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Última actualización 01/05/2006@00:00:00 GMT+1
Las grandes guerras han sido origen de múltiples historias insólitas e inexplicadas. Fantasmas, visiones, ángeles de la guarda, premoniciones. Pero hay más…
Es un dicho cierto que las guerras sacan lo peor y lo mejor de las personas. Pero además, las contiendas bélicas también son el origen de hechos extraños como apariciones fantasmales, premoniciones, visiones, milagros… Así ha sido desde los orígenes mismos del hombre. Basta con leer atentamente la Biblia para observar que, en muchas de las batallas descritas, sucedieron episodios enigmáticos que en su época fueron calificados como milagros, quizá por exacerbada religiosidad o porque no se pudo dar otra explicación a lo presenciado.
Un buen ejemplo es el caso de las murallas de Jericó, que tuvo lugar cuando después de vagar cuarenta años por el desierto, los israelitas comandados por Josué decidieron entrar en la citada ciudad, pero sus habitantes se negaron a abrir las puertas. Durante siete días, los seguidores de Josué caminaron en silencio alrededor de las murallas con el único sonido de los siete cuernos de carnero que tocaban sin cesar. Cuando se cumplimentaron siete vueltas alrededor del recinto, las murallas cayeron. ¿Cómo explicar este hecho? Algunos apuntan a que la historia es una simple metáfora de la voluntad perdida de los habitantes de Jericó; otros indican que fue un meteorito lo que derribó los muros y algunos siguen hablando de la intercesión divina.
Como el descrito, la Biblia recoge otros muchos episodios bélicos desconcertantes y de difícil explicación, pero sus páginas son un principio, porque a partir de ahí guerra y misterio irán íntimamente unidos.
Perdidos en el aire 28 de agosto de 1915. Los ejércitos turcos ocupaban un terreno elevado cerca de la bahía de Sulva, en donde combatía frente a ellos el Regimiento Británico de Norfolk, que recibió la peligrosa misión de atacar las posiciones enemigas. Sin pensarlo, cientos de hombres avanzaron hacia el frente atravesando un pequeño bosque. Soldados neozelandeses que observaron la maniobra afirmaron que, sobre los árboles, a muy escasa altura, flotaba una extraña nube con forma de “hogaza de pan”. Los soldados británicos penetraron en su interior… Nadie volvió a verlos nunca más.
Desde ese instante circuló la leyenda de que el Regimiento de Norfolk había sido poco menos que abducido por la nube, pero un reportaje de la cadena BBC a finales de la década de los noventa demostró que aquellos cientos de soldados fueron presa de una emboscada turca en el interior del bosque, y que los cuerpos de los guerreros quedaron sepultados por la arena y la maleza del lugar.
Pero no todas las desapariciones tienen una explicación tan tajante y terrenal. Así sucedió en 1924 durante la guerra que mantuvieron los árabes en la antigua Mesopotamia. Debido a sus intereses en la zona, el gobierno británico organizó constantes vuelos para controlar la situación. En uno de ellos, el 24 de julio, el teniente W. T. Day y el oficial piloto D. R. Stewart despegaron para llevar a cabo un vuelo de reconocimiento de cuatro horas de duración. No regresaron.
Desde la base se envió una patrulla de rescate que localizó el aparato al día siguiente. El avión no había sufrido desperfecto alguno: los depósitos de gasolina estaban llenos y el motor arrancó en cuanto se accionó el contacto. Sólo faltaban los dos ocupantes, cuyas huellas quedaron marcadas sobre el lugar al cual habían saltado desde el aeroplano. Siguiendo su rastro, se dedujo que los dos hombres anduvieron juntos por espacio de cuarenta metros, después se detuvieron y… nada más se supo. Las huellas se detenían en seco, como si los soldados se hubieran esfumado allí mismo.
