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Última actualización 01/01/2006@00:00:00 GMT+1
John A. West me lo describió como uno de los últimos guardianes del antiguo conocimiento egipcio. Todavía más excepcional resultaba que este hombre hubiese explorado los túneles que hay bajo la Esfinge de Giza en la primera mitad del siglo XX, cuando trabajó para las misiones arqueológicas inglesas y norteamericanas de aquel periodo.
Tenía que hablar con él. Sabía que vivía en las proximidades de la llanura de Giza. Ayudado por mi amigo Said Hassan, con un poco de suerte, conseguimos dar con él poco después del atardecer. Un hombre anciano muy alto nos abrió la puerta, invitándonos a entrar en su humilde morada. Sus ojos, de un azul intenso y profundo, me impresionaron. Cada gesto suyo transmitía una vitalidad contagiosa.

Hakim, pues así prefiere que le llamen, se refiere a la antigua civilización egipcia como Khemet y a su tradición como khemita. Pero no es un egipcio corriente y, aunque es especialista en egiptología, no reniega de su tradición ni se identifica con los puntos de vista occidentales, que considera erróneos.

Adriano Forgione: Hakim, ¿qué es el antiguo conocimiento khemita?
Abdel Hakim: El nombre originario del valle del Nilo no es Egipto, sino Khemet y sus habitantes eran, por lo tanto, los khemitas. No hablo del Egipto como lo conocéis, sino de una cultura y del conocimiento de un tiempo en el que no estáis habituados a pensar. Mis antepasados tienen una larga historia; la tradición khemita de mis padres, es tan antigua que se pierde en la noche de los tiempos, muy anterior al nacimiento del Egipto que idealizáis. Mi cultura tiene por lo menos 50.000 años. El sistema social de mis antepasados khemitas era completamente distinto al actual. Su sociedad era de tipo matriarcal. Sólo al final de su historia, con la influencia del judaísmo, del cristianismo y del Islam, la sociedad egipcia se transformó gradualmente en patriarcal, pero en origen era exclusivamente matriarcal. Seguían el culto de la madre.

A.F.: ¿El culto de la Diosa madre?
A.H.: Exactamente, para mis antepasados no existía la palabra «Dios». Era un concepto no reconocido por su cultura y que se creó posteriormente. El término inglés para «Dios, God, es similar a good, que significa «bueno»... O sea: lo que no es Dios no es bueno. Pero eso no es cierto. La divinidad no es masculina ni femenina, contiene ambos aspectos. A este rasgo lo llamamos Neteru. De esta palabra se origina el término «natura». Porque para nosotros el hombre es parte de la naturaleza y la naturaleza está poblada por fuerzas que llamamos Neteru.

A.F.: ¿Entonces existe una tradición que desde el antiguo Egipto llega hasta hoy y que ha preservado el corpus esotérico en su totalidad?
A.H.: Sí. Yo soy uno de sus guardianes. Se trata de algo que se produce también en otras culturas. La palabra originaria no se ha perdido, a pesar de los milenios.

A.F.: Quisiera que retomásemos este asunto en breve. Me han dicho que usted conoce la entrada de los túneles de Giza y que ha estado allí, desde que era un niño.

A.H.: Nací en esta casa, que en cierto momento formaba parte de Giza y hoy está a dos pasos de la entrada a la llanura. Mi campo de juegos estaba aquí. En 1936 llegó un importante arqueólogo estadounidense, George Reisner, para efectuar excavaciones. Yo me sentí muy feliz porque era capaz de mostrarles dónde buscar y dónde excavar. Empecé entonces a trabajar en su grupo, pero mi edad no me permitía ganar mucho, sólo 2,5 piastras al día por trasladar la arena de las excavaciones. Además, caminaba y me arrastraba por todos los túneles posibles. El subsuelo de Giza es como un queso, con túneles por todas partes. Los veía hasta en sueños. Están entre los recuerdos más bellos que tengo de aquella época.

