Última actualización 01/05/2006@00:00:00 GMT+1
Desde que el hombre prehistórico comenzó a mirar hacia los cielos, de entre todas las “luminarias” que observaba, una llamó especialmente su atención: era Marte, el planeta prohibido…
Su tonalidad rojiza fue asociada a la sangre y motivó que los romanos lo identificaran como el dios de la guerra. Pero además, Marte, hijo de Juno y de Júpiter, rey de todos los dioses, era considerado como una de las deidades más importantes, pues pensaban que era padre del pueblo romano al serlo de Rómulo, el legendario fundador de Roma. Los nombres del día martes y del mes de marzo derivan del nombre de este dios.
Tuvieron que transcurrir muchos siglos para que, tras la invención del telescopio, los hombres volviéramos a fijarnos en él, esta vez no desde el punto de vista de la religión o la mitología, sino desde el interés de la ciencia. Las primeras observaciones con telescopio fueron realizadas por Galileo Galilei en marzo de 1610. Pero en aquel momento, Marte se encontraba próximo a su conjunción con el Sol, muy alejado de la Tierra, por lo que Galileo no consiguió observarlo al detalle.
Pocos años después, en 1666, Jean-Dominique Cassini vio marcas brillantes en los polos marcianos que crecían y disminuían de acuerdo con las estaciones del planeta.
Ya entonces, científicos y pensadores de la época se planteaban la posible existencia de vida inteligente en aquel lejano mundo. En 1802, el matemático alemán Karl Friedrich Gauss sugirió realizar una señal de inteligencia a los marcianos. En concreto, quiso hacer un triángulo gigantesco en las nieves de Siberia.
Pero fue a partir de 1877 cuando el misterio, con mayúsculas, comenzó a envolver al planeta rojo. En ese año el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli afirmó haber observado una serie de complejas líneas que se entrecruzaban en la superficie marciana. Schiaparelli las denominó canali, palabra que en italiano se refiere a canales o surcos, pero que al ser traducida al inglés, adquiere la connotación de algo artificial, algo no creado por la naturaleza.
Como fuere, otro astrónomo, el norteamericano Percival Lowell, fascinado por lo que Schiaparelli decía ver, fundó un observatorio en Arizona desde donde continuó con las observaciones. Lowell creyó descubrir toda una red de canales que, construidos por una avanzada civilización marciana, unían los casquetes polares con el ecuador al objeto de abastecer de agua esas desérticas regiones. La literatura hizo el resto. Novelas de ciencia ficción situaban en Marte agresivas civilizaciones que planeaban conquistar la Tierra.
Los canales de Lowell
Sin embargo, cuando comenzó la era espacial y el hombre envió naves a investigar de cerca el planeta rojo, se constató que en Marte no existía ninguna civilización. Aunque las imágenes que enviaron las primeras sondas mostraban algunos canales, estos se habían producido en el pasado remoto del planeta cuando el agua erosionaba su superficie. Y, desde luego, no eran visibles desde la Tierra con los telescopios que existían en tiempos de Lowell, por lo que, lo que Schiaparelli y él creyeron ver se supone que fue una mezcla de efectos ópticos y sugestión psicológica.
No obstante, cuando en 1976 la nave de la NASA Viking 1 tomaba fotos de la superficie marciana buscando un buen lugar para que su nave hermana, la Viking 2 amartizara, algo curioso sucedió. La Viking 1 obtuvo una fotografía que se hizo rápidamente famosa. Mostraba una formación de 1,5 km de ancho por 3 km de largo, que presentaba claramente el aspecto de una cara humana. Aunque los científicos de la NASA la explicaron como un curioso efecto de luces y sombras, la cara dio nuevamente pábulo a quienes esperaban encontrar en Marte signos de vida inteligente. Como consecuencia de esto, cuando en 1997 la NASA volvió a enviar nuevas sondas a Marte, consideró la zona donde se encontraba la cara, un área conocida como “Cidonia”, como lugar de investigación fotográfica preferente, por entender “que era de interés para los contribuyentes”. Entonces la nave Mars Global Surveyor el 5 de abril de 1998 volvió a tomar una fotografía de la cara. Con una resolución diez veces superior a la foto de la Viking 1, la nueva imagen y otra más tomada por la misma nave en 2001, zanjaban definitivamente el misterio. La cara de la Viking 1 era el resultado de la casual orografía del terreno unida a la baja resolución de la cámara fotográfica de la época. Según la NASA, si alguna vez hubo vida o la hay en la actualidad, es a nivel microbiano. Y es en esta dirección en la que trabajan las misiones espaciales a Marte.
¿No hay misterios en Marte?
