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Hemeroteca :: Edición del 01/05/2006 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/05/2006@00:00:00 GMT+1
El sacerdote y teólogo José Antonio Fortea es uno de los exorcistas más reputados y célebres de España. Siempre rodeado de controversia, acaba de presentar el libro Manual de Inquisidores –La Esfera de los Libros, 2006–, un tratado del siglo XIV escrito por el inquisidor Nicolas Eymerich, que ha prologado y seleccionado, y del que además es traductor. Esto fue lo que contó para la revista ENIGMAS…
Nos reunimos con él en la parroquia de un pequeño pueblo del Corredor del Henares. Perteneciente al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares, en Madrid, Fortea compagina sus asuntos religiosos con el oficio de escritor. Además de su último trabajo editorial, es autor de tres tratados sobre demonología –Daemoniacum, Summa Daemoniaca y Exorcistica–, y una novela –Edipo vasco–. La figura de este sacerdote, de complexión fuerte y gran altura, no cuadra con la imagen que inspira su voz suave y pausada. Tiene apenas 37 años pero aparenta mayor edad, quizá porque combatir constantemente a las fuerzas de mal agota sobremanera. Su erudición es más que evidente, típica de un personaje que ha crecido rodeado de textos en latín, salmos e interpretaciones de la Biblia en el ambiente recogido de un monasterio.

Nos acomodamos junto a la capilla, vigilados por los querubines que decoran la estancia, impregnada de un intenso olor a incienso que brota de un botafumeiro.

Exorcistas, soldados de Dios
Nos interesaba saber cómo Fortea había encaminado sus pasos hacia el mundo eclesiástico hasta tomar los votos y ordenarse sacerdote. ¿Fue quizá algo que le llamó la atención desde la niñez? “Lo empecé a pensar hacia los quince o dieciséis años, no antes. Hasta entonces no era una persona religiosa ni había sentido la llamada de la fe”. Su interés por los temas paranormales tampoco era notable entonces: “Mucha gente de mi entorno, en el colegio, hacía espiritismo y siempre se sentía inquieta por todo lo relacionado con el más allá. A mí no me interesaba. Yo nunca participé ni me preocupaba aquello que los demás temían. Siempre digo que me he dedicado después a estas cosas –se refiere a los exorcismos– por pura obligación”, aseguró Fortea esbozando una tímida sonrisa. De las palabras de nuestro entrevistado se puede deducir que su “trabajo” es necesario para que el mal no se apodere del hombre, pero esta inquietud parece que es promovida también desde Roma. Hace apenas unos meses el nuevo pontífice, Benedicto XVI, elogió la labor de los exorcistas, comandados en la Ciudad Eterna por el padre Gabrielle Amorth, y desde el mismísimo Vaticano se ofreció un curso internacional –por videoconferencia– que pretendía adoctrinar a los teólogos sobre todo lo relacionado con la posesión y el ritual de exorcismo, cuyas reglas se encuentran contenidas en el Rituale Romanum, que data del año 1614. Debía existir alguna razón para que ante las altas instancias romanas el fenómeno exorcístico gozase actualmente de tanto reconocimiento cuando la Iglesia ha intentado, a lo largo de los siglos, oscurecer la figura del exorcista… “Bueno, en Occidente cada vez hay más brujería y un mayor número de personas que practican el ocultismo; en ese sentido, hay una proliferación de casos de posesión, aunque sigan siendo escasos.

Antiguamente casi no se daba ninguno. Hoy día hay fenómenos poltergeist y casos extraordinarios de un modo mucho más común de lo que la gente piensa. Hace cincuenta años en Europa si alguien era ateo era ateo, y si era religioso era religioso, no había más. Pero actualmente nos encontramos con una amplia proporción de personas que van a los santeros o a los videntes. No digo que antes no existieran brujos, o sobre todo brujas en lugares como Galicia, pero la proporción actual de personas que acuden a la ‘ayuda’ de estas personas, que han hecho de dichas creencias su trabajo a tiempo completo, es inmensa. Podemos estar hablando de decenas de miles de estos santeros…”.

