Última actualización 01/02/2007@00:00:00 GMT+1
OVNIs sobre aeropuertos, avistamientos protagonizados por pilotos, encuentros cercanos, naves triangulares de procedencia desconocida… El misterio de los “no identificados” vuelve a estar de actualidad tras más de una década de sequía informativa sobre el que fuera calificado como el mayor enigma del siglo XX.
Se trata de uno de los casos más espectaculares y enigmáticos de los últimos tiempos. El escenario no podía ser mejor. A fin de cuentas, el aeropuerto internacional O’Hare de Chicago (EEUU) es el segundo con más tráfico aéreo en el mundo. Uno de los cientos de aviones que debían partir de allí el pasado 7 de noviembre de 2006 era el que cubría el “vuelo 446” entre Chicago y Charlotte, que tenía previsto su embarque a través de la puerta C17, en donde los operarios y técnicos preparaban el avión Boeing 777 para que todo estuviera en orden antes de que los pasajeros accedieran al interior.
Eran exactamente las 16.30 horas cuando, casi al mismo tiempo, desde diferentes puntos de las pistas, al menos diez personas notificaron la presencia de un artefacto discoidal y de aspecto metálico sobre la vertical de la puerta C17. El enigmático artefacto apenas medía cuatro o cinco metros de diámetro y se encontraba completamente estático. Los testigos –entre quienes se encontraban el piloto y copiloto del avión, amén de decenas de operarios que trabajaban en las pistas– calcularon que el objeto estaba situado a unos 250 metros de altura, extremo que certificaron los responsables de meteorología del O’Hare que, gracias a sus equipos, sabían que la capa de nubes que cubría la terminal estaba a tan sólo 650 metros de altura.
Como no podía ser de otra forma, las alarmas se encendieron. En apenas unos segundos, los radaristas de la torre de control intentaron localizar en sus pantallas al intruso. Sin embargo, el OVNI no aparecía en las radares, pese a que los controladores tuvieron tiempo de observar el “platillo volante” gracias a unos prismáticos. Era invisible al radar…
Un disco plateado sobre el aeropuerto
Apenas dos minutos después sucedió algo increíble. El artefacto, que había permanecido inmóvil hasta ese momento, se catapultó hacia el cielo a gran velocidad, atravesando de inmediato la capa de nubes que cubría el aeropuerto. Según los testigos, el “no identificado” dejó un agujero en las nubes, “como si alguien hubiera disparado una bala hacia el cielo”, explicó uno de los observadores. “En esos momentos, conducía un vehículo que indicaba a un avión que acababa de aterrizar la ruta que debía seguir hacia la ‘Terminal C’ cuando aquel objeto se elevó verticalmente a gran velocidad, dejando un orificio en las nubes que permaneció abierto durante varios minutos”, narró un operario del aeropuerto en el programa Coast to Coast, un popular espacio radiofónico que se escucha a través de cientos de emisoras en todo el país. Sobra explicar que no existe ninguna aeronave conocida capaz de efectuar semejante maniobra de evasión tras una aceleración tan fulgurante…
Los OVNIs habían vuelto sobre el aeropuerto internacional O’Hare, en donde ya se habían producido sucesos enigmáticos entre abril y junio del año 2000, cuando hasta en 16 ocasiones se detectaron en radar objetos no identificados que parecían esperar a los aviones que aterrizaban y despegaban, pese a que en aquella ocasión nadie vio a los “no identificados”. Eso sí, la investigación oficial determinó que la señal captada por los radaristas era determinante, en el sentido de que revelaba la existencia de algo físico y real. En aquella ocasión, la FAA –Federal Aviation Administration, es decir, la Aviación Civil de EEUU– efectuó una investigación oficial para determinar el origen de aquellos objetos. Un portavoz de la agencia, Toni Milanaro, no tuvo más remedio que admitir los hechos, ya que se confirmó “el perfecto funcionamiento de los radares”. Es decir, aquellos artefactos que actuaban de modo inteligente eran invisibles al ojo humano. Pero –y de eso no había duda– estaban ahí. Ahora, la FAA ha tenido que volver a admitir la veracidad de un suceso que alteró la agitada rutina del aeropuerto el 7 de noviembre pasado.