A.F.: ¿Qué ha visto en los túneles?
A.H.: Los túneles existían desde mucho antes de que se inventase la escritura. Por lo que sabemos, la escritura existe sólo desde el 6000 a. C. La Esfinge, según mis antepasados, tiene 50.000 años y se encuentra encima de unos de los túneles que he visitado. Las paredes no presentaban ninguna escritura, porque servían para el paso del agua que, en contacto con los rayos solares, suministraba la energía a los khemitas.

A.F.: Entonces usted afirma que los túneles son más antiguos que la civilización egipcia...

A.H.: No, los túneles son egipcios, pero son más antiguos que las construcciones visibles. Se remontan a una época en que los khemitas formaban una civilización que la egiptología considera mito. Nuestra historia se remonta a Wiser, al que ustedes llaman Osiris y que, aparte de sus componentes mitológicos, es el fundamento de nuestra tradición histórica. El periodo predinástico no es oscura prehistoria, sino algo real y las pirámides de Giza y la Esfinge son un testimonio de ello. Fíjese en la Cámara Subterránea en la Gran Pirámide: es una estructura más antigua que el monumento construido encima. Esa cámara era parte de un complejo de edad incalculable, pero los arqueólogos creen que se trata de una habitación sin acabar. En realidad, son ruinas antiguas, por los menos en lo que respecta a la Esfinge.

A.F.: ¿Esos túneles son obra del hombre?
A.H.: Los túneles fueron hechos por el hombre, aunque habría que preguntarse cómo y por qué, qué tipo de instrumentos se utilizaron para hacerlos, cuál fue la mente capaz de concebir tal maraña de corredores. La respuesta está en el agua. Esos túneles llevaban el agua del Nilo en un sistema complejo de producción energética, del que la Gran Pirámide era el terminal principal.

A.F.: Creo que conoce la mítica Sala de los Archivos debajo de la Esfinge...

A.H.: Sí, pero las leyendas la sitúan en un sitio al que no es posible acceder. De hecho, cuando atravesé de niño el túnel bajo la esfinge nunca llegué al punto donde debería hallarse la estancia, o sea debajo de la zarpa derecha de la estatua.

A.F.: Hoy hemos estado en la pirámide de Keops y...

A.H.: «(Me interrumpe riendo...) ¿La pirámide de Keops? Esto es lo que dice el doctor Hawass. Y si él quiere que esa sea la pirámide de Keops, entonces O.K ... Sin embargo, lo importante no es quién la construyó, sino con qué finalidad se construyó...

A.F.: Precisamente ésto quería preguntarle: ¿con qué objetivo se construyó? Usted habla de energías. Hoy estuve en la Gran Pirámide y en la Pirámide Roja de Dashur y realicé algunas vocalizaciones con Robert Bauval y algunos compañeros de viaje. Cuando emitíamos un sonido grave, la Pirámide Roja respondía con un sonido similar a un latido cardíaco. Fue emocionante. ¿Este efecto puede relacionarse con el motivo por el que fue construida?
A.H.: Si se observa el techo de las cámaras de la Pirámide Roja, se ve que es escalonado y esto está hecho a propósito para el sonido. También la estructura por encima de la Cámara del Rey, en la Gran Pirámide, tiene una función similar. Si además se mira a la Gran Galería que lleva a la Cámara del Rey, se notará que la técnica del techo es idéntica a la de la Pirámide Roja y en el suelo hay parejas de agujeros regulares. Estos alojaban una especie de escalera de madera sobre la que había cuerdas fijadas para crear sonidos. El sonido generado por la pirámide servía para crear energía. En Dashur hay dos pirámides asociadas al faraón Snefru, palabra que en mi lengua khemita significa «doble armonía». Por lo tanto el nombre podría ser indicativo de las dos estructuras armónicas piramidales y no del lugar de sepultura del faraón. Las pirámides eran una especie de instrumento musical.

A.F.: Esa impresión que he tenido hoy: un enorme instrumento musical para actuar sobre nuestro cuerpo sutil...