Preguntamos al padre Fortea si todas estas prácticas que se alejan de la ortodoxia son las causantes de una presencia latente del mal… “No todo lo que se aleja de la ortodoxia –responde el religioso– es maléfico. Hay grupos cristianos que son heterodoxos y sin embargo son auténticos creyentes en Cristo y quieren seguir sus palabras. El problema surge cuando existe una adoración explícita del demonio. Eso es lo peor. Y, en un grado menos malo, cuando hay gente que por conseguir fines está entrando en contacto con el demonio aún sin saberlo, con el mundo de los espíritus… el camino de estas personas generalmente acaba mal”.

Instrucciones para un inquisidor
Una vez que habíamos desgranado parte de la forma de pensar de nuestro entrevistado y lo que para él es causa del mal en la sociedad actual, era obligado preguntarle sobre su nuevo trabajo, la traducción del texto Manual de Inquisidores –Directorium Inquisitorum–, escrito por el inquisidor Nicolas Eymerich en 1376. El libro alcanzó un gran reconocimiento en la época y se convirtió en el texto de cabecera de los inquisidores, siendo uno de los primeros textos impresos a partir de 1503, cuando Roma pretendía hacer frente al protestantismo. En él Eymerich mostraba una amplía codificación de las prácticas y las argumentaciones, tanto teológicas como ideológicas, que justificaban la existencia del aparato represor de la Iglesia: la Santa Inquisición. Teníamos curiosidad por saber qué interés tendría un libro sobre una temática tan específica y aparentemente ya obsoleta como éste, además de la razón por la que nuestro entrevistado se había decidido a prologarlo, seleccionarlo y traducirlo. “Bueno, fue un encargo de la editorial. Me pareció interesante realizar este proyecto debido a que hay demasiada gente que habla sobre la Inquisición basándose en fuentes poco fiables. Todos hablan de lo que han escuchado de otros… Traduciendo este manual les daba la oportunidad de leer un texto de la época, no una teoría de lo que es la Inquisición, sino la posibilidad de asomarse a un escrito en el que no hay ningún tipo de intermediación. Es lo que dijo en su momento, en la época, un inquisidor, y no cualquier tipo de inquisidor sino uno de los más importantes, explicando cómo hay que ejercer este oficio, texto que sería más tarde utilizado como manual durante muchísimo tiempo por otros inquisidores. En éste se explica cómo es un juicio, cómo hay que actuar con los testigos y proceder con las acusaciones… Eso era la Inquisición, lo que hace que se caigan por su propio peso multitud de artículos y libros sobre el tema que se han escrito sin un verdadero conocimiento del funcionamiento de la institución. Deberíamos empezar desde cero a estudiar al Santo Oficio, sin prejuicios, y nos daríamos cuenta cómo infinidad de cosas de la realidad no coinciden con la ficción promulgada a través de libros, artículos o películas. Además, la mayoría de estudiantes de historia no saben latín, y eso es un problema a la hora de investigar cómo fueron realmente los hechos, analizando los archivos y textos originales. El problema es que borrar los prejuicios no es fácil. Yo no defiendo la Inquisición, pues actuó equivocadamente en la mayoría de los casos, pero una cosa es señalar esto y otra que, como la Inquisición fue algo malo, todo vale”.
“¿Cree entonces que la institución realizó alguna función beneficiosa para la historia del hombre?”, preguntamos tras unos instantes de silencio. “No, pero una cosa es no aprobar lo que dicha institución representó –si hubiese nacido en la época hubiera sido una de las voces disidentes en su contra; lucharía para que desapareciera– y otra muy distinta es atribuir a la Inquisición actos que no siempre cometió, como hacen muchos historiadores, estudiosos, escritores o directores de cine”.