EEUU: 2.500 avistamientos en 2006
El avistamiento OVNI de Chicago es sólo un botón de muestra de los muchos casos de estas características que se han producido en los últimos meses. Sólo en EEUU, el grupo de investigación NUFORC –National UFO Reporting Center– ha catalogado más de 2.500 avistamientos a lo largo del año 2006. Y es que después de varios años de sequía informativa respecto al que fue calificado como el mayor enigma del siglo XX, el número de encuentros con OVNIs se está incrementando en todo el mundo. ¿Estamos a las puertas de una nueva oleada de avistamientos? Algunos estudios estadísticos parecen confirmarlo (ver recuadro). Y no parece una cuestión de cantidad, sino de calidad. Porque bien cierto es, que desde que en 1996 se produjo la última oleada de avistamientos en todo el mundo, se han seguido produciendo observaciones de extrañas luces, pero escaseaban sucesos con características tan espectaculares y con testigos tan fiables como el de Chicago. Lo que faltaba eran “casos buenos”, es decir, lo que en ufología se denominan encuentros cercanos y sucesos que, por sus características, no dejan lugar a dudas sobre la naturaleza tecnológica y desconocida de los “no identificados”.
Apenas unas semanas antes del citado episodio se producía un evento más que espectacular. Ocurrió a no muchos kilómetros del aeropuerto internacional O’Hare, más exactamente en la localidad de Highland, en Illinois. El suceso ocurrió a las 4.50 horas de la madrugada del pasado 20 de octubre, cuando un matrimonio residente en un chalet –para evitar el descrédito tan habitual en este tipo de casos, sólo desean que se publiquen las iniciales de sus nombres, L. y M.– observó un espectacular artefacto triangular frente a la ventana de su dormitorio. Lo más llamativo es que el objeto descendió hasta situarse a 40 metros del suelo y sobrevoló la vivienda en completo silencio. Lógicamente, lo observaron sin ningún tipo de problema: se trataba de un objeto negruzco que emitía luz en su parte inferior a través de una serie de entre diez y quince “placas rectangulares” que cubrían la base del objeto, cuyos lados medían aproximadamente unos diez metros de longitud. Según declararon los testigos, la extraña “nave”, a la que pudieron contemplar durante unos cuatro minutos, se movía a tan sólo 30 km/h y desapareció después de que se exhibiera con total descaro frente a los testigos.
Sin embargo, la aventura de ambos testigos no acabó ahí. Y es que 40 minutos después, cuando el matrimonio salió al exterior de su chalet para efectuar algo de ejercicio antes de iniciar la nueva jornada laboral, observaron a diez kilómetros de Highland el mismo artefacto. En esta ocasión, se encontraba estático pero, apenas unos segundos después, efectuó un brusco movimiento hacia el norte desapareciendo a gran velocidad en la lejanía.
Ciertamente, desde finales de los años ochenta, los OVNIs descritos por los testigos ya no son los clásicos “platillos volantes”. Al menos, ese tipo de artefactos dejó de ser reportado por los testigos con la frecuencia de tiempos pasados. A partir de entonces, en algunas de las oleadas más significativas, los “OVNIs triangulares” fueron los que más veces describieron los testigos. En algunas corrientes de opinión ufológicas se consideró que dichos artefactos tenían esta forma debido a que así son algunos de los aviones espía más modernos. Sin embargo, sucesos como el ocurrido en Illinois escapa a cualquier tecnología desarrollada por estos aviones. La ausencia de ruido, el desplazamiento a tan baja altura y velocidad, quedarse estático… Ni siquiera las naves terrestres más desarrolladas son capaces de semejante despliegue de maniobras. Pero también en España se han producido sucesos recientes de estas características. Uno de estos casos tuvo lugar en Villanueva de la Serena (Badajoz) el 29 de septiembre de 2005, cuando un testigo observó a las 22.00 horas “un objeto triangular que pasó justo encima de mi, a muy baja altura, aproximadamente a unos 200 ó 250 metros”. Según nos explicó FJG, el objeto tenía “cuatro luces: una en cada vértice de color blanco amarillento y otra en el centro de color blanco”. Al igual que en el caso anterior, aquella masa negruzca volaba a muy baja velocidad…
Pero a raíz del caso de Illinois se produjeron otros episodios similares en Estados Unidos. Sólo durante el mes de noviembre, nuestros archivos recogen ¡400 casos! De ellos, casi un centenar responde a artefactos de estas características. Todos estos indicios sostienen la idea de que los OVNIs están de vuelta… Y sino que se lo digan a los testigos de Hutchinson, en Kansas (EEUU), que el 27 de octubre observaron un objeto, de grandes dimensiones, en forma de “V” y que surcaba el cielo a pocas decenas de metros de altura. Pero la oleada no quedó ahí, porque apenas 24 horas después, en el estado de Utah, un testigo avistó un objeto prácticamente idéntico. ¿Acaso el mismo? Y así, un día tras otro, las denuncias sobre la presencia en los cielos de estos artefctos se suceden sin solución de continuidad.