A.H.: No exactamente. La pirámide permitía crear energía con microondas y radiofrecuencias que pudiesen ser utilizadas también en su exterior. Naturalmente, había aparatos tecnológicos dentro de la estructura, pero probablemente desparecieron ya en la época dinástica. ¿Ha oído hablar de Nikola Tesla? Es lo mismo. La pirámide es un instrumento para crear la energía que necesita la gente, como una central eléctrica suministra hoy energía.

A.F.: Es una visión diferente de la mía, pero interesante y se relaciona con lo que ha escrito el ingeniero aeroespacial Christopher Dunn en su libro Tecnologías del antiguo Egipto (Ed Urano. Barcelona, 2000).

A.H.: Observemos los grandes bloques de piedra que constituyen las pirámides. Si nos dirijimos a cualquier miembro de la comunidad científica y le preguntamos: ¿Cómo hacían para transportar estas masas enormes desde la cantera hasta la pirámide?, respondería que Herodoto cuenta que los egipcios trasladaban grandes volúmenes poniendo delante troncos de árbol y arrastrando las piedras en la dirección de los troncos para hacer que se deslicen por encima. Una explicación tan simple que hasta los niños pueden entenderla, pero que no es cierta. Si cogemos a los ingenieros más prestigiosos del mundo y les pedimos que construyan algo parecido a las pirámides, no podrán hacerlo, les será imposible. ¿Por qué? Porque mis antepasados empleaban de modo natural el concepto de implosión, no de explosión. El agua corriente y los rayos solares son fuentes de energía muy potentes. Obviamente, si intentase comunicar al mundo que soy capaz de mostrarles una forma de energía alternativa, sería duramente combatido por aquellos que obtienen ganancias económicas de la energía derivada de la explosión, porque su mercancía perdería todo valor. Por eso tenemos que actuar con astucia y enseñar a la gente que las soluciones están en la naturaleza. Conozco a Christopher Dunn, es amigo mío y la información la ha obtenido de mí. En el Museo del Cairo hay un disco, descubierto en 1830 por un inglés que trabajaba aquí. Fue descubieto en una tumba de la I dinastía, algo muy antiguo que estaba ya presente en los albores de la historia dinástica. El arqueólogo que lo descubrió no consiguió saber para qué servía; es un objeto circular. Se trata de uno entre tantos discos que utilizaban mis antepasados para mover objetos pesados gracias a la vibración del sonido. Cuando se hace girar el disco, emite un zumbido particular. Naturalmente no basta con uno solo. Se ha hallado uno, pero hay muchos otros. A los arqueólogos les interesan sólo las máscaras de oro, como la de Tutankamon. He hablado de estas cosas con Christopher Dunn, le he enseñado el disco del Museo, le he explicado cómo funciona y él escribió su libro.

A.F.: Si el disco funciona con el sonido como afirma usted, estamos hablando de tecnología desconocida y desaparecida...

A.H.: No es cierto. Esta tecnología es conocida y fue redescubierta, pero hoy es mantenida en secreto por aquellos a quienes les interesa que esta nueva tecnología no se difunda, para que no se esfumen sus ganancias. El planeta se divide en dos partes, una mitad da y la otra toma. Quien toma no quiere perder sus ventajas. No se trata de principios, sino de negocios.

A.F.: Hace poco, hablando de Giza y Dashur, me ha hablado de las pirámides como estructuras más antiguas, fruto de la primera civilización khemita...

A.H.: El nombre «Pirámide» viene de los griegos que llamaban así a estos edificios. Mis antepasados la llamaban Per-Neter, donde Per significa «residencia» y Neter «divinidad». Es cierto que son más antiguas y no tienen nada que ver con un rey muerto o con su culto.Esto me ha sido transmitido, como también el hecho de que toda la zona que mis antepasados llamaban Bu-Wiser (llamado Busiris por los griegos) o «tierra de Osiris», es el lugar donde se concentraron los esfuerzos de los khemitas para aprovechar la energía del agua y del sol gracias a Per-Neter, las pirámides. Hoy está desierto, pero hace más de 10.000 años estas eran zonas bañadas por un Nilo vigoroso. Giza, Saqqara, Dashur, Abu Ruash, Zawyet el Aryan, Abu Sir, Abu Gruab, pertenecían a la civilización de Osiris, la antigua Bu-Wiser.