Más extraño si cabe es el caso del soldado que apareció súbitamente en la plaza principal de la ciudad de México el 25 de octubre de 1593. El hombre, que vestía un uniforme diferente al de los soldados del lugar, fue rápidamente rodeado y obligado a entregar sus armas. Aún aturdido, sólo fue capaz de explicar que él era un soldado español destacado en Manila (Filipinas) y que el gobernador de ese territorio, entonces español, había sido asesinado la noche anterior. Finalmente, el soldado fue encarcelado para ser trasladado en un bergantín de regreso a Filipinas, donde se confirmó totalmente su relato.
Milagros en guerras
26 de agosto de 1914. El ejército británico se retira en desbandada ante el empuje de los soldados alemanes, que les superaban en una proporción de tres a uno. Y es que, justo antes, todo parecía perdido para los ingleses y más cuando una unidad de caballería del emperador Federido Guillermo les cortó la retirada en la localidad francesa de Mons. Pero el esperado final no se produjo, porque los caballos alemanes se asustaron por algo que veían en el cielo y que provocó la huida de la unidad de caballería, lo que facilitó a las tropas inglesas la posibilidad de salir de aquel lugar.
Mucho se debatió sobre lo ocurrido en Mons. El escritor Arthur Machen señaló que los soldados alemanes vieron un escuadrón de ángeles cerniéndose sobre sus cabezas, lo que “demostraba” que Dios estaba en aquella guerra del lado inglés. Tanto impacto causó esa explicación que muchos oficiales británicos corroboraron esas palabras, aunque posteriormente el propio Machen reconociera que todo había sido producto de su imaginación. A día de hoy aún se desconoce qué ocurrió realmente.
La intervención divina aparece también en informes de soldados que relataron haberse topado con entidades que salvaron sus vidas de forma milagrosa. En especial se habla del “camarada de blanco” o “el ayudante blanco”. Tradicionalmente, con ese nombre se hace referencia a la visión de una persona vestida de ese color que aparece repentinamente para salvar las vidas de soldados abocados a la muerte. Uno de esos testimonios lo proporcionó un oficial que en 1915 había quedado atrapado en un cráter. Herido en ambas piernas e incapaz de moverse, el hombre esperaba resignado el momento en el que una bala impactara sobre su cuerpo cuando, sin saber de dónde salió, una persona de blanco se interpuso entre él y los fusiles alemanes. Le recogió con sus brazos y al depositarle en suelo amigo desapareció para siempre.
No menos sorprendentes son las historias en las que parientes o amigos lejanos intervienen en momentos de peligro mortal para el protagonista. Eso fue lo que le sucedió a un cabo canadiense llamado Richard, que tras escaparse de un campo de concentración nazi consiguió alcanzar la frontera con Holanda después de una caminata de trescientos kilómetros. Según su relato, al final de su marcha una alambrada le enfrentó a dos posibles direcciones: una conducía a Holanda y la otra a Alemania. Cuando tomó el camino que creyó correcto sintió una voz que parecía la de su hermano. Le dijo que erraba en la elección. Obedeció y… acertó.
También la señora Ponwall, esposa de un oficial de Marina, sintió una voz que le advertía –y a la vez profetizaba– de la entrada de Turquía en la guerra, de la muerte de su esposo, de la pérdida de un submarino y de la explosión de la fábrica de municiones de Silvertown que ocasionaría decenas de muertos. Todos esos augurios se cumplieron con tanta exactitud que la Sociedad de Investigación Psíquica de Londres investigó el caso en profundidad.
Matanzas, fantasmas y visiones
En 1939, un avión de transporte militar despegó con trece hombres a bordo en un vuelo de rutina. Tres horas después del despegue, la torre de control recibía una llamada de socorro. Tras aquello, llegó el silencio. Al parecer, el dispositivo de búsqueda no se activó y el avión regresó a la base en un aterrizaje de emergencia. Cuando el personal de tierra subió al aparato no pudo menos que horrorizarse ante la visión de los cuerpos sin vida de doce miembros de la tripulación diseminados por el suelo del avión. El piloto, que agonizaba, moriría instantes después.
