá, vislumbrarla. Así ocurre en el campo ufológico. Lejos de la controversia que genera esta realidad, parece ya incuestionable afirmar que muchos de los casos OVNI han sido utilizados por el espionaje respectivo para ocultar proyectos propios.
La teoría más aplaudida es aquella que relata cómo los Estados Unidos se apropiaron, al término de la II Guerra Mundial, de muchos diseños aeronáuticos nazis entre los que se encontraban novedosos aviones de forma circular, muy semejantes a la imagen que todos conservamos del típico “platillo volante”. Ya en casa, los científicos e ingenieros norteamericanos habrían desarrollado los bocetos alemanes, y la visión de los aviones experimentales es lo que muchos testigos confundieron con posibles naves extraterrestres. Se trata de una teoría completamente lógica, y muy beneficiosa para los ejércitos y agencias de inteligencia que se escudarían en esa pantalla para ocultar sus ensayos militares. Como ejemplo, el “Proyecto escarabajo de plata”, aprobado por los norteamericanos a finales de los cuarenta y que contemplaba la construcción de una aeronave de combate que aterrizara y despegara verticalmente, con un diseño discoidal. Igual que el típico OVNI.
Pero aún hay más, la propia agencia de espionaje norteamericana publicó en 1997 un informe titulado El papel de la CIA en el estudio de los OVNIs entre 1947 y 1990, en el que reconoció haber ocultado a la opinión pública experimentos secretos tras este fenómeno.
¿Estarían Roswell o el Área 51 incluidos en esa estrategia? ¿Era cierta dicha afirmación, o como suele ocurrir en el mundo del espionaje se trataba tan sólo de una maniobra de intoxicación, de desvío de atención a otra realidad?
Si el mundo del misterio es ya de por sí enigmático, su conjunción con el ámbito del espionaje lo ha convertido en un acertijo difícil de resolver.