A.F.: ¿Y qué me dice del vocablo Mer? ¿Cuál es su significado, puesto que así se llamaba también a las pirámides?
A.H.: Es un nombre que se le daba a las pirámides, porque ellas recordaban al monte Meru, el monte originario de la creación a la que estaban asociadas las pirámides. Mer significa «amor». La pirámide es símbolo del fuego de la creación y, según mis antepasados, dicho fuego estaba asociado al amor. Se trata de una forma de amor divino, un fuego oculto que arde dentro de quien ve en la naturaleza a la divinidad. Este es su valor simbólico. Como le he explicado, el nombre principal de las pirámides era Per-Neter y cuando la primigenia civilización khemita estuvo en pleno esplendor, eran transformadores de energías naturales, vibracionales.

A.F.: Es también un nombre nobiliario, si no me equivoco...

A.H.: Es un nombre atribuido a las princesas, por ejemplo Meri-Amon, «la amada de Amon». Dicho nombre volvemos a encontrarlo en el cristianismo con la madre de Jesús, Miriam. El nombre Miriam, que deriva del nombre egipcio Meri-Amon. Para explicarle el significado del nombre Meri-Amon tengo que hablar de ciertos conceptos relativos a la religión solar khemita y a su relación con el individuo. El nombre del dios Amon es el quinto estadio del disco solar en el cielo. El sol en el cielo pasa a través de cinco estadios. El primero, el surgimiento del sol, se llamaba Kepher, el escarabajo, porque al ser un insecto hermafrodita no es ni macho ni hembra, como mis antiguos antepasados consideraban a los niños. El segundo estadio es llamado Ra, que en muchas culturas antiguas de África, Asia y Europa está asociado a la adolescencia. El tercer estadio es Un, que significa «sabio». El cuarto estadio se llamaba Aton. En África la letra «T» se pronuncia de manera dura, pero en medio oriente se suaviza y se convierte en «D», como en Adonai, el dios de los hebreos, que tiene la misma raíz de Aton y significa «sabio señor». Para explicar el nombre del quinto estadio, Amon, hay que decir que mis antepasados consideraban el cielo como a una mujer que da a luz el disco solar, el cual pasa a través de los cinco estadios para después, por la noche, ser engullido de nuevo por la mujer. En ese momento el sol se oculta y el nombre del quinto estadio, Amon, significa precisamente «escondido». Cuando el sol es engullido por la mujer, se sabe que está allí, pero se convierte en un Dios oculto. Este es el significado de Amon. Por lo tanto, Meri-Amon significa «Amada por el Dios oculto». El nombre Miriam viene de la cultura de mis antepasados, como también el concepto de «Mesías», que deriva de Misu, como en Ra-Misu, que después pasará a ser Ramsés.

A.F.: Hábleme de la antigua religión khemita...

A.H.: «Mis antepasados llamaban a la religión Din, «préstamo», porque la divinidad nos ha dado en préstamo nuestros talentos interiores y debemos devolverlos acrecentándolos, restituyéndolos potenciados a la muerte del cuerpo físico. Si el hombre no se diviniza a sí mismo, si no se esfuerza en seguir una vía que lo reúna con la divinidad, es como si estuviese muerto. Se comportaría como un agricultor que en vez de cultivar la tierra que se le ha prestado, prefiriera no hacer nada y dejar que se estropee. Pero antes o después la tierra tiene que ser devuelta y entonces juzgará nuestro comportamiento. Si la hemos hecho fructificar, incrementando la conciencia y la energía de nuestro cuerpo, entonces otro estadio se nos abrirá para ascender en la escala evolutiva de lo divino. De lo contrario, desapareceremos para siempre. El secreto de todo eso está en la Palabra de Poder, en el Verbo. La antigua religión khemita estaba fundada en el uso de la palabra y de la vibración. Ésta establecía las conexiones no sólo entre los hombres sino sobre todo entre éstos y los Neteru. Tales relaciones estaban garantizadas por la vibración del sonido emitido durante los ritos, porque la palabra de poder permitía someter a los Neteru a la voluntad del sacerdote.