Nada más lejos de la realidad. Es cuando menos curioso el enorme número de fracasos que se han producido en la historia de la exploración del planeta rojo, estadísticamente muy superior a los fracasos producidos al tratar de estudiar otros astros del Sistema Solar –véase cuadro adjunto–.
Por otro lado, el misterio de la cara, en mi opinión, aún no está totalmente resuelto. Consideremos que los propios científicos de la NASA y de la ESA –Agencia Espacial Europea– sugieren que existen evidencias de que Marte en un remoto pasado tuvo agua líquida. Ríos y océanos, en un clima posiblemente más cálido que el actual, con una atmósfera distinta, más densa. De haber existido una civilización hace cientos –o incluso miles de millones de años–, sus vestigios habrían sido prácticamente borrados por el tiempo. Cientos de millones de años de tormentas de polvo que afectan prácticamente a todo el planeta, diferencias de temperatura de muchas decenas de grados entre el día y la noche, entre una estación y otra, un continuo bombardeo meteorítico… nos hacen pensar en que las evidencias de su existencia deban ser claras. Lo sorprendente de la “cara marciana” no es que su orografía recuerde vagamente a un rostro humano; lo llamativo es la forma que presenta la meseta en la que se asienta. ¡Tiene el aspecto de una casi perfecta metopa! El hecho de que la zona de Cidonia en la que se halla fuese, hace cientos de millones de años, la costa de un océano, y de que en sus proximidades también se hayan fotografiado estructuras geológicas que recuerdan a pirámides, da que pensar.
Otra faceta de los misterios marcianos es la que se refiere a sucesos recogidos por las cámaras de las últimas misiones de la NASA, los vehículos de exploración marciana Opportunity y Spirit. Poco después de posarse sobre Marte en enero de 2004 –lo de posarse es un decir, pues el vehículo llegó a la superficie del planeta envuelto en una especie de bolsas inflables para amortiguar el impacto y se detuvo después de haber dado unos 30 rebotes–, la Opportunity desplegó sus paneles solares y se desplazó lentamente sobre la planicie marciana conocida como Meridiani Planum. Los ingenieros de la misión se encontraban analizando las fotografías enviadas por el robot cuando se dieron cuenta de que en una de ellas aparecía un pequeño objeto de 4 a 5 centímetros que parecía tener la forma de las orejas de un conejo. Algunos de estos ingenieros comentaron que podría tratarse de algún trozo de plástico de la propia nave, del paracaídas o de las bolsas inflables en las que rebotó al caer. Mientras los técnicos elucubraban qué podía ser, para complicar más las cosas, el objeto desapareció para ser localizado después a una distancia de unos 4 ó 5 metros de donde se encontraba la primera vez que se detectó. Aunque los técnicos indicaron que “el equipo piensa que esta pieza tan peculiar de material suave tiene que haber procedido de nuestro propio vehículo”, a este suceso se le conoce ya como “el misterio de Meridiani”.
Sin embargo, más asombrosa aún fue la noticia que apareció en los informativos televisados de casi todo el mundo a finales del mes de marzo de 2004. El vehículo de exploración Spirit ¡había fotografiado un OVNI cruzando el cielo de Marte! En un comunicado de prensa, el Jet Propulsion Laboratory de la NASA manifestó lo siguiente: “Al observar el cielo de Marte con el filtro verde de su cámara panorámica, el Spirit se ha encontrado con una sorpresa: un rastro en el cielo”. Se trataba de un extraño trazo en la atmósfera marciana que se cruzó en el objetivo de una de las cámaras del robot explorador. No cabe duda de la existencia real del intrigante desplazamiento a gran velocidad de un objeto luminoso, pero hasta el momento los científicos no logran dar una explicación definitiva a la causa de tan sorprendente suceso. Dado que el objeto parecía moverse describiendo un arco de 4 grados en 15 segundos, los técnicos de la NASA han descartado que se tratara de las sondas rusas Mars 2, Mars 3, Mars 5, o Phobos 2, y de las estadounidenses Mariner 9 y Viking 1. La única nave cuya posible trayectoria orbital podría coincidir en parte con la del objeto captado es la Viking 2, pero los técnicos de la NASA no están seguros de que eso sea lo fotografiado por la Spirit. En el caso de que se tratara de un meteorito, sería la primera vez en la historia que se observa uno desde otro planeta. Pero también sería sorprendente que un meteorito se iluminase al contactar con la atmósfera de Marte, tenue y carente de oxígeno.
Como hemos visto, alrededor de Marte siguen surgiendo nuevos enigmas. Hechos para los cuales ni los científicos tienen una explicación plausible.