Pilotos y OVNIs
Otro de los casos que traemos hasta estas líneas ocurrió el 16 de noviembre de 2006 en Caracas (Venezuela). En esta ocasión, el “no identificado” se dejó ver sobre la misma ciudad. Así lo atestiguan varios testigos que pudieron avistarlo desde sus viviendas en la Avenida Urdaneta. Los sucesos ocurrieron hacia las 21.30 horas cuando un objeto triangular surcó el cielo de norte a sur en absoluto silencio. Uno de los testigos, Israel Urbaneja, explicó que el objeto “emitía luces de color azul, rojo y verde mientras se desplazaba en zig-zag”. Además, según explicó uno de los testigos, la presencia del OVNI coincidió con la sensación de mareos y nauseas que parecían provocados por la proximidad del artefacto volante desconocido. Efectos parecidos se registraron al paso de otro “no identificado” de similares características que fue avistado en Knik, Alaska (EEUU) el 10 de octubre. En esta ocasión, fueron los aparatos de radio los que sufrieron interferencias al mismo tiempo que varios testigos veían al artefacto a 300 metros sobre la vertical de esta localidad. En esta ocasión, el OVNI presentaba proporciones gigantescas: ¡150 metros!
Como antes señalábamos, los avistamientos que se están produciendo en los últimos tiempos presentan elementos que los hacen más interesantes de lo habitual. El caso del aeropuerto internacional O’Hare es uno de ellos, puesto que entre los testigos había personal especializado en aeronáutica: pilotos, mecánicos de avión, controladores aéreos… Sin embargo, no ha sido el único aeropuerto que ha sido sobrevolado por “no identificados” en los últimos meses. Podría citarse también el suceso ocurrido el 12 de abril de 2006 en el aeropuerto de Gatwick (Reino Unido). En esta ocasión, el artefacto era una poderosa luz que efectuaba todo tipo de movimientos. “Ningún avión ni nada conocido podría efectuar esas maniobras que, por supuesto, no encajaban con ningún fenómeno celeste común”, aseguró el observador en su informe al NUFORC. Y no era un don nadie quien lo afirmaba con tanta seguridad, sino un astrónomo.
Pero hay más casos de estas características. Uno de ellos está siendo objeto de una investigación oficial, y es que según las pocas informaciones que han trascendido, un objeto desconocido provocó que un avión de la compañía British Airways tuviera que efectuar el pasado 11 de octubre una maniobra de evasión debido a la peligrosa proximidad del “no identificado”. El avión, que había partido desde Florida con destino a Londres, acababa de despegar y se encontraba a cinco kilómetros de altura cuando ocurrió el incidente, que al igual que los anteriores ha sido confirmado por la FAA.
Pero México es el país que, en los últimos meses, ha reportado más episodios protagonizados por profesionales de la aviación. El primero de estos sucesos –documentado por el investigador Alfonso Salazar– ocurrió el 28 de agosto a las 21.45 horas, cuando toda la tripulación de un Boeing 737 que sobrevolaba la península del Yucatán observó una esfera de diferentes colores que se aproximó a mil metros del avión, al que “escoltó” durante varios minutos a más de tres kilómetros de altura. Además, las tripulaciones de otros tres aviones en vuelo que se encontraban en la misma zona confirmaron los hechos.