A.F.: Entonces los Neteru no eran sólo figuras mitológicas, sino aspectos operantes y agentes en el hombre y en la naturaleza...

A.H.: El núcleo de todo se basaba en el Neteru, en la naturaleza. Todo viene de la naturaleza: lo que se siente, se ve, se recibe. Nada hay en nosotros que no hayamos recibido. El kepher, escarabajo, fue puesto en la tierra para enseñarnos un alegre renacimiento mediante los poderes metafísicos que nos han prestado al nacer, porque todo lo que necesitamos está allí. La vida está en la materia, igual que el escarabajo hace nacer vida del estiércol. La pregunta clave es: ¿Qué necesitamos? ¿Qué queremos? En realidad, no sabemos qué queremos porque estamos condicionados a desear el dinero y todo lo material. Pero es en el Espíritu, en el Ka, en el cuerpo espiritual incorruptible, donde reside la verdadera vida y ese está adormecido y sólo puede despertarse a través de la obra sobre la materia de la que estamos compuestos. Es necesario amarnos a nosotros mismos, no a los otros. Sólo amándonos a nosotros se comprende la esencia del Amor superior y se puede amar también a los otros. Estamos a finales de un ciclo. El Universo entero está basado en ciclos. El sol es circular, la Tierra es circular, el Universo es circular; por lo tanto, todo el sistema está basado en ciclos. Debemos vivir estos ciclos, para que todo quede claro. Su misión, como la mía, es la de llevar la luz a las mentes de la gente y hacerlos conscientes de ello.

A.F.: Me concede un rol que no creo poseer. Usted se refiere a algo que tenemos en nuestro interior, pero no sabemos cómo utilizar. Está hablando veladamente de alquimia...

A.H.: Bueno... La palabra «alquimia» es la forma griega de Al-Khemet, o sea Egipto. La alquimia es la antigua ciencia de esta tierra y tiene como objetivo reintegrar el hombre a la naturaleza ampliando sus sentidos. El conocimiento de los khemitas afirmaba que la capacidad sensorial humana se extiende más allá de los cinco sentidos conocidos. Se necesitan otros sentidos para poder ver más allá de los muros. Todo eso está en nosotros y puede conducir a un renacimiento. Los khemitas codificaron esta ciencia con símbolos, pero todos ligados al concepto de renacimiento. Volvamos al símbolo del escarabajo Kepher. Éste no es otra cosa que la forma del cráneo humano visto desde arriba. ¿Qué significa esto? Significa renacimiento en espíritu. La cabeza es la sede de los poderes para superar la materia, como también Kepher estaba asociado al renacimiento del sol. En la base del cráneo está la espina dorsal, el Djed de Osiris, donde se desarrollan los poderes del renacimiento. Si se observa el cráneo unido a la espina dorsal veremos un espermatozoide, símbolo de renacimiento.

A.F.: Entiendo lo que quiere decir. Desde el este vamos hacia el oeste, después volvemos de nuevo aquí. Porque renacemos, cambiamos de forma gracias a otra fuerza; se trata de un cambio de estado. ¿Tiene un mensaje para nuestros lectores sobre este periodo histórico? Estamos atravesando tiempos muy extraños...

A.H.: Que este es el momento de despertar.
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    3657 | Laura - 17/01/2009 @ 07:41:19 (GMT+1)
    Me gusta mucho su revista, en especial los artículos como estos que revelan cosas tan importantes para la humanidad. Me gustaría que volvieran a entrevistar a este señor, porque su platica fue realmente buena. Espero sigan haciendo tan buenos reportajes como estos.
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