En defensa de la fe
El texto de Eymerich podríamos decir que fue uno de los que forjaron el preludio de los tristemente famosos “Martillos de Brujas”, textos que recogían normas teológicas y aplicaciones prácticas –entre ellas formas de tortura–, género literario que inauguraría el conocido como Malleus Maleficarum, escrito por los inquisidores alemanes Heinrich Krämer y Jacob Sprenger. Dichos escritos fueron en parte los causantes de una persecución implacable que pasó a la historia como “caza de brujas”. En definitiva textos que emanan un odio visceral y una intolerancia casi patológica, que se convirtieron, como el Manual de Eymerich, en libros de cabecera de muchos inquisidores. Sobre éstos el padre Fortea tiene una opinión muy diferente: “Estos textos no tienen ninguna culpa. Las grandes persecuciones a sangre y fuego se produjeron antes de la aparición de este libro. Con respecto a las persecuciones a las que te refieres, a la caza de brujas –que fueron posteriores–, se producen por masas de gente descontrolada que querían acabar con la brujería, generalmente en el ámbito germano, y que no leyeron nunca el texto; y por otro lado, buena parte de ellas se producen ya en el ámbito protestante, cuyos ‘inquisidores’ despreciaron totalmente este escrito que contenía una serie de garantías jurídicas y procedimientos judiciales que en ningún modo se van a dar ya en las zonas en las que triunfa el protestantismo, donde sí se acabará con la vida de muchas personas. El libro no fue en manera alguna causa de esto. De hecho, muchas veces las herejías que son perseguidas eran muchísimo más intolerantes que la Iglesia, y cuando consiguieron el poder lo dejaron claro también en muchas ocasiones. Grupos sectarios, heterodoxos, que eran de una rigurosidad inaceptable; es por ello que surge la Inquisición, cuando la autoridad civil no puede parar el avance de esta intolerancia: quemaban iglesias, saqueaban, mataban sacerdotes… y hacían un llamamiento a los Papas; lo cual no justifica el mal uso de ésta que vino después. De hecho, sin ninguna duda la persecución protestante en tierra alemana, suiza y holandesa fue mucho más sangrienta y terrible que la católica. El Cisma Anglicano por ejemplo provocó tantísimos miles de muertos que tendríamos que reunir a todos aquellos que fueron asesinados en Francia, España, Italia, Escocia, Gales, Portugal, Irlanda… en toda la época medieval y posterior, para llegar a una cifra aproximada de los muertos durante el reinado de Enrique VIII. La leyenda negra ha cargado la tinta contra nosotros…”.

En conclusión
Aclarado ya lo que a ojos de nuestro interlocutor es una falsación de la historia, le preguntamos, acercándonos ya al final de la entrevista, qué representaba para él la figura de Nicolas Eymerich. “No es una figura que se haga simpática; era un represor sin duda alguna. Personajes como él nunca deberían aparecer, aunque si he de decir algo bueno sobre este inquisidor diría que era un hombre de conciencia, no un sanguinario. Estaba convencido de que era preferible reprimir a un pequeño grupo de personas antes que soportar siglos de guerras civiles si las herejías llegaban a conformar ducados o condados independientes en pugna con las dinastías reales. Era un idealista y no tenía ningún afán por el dinero. Visiones como la que ofrecen películas como El nombre de la rosa no tienen nada que ver con la de este pobre dominico que, al igual que otros de sus compañeros inquisidores, usó muy poco la tortura y no llevaba consigo ningún instrumento para realizarla.

La Esfera de los Libros sigue la línea de publicar documentos históricos desde hace ya mucho tiempo, y ésta creo que fue la principal razón que les hizo pensar en publicar este texto. Todo el mundo habla de la Inquisición, ¡pues sabed por fin qué era la Inquisición y cómo funcionaba!”.

Con el frío invernal metido en nuestro cuerpo y el ambiente impregnado de incienso, nos despedimos del padre Fortea y abandonamos la pequeña parroquia, lugar sin duda protegido ante el siempre acechante demonio. Mañana ya se verá…

Óscar Herradón
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