Dentro del aeroplano el olor a azufre lo inundaba todo, pero lo más sorprendente fue averiguar que los pilotos habían vaciado sus cargadores contra algo o alguien. Además de que en la parte exterior del avión se observaran importantes desperfectos, el personal de auxilio contrajo una extraña afección cutánea. Rápidamente, el velo del secreto militar “sepultó” el caso.
No menos extraños son los episodios protagonizados por el USS Kennison, un destructor de la clase de Wickes de la marina de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En 1942 patrullaba en busca de submarinos japoneses cerca del Golden Gate bajo una niebla tan espesa que sólo permitía la navegación con la ayuda del radar que, sin embargo, no captó a un navio de dos mástiles que rozó al destructor mostrando una cubierta vieja y vacía. Segundos después, ante la atónita mirada de toda la tripulación, aquel navío que parecía sacado de otro tiempo desapareció.
Al año siguiente, el Kennison patrullaba la costa de San Diego. La noche era clara y estrellada, lo que permitió a los vigías alertar de la proximidad de un carguero, pero de forma inexplicable el radar tampoco lo detectó, si bien el buque se acercaba tan peligrosamente al destructor que tuvo que darse la orden de evasión. Justo en ese instante, el carguero desapareció ante los asombrados marineros.
Claro que para fantasmas los que se observaron el 18 de diciembre de 1642 en la localidad inglesa de Warwickshire. Todo ocurrió después de que dos pastores del lugar escucharan entre la medianoche y la una de la madrugada el sonido de tambores distantes y el ruido de armas. Sorprendidos, se acercaron al lugar de donde procedían los sonidos. Allí aparecieron, ante ellos, caballos y soldados que mostraban sus estandartes, redoblaban los tambores y luchaban entre sí. Y es que dos meses atrás aquel lugar había sido testigo de la primera batalla dentro de la Guerra Civil de Inglaterra y todo parecía ser una reedición fantasmal de la refriega.
Tras tres horas de lucha, la “visión” se esfumó y los pastores corrieron asustados para avisar de lo acontecido. La batalla fantasmal se repitió en dos ocasiones más, durante las cuales pudieron ser observadas por otros muchos testigos hasta el punto de que el rey Carlos I fue puntualmente informado de toda la insólita historia.
El misterio continúa
¿Cómo pueden explicarse estos relatos tan documentados y variados? ¿Hay una respuesta común para todos ellos o se deben analizar por separado? Lo cierto es que aún estamos lejos de dar respuesta a tantos sucesos extraños ocurridos en períodos de guerra. Quizás el tiempo sea la clave y sólo tengamos que esperar a la aparición de nuevos datos para alcanzar las respuestas que nos faltan.
Así sucedió en 1957. Hasta entonces, el paradero de una unidad de artillería nazi había sido una incógnita y todo lo relacionado con la misma era un misterio. Y es que dicha unidad desapareció en la nada como años antes había ocurrido con los soldados de Norfolk. Pero en ese 1957, la verdad salió a la luz –o mejor dicho, a flote– después de que buceadores checoslovacos se sumergieran en el Lago del Diablo para buscar el cuerpo de una joven que se había caído de su barca. Los submarinistas encontraron el cadáver que buscaban, pero también se toparon con decenas de soldados vestidos con uniforme de combate… ¡Eran los miembros de la unidad de artillería nazi que se había perdido 15 años atrás! La gelidez de las aguas y su profundidad habían guardado intacto el misterio hasta entonces.
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Sucesos insólitos en las guerras
Últimos comentarios de los lectores (1)
4415 | felix - 21/07/2010 @ 05:00:43 (GMT+1)
Saludos, las historias están muy bien, algunas la había leído. LLegue hasta aquí buscando otra historia, a cerca de una niña que oró y las bombas que venían cayendo se convirtieron en palomas, si tienen alguna información sobre este caso me gustaría que la compartieran conmigo, y con los demás. Muchas gracias y felicidades por su página.
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