Sólo unos días después –el 16 de septiembre– el piloto de otro Boeing, el capitán Luis Guillermo Cruz, observó mientras sobrevolaba el Lago Toquesquitengo, en el estado de Morelos, un objeto de apariencia metálica y forma tubular a plena luz del día. Eran las 14.00 horas cuando el artefacto apareció frente a la cabina de su avión a unos dos kilómetros de distancia.
Pero de entre todos, el más espectacular de estos “encuentros aéreos” tuvo lugar el 28 de octubre. Los testigos fueron el piloto, el copiloto y el mecánico del “Vuelo 170”, que cubría la ruta entre México y Manzanillo. Los hechos ocurrieron –otra vez– a plena luz del día, justo cuando el Boeing 737-300 sobrevolaba Toluca a unos seis kilómetros de altura. Todo sucedió cuando, a gran velocidad, se aproximó “algo” extraño al avión. Se trataba, según el relato del mecánico de vuelo, de un objeto discoidal y de aspecto metálico. Medía aproximadamente cuatro metros de diámetro. Por su aspecto, era muy similar al que se situaría unos días después sobre el aeropuerto de Chicago y que narrábamos al comienzo de este reportaje. De acuerdo a la información obtenida por Alfonso Salazar, el “platillo volante” voló en paralelo al avión… ¡a sólo 20 metros de distancia! Y así permaneció durante dos minutos. Pasado ese tiempo, el OVNI ascendió y desapareció de la vista de los impresionados testigos. Ninguno de ellos, pese a atesorar miles de horas de vuelo a sus espaldas, había vivido antes una experiencia de estas características.
Como habrá comprobado el lector, estos sucesos que estamos relatando no son simples luces en el cielo. Se trata de avistamientos que nos obligan a cuestionarnos si hemos entrado en una época en la que retornan los OVNIs que antaño ocuparon tantas y tantas páginas en la prensa mundial y española, porque, como no podía ser de otra forma, también en España se han registrado nuevos casos. Uno de los que más testigos reportó ocurrió el 21 de noviembre en Taraconte –Tenerife– entre las 22.00 y las 23.30 horas. De acuerdo a la información recogida por investigadores como el colaborador de ENIGMAS José Gregorio González, decenas de testigos observaron grupos de esferas anaranjadas del tamaño de media Luna llena. Al parecer, dichos objetos parecían salir de interior del mar para efectuar una serie de movimientos extraños –incluso giros en ángulo recto– ante de sumergirse de nuevo en las aguas del norte de la isla. Además, de forma paralela a los avistamientos, se registraron problemas en las comunicaciones a través de la telefonía móvil y averías momentáneas en los electrodomésticos de las viviendas situadas cerca del lugar de observación. Pese a la inexistencia del ruido, algunas fuentes consideran que los OVNIs pudieron haber sido helicópteros que estaban preparando la visita del Rey a la isla, mientras que los efectos electromagnéticos registrados habrían sido causados por la inhibición de señales de radio provocada por las autoridades policiales como medida de seguridad.
Sólo un día después del suceso ocurrido en Tenerife, los OVNIs visitaban Andalucía a las 19.30 horas. Los hechos fueron relatados por Amador García, camionero de 52 años que se dirigía a Sevilla. En ese momento, se encontraba en las proximidades de la localidad de Gerena cuando su camión comenzó a fallar. Pronto descubriría que la causa no era una avería mecánica. “A mi derecha, había dos luces casi unidas, una de color naranja y la otra celeste. Estaban acompañando a mi camión”, aseguró el testigo, para quien, afortunadamente y apenas cuatro minutos después, las dos esferas de luz aceleraron, adelantaron al camión y ascendieron para, tras sortear las copas de los árboles, perderse a lo lejos. Sólo en ese instante el camión volvió a funcionar con normalidad. Apenas unos minutos después, llegó a Sevilla, pero el insólito encuentro cercano que vivió provocará que jamás olvide aquel